El futbolista belga, activo aún en la segunda división de su país, ha llevado una existencia marcada por excesos paralelos a su carrera deportiva.
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Radja Nainggolan protagoniza en la actualidad una suerte de segunda etapa: alejado del foco de la élite, pero todavía vinculado al fútbol y fiel a un estilo que nunca intentó disimular.
El excentrocampista belga, que destacó especialmente en la Roma, milita hoy en el Patro Eisden de la segunda división belga, al tiempo que participa en medios, podcasts y proyectos relacionados con el fútbol y el entretenimiento deportivo.
Desde ese rol más cercano al día a día, ha vuelto a generar controversia con una declaración que define con precisión su trayectoria: «Decían que si no bebía ni fumaba, podría jugar en el Real Madrid, pero sin mi estilo de vida no habría sido feliz ni rendiría como lo hice».
Nainggolan nunca ocultó que su carrera estuvo marcada por excesos y elecciones poco compatibles con el alto rendimiento deportivo.
En recientes entrevistas, rememoró cómo Luciano Spalletti llegó a dejarlo «encerrado» en Trigoria —la sede de entrenamiento del club— para evitar que saliese por la noche durante su etapa en la Roma, un intento desesperado por controlar a un futbolista tanto desbordado dentro como fuera del campo.
El propio Nainggolan reconoce que técnicos y directores deportivos le repetían que con una vida más disciplinada habría estado en los clubes más grandes del mundo; de esa experiencia surge su frase en la que menciona al Real Madrid como un destino que se le escapó entre humo y copas.
No obstante, su presente no refleja a un jugador arrepentido ni que reniegue de su pasado. En Bélgica continúa siendo una figura pública: interviene en podcasts, ofrece análisis sobre fútbol y es habitual en redes sociales, donde combina reflexiones sobre el juego con relatos sinceros de su infancia y errores.
Nainggolan celebra un gol con el AS Roma Reuters
Nainggolan relata nuevamente que creció en un entorno de precariedad, con una madre que trabajaba en varios empleos y vivió episodios de pequeños robos para poder alimentarse, una historia que explica parte de su relación intensa con la vida y el deporte.
Esa personalidad extrema también lo ha llevado a afrontar problemas legales. En los últimos años fue detenido por conducir en estado de ebriedad y, más recientemente, investigado en Bélgica en un caso relacionado con tráfico de drogas, un episodio que reforzó la imagen de un jugador siempre al límite.
Él sostiene que llegar tarde, beber o fumar no lo convierten en delincuente y defiende que muchos en el fútbol mantienen hábitos parecidos, aunque lo oculten del público; su diferencia, según su versión, es que nunca se ocultó.
En lo estrictamente futbolístico, Nainggolan asume que su estilo de vida le cerró puertas, pero sostiene que fue parte fundamental de la energía que le hizo distinto en el terreno de juego.
Continúa reivindicando al jugador que fue en la Serie A mientras persiste en los últimos años de su carrera profesional en categorías inferiores, acompañado por una narrativa de brutal honestidad que lo mantiene vigente en el debate futbolístico.
Su frase sobre el Real Madrid sintetiza esta contradicción: admite que, «sin fumar ni beber», hubiera tenido posibilidades de alcanzar la cima, pero también cree que renunciar a esa parte de sí mismo lo habría convertido en una persona menos feliz y, por ende, en un futbolista peor.

