El PSOE considera que el enfrentamiento con Trump representa un cambio significativo y que el rechazo a la guerra podría favorecer a Sánchez en las elecciones

Pedro Sánchez, este miércoles, a la salida del acto institucional por el 8-M, en Madrid.

Pedro Sánchez intenta revitalizar al PSOE enfrentándose con Donald Trump y promoviendo el ‘no a la guerra’, una táctica que ya le rindió frutos a Zapatero en 2003.

El presidente español ha transformado el conflicto internacional y las amenazas comerciales de Trump en una ocasión para activar al electorado progresista y reducir distancias con el PP.

El PSOE confía en sacar ventaja de la polarización con Trump y el rechazo a la intervención militar en Irán para retomar la iniciativa política y superar su desgaste interno.

Figuras como Macron y Von der Leyen han mostrado apoyo institucional a Sánchez tras las amenazas de Trump, y China también ha criticado las medidas arancelarias estadounidenses.

Del «Perro Sánchez» que fue clave en su resurrección política durante las generales de 2023, al «make Sánchez great again» de 2026. Pedro Sánchez vuelve a intentar transformarse, esta vez erigiéndose como la némesis de Donald Trump.

Cuando parecía que el «manual de resistencia» estaba a punto de quedar obsoleto, el presidente cree haber hallado en el «no a la guerra» un nuevo impulso. Es la misma consigna que fue útil para José Luis Rodríguez Zapatero en 2003.

En el PSOE consideran que el enfrentamiento con Trump representa un giro político y en las encuestas que podría incluso conducirles a la victoria electoral.

El choque con Estados Unidos, aunque le aleja de aliados occidentales, le otorga a Sánchez aquello que necesitaba hace meses: un enfrentamiento directo con Trump.

La situación cambió el pasado martes por la tarde, cuando el presidente estadounidense amenazó con «reducir el comercio con España» al calificarlo como «un socio terrible».

Desde entonces, Sánchez parece respirar un aire político renovado. El foco dejó de centrarse en su desgaste interno, que parecía acelerarse debido al ciclo electoral autonómico y los numerosos procesos judiciales que afectan al Gobierno.

Este miércoles, Sánchez reapareció a primera hora con un comunicado institucional defendiendo el «no a la guerra».

Además, más tarde ese mismo día, convirtió el acto institucional del 8-M, Día Internacional de la Mujer, en una manifestación con un claro tono pacifista, donde se corearon consignas contrarias a la intervención en Irán.

Por primera vez en varios meses, en las filas del PSOE se percibe un cierto entusiasmo.

En el partido consideran que han recuperado la iniciativa política y que, dado que el conflicto se prolongará, podrán reorganizarse, activar al electorado y acorralar al PP.

El espejo

No es la primera vez que Trump sirve para movilizar a un político opositor. En Canadá, tras la salida de Justin Trudeau, los conservadores dominaban con ventaja las encuestas.

Sin embargo, los ataques de Trump contra ese país generaron un cierre de filas en torno al Partido Liberal, que finalmente consiguió revertir la situación y mantenerse en el Gobierno bajo la dirección de Mark Carney.

Este precedente es seguido con atención en Moncloa y Ferraz. La hipótesis es clara: polarizar con Trump para unir a la izquierda.

El objetivo principal de Sánchez es activar a los cerca de dos millones de votantes progresistas que, desencantados, ahora se abstienen.

A esto se suma el avance de Vox y el estancamiento del PP. Los socialistas mantienen que están a sólo dos puntos de Alberto Núñez Feijóo y que podrían alcanzarlo pronto si logran movilizar a su electorado.

Por ello, la consigna del «no a la guerra» se ha repetido en redes sociales por ministros y altos cargos. También en el acto del 8-M, donde el público la coreó como en la gala de los Goya de 2003.

Aunque nada es casual: una feminista afirmó tras el evento que «venían preparados y organizados; no ha sido espontáneo». Todo ello en un salón donde estaban presentes hasta seis ministros y altos cargos de varios ministerios.

El propósito al recuperar este cántico es evocar la intervención militar del denominado «trío de las Azores» —Estados Unidos, Reino Unido y España— que en 2003 lanzó la ofensiva contra Bagdad para derrocar a Sadam Husein.

Sánchez no sólo busca confrontar a Trump, sino también recordar que el PP de Aznar apoyó aquella guerra.

La diferencia es que, ahora, España está más aislada, aunque el Gobierno lo niegue.

Países que en 2003 se opusieron a la guerra de Irak, como Francia o Alemania, ahora han anunciado su apoyo a la intervención contra el régimen de los ayatolás, especialmente tras la respuesta de Teherán, que ha elevado la tensión en Oriente Medio con ataques en Emiratos Árabes Unidos, Arabia Saudí y un país europeo como Chipre.

Desde el Ejecutivo argumentan que no respaldar a Estados Unidos es coherente con la tradición pacifista española y subrayan que las encuestas respaldan esta postura.

Recuerdan que, de forma constante, la opinión pública española se ha mostrado contraria a intervenciones militares en el exterior.

Foco internacional

Moncloa ya intentó activar esta vía después del verano, con su postura firme contra la ofensiva israelí en Gaza.

Sin embargo, la posterior negociación de un plan de paz desdibujó el intento de Sánchez de posicionarse como el principal contrapeso europeo a Trump y Benjamín Netanyahu.

Por el momento, el presidente ha logrado colocarse en el centro del debate internacional.

Tras los ataques verbales del mandatario estadounidense, varios líderes europeos como Emmanuel Macron y Ursula von der Leyen se pusieron en contacto con él para mostrar respaldo institucional frente a las amenazas comerciales.

También Pekín defendió el libre comercio y criticó la ofensiva arancelaria de Trump. No es un detalle menor: Sánchez planea viajar a China en abril, una visita que ahora tiene mayor peso geopolítico.

La trayectoria de Sánchez ha evidenciado su habilidad para transformar la presión en oportunidad. La cuestión radica en si ahora un lema y un conflicto internacional serán suficientes para revertir una situación marcada por el desgaste gubernamental, escándalos de corrupción y el malestar social causado por la inflación y el alza del precio de la vivienda.

Scroll al inicio