Desde la embajada en el sultanato no proporcionan respuestas. Otros países como Grecia (que no cuenta con embajada en el país) e Italia ya han organizado la repatriación de sus ciudadanos.

El sábado pasado, cuando la lluvia de misiles empezó a trazar en el cielo de Teherán esa escritura agresiva, no solo se vio alterado el equilibrio geopolítico en Oriente Próximo, sino que la vida de miles de personas atrapadas a cientos de kilómetros de su hogar también se vio afectada. Desde entonces, españoles repartidos por la franja oriental del Mediterráneo comenzaron a denunciar la falta de respuestas por parte de las embajadas. Marina, Elena, Albert y Ana fueron algunos de los nombres que ilustran el abandono institucional. Con el paso de las horas, también empezó a hacerse evidente la incómoda comparación entre la gestión de otros gobiernos europeos y la aparente inacción española. «Hace apenas unos minutos nos llegó un mensaje que indica que habría un par de plazas disponibles para volar en el avión fletado por el Gobierno italiano«, contaba Berta a EL MUNDO, «el billete costaría unos 271 riales (607,44 euros), a pagar con tarjeta». Ella forma parte de las 150 españolas atrapadas en Omán, grupo que se incrementa con otros españoles, algunos llegados desde Dubái por vía terrestre, tras evadir numerosos controles en las carreteras.
Berta y su pareja salieron de Colombo (Sri Lanka) el sábado sin ninguna información sobre los ataques de Estados Unidos e Israel a Irán. Su destino final era Madrid, con una escala previa en Doha (Catar), pero a solamente 20 minutos de aterrizar en la capital catarí, el avión cambió de rumbo. «El comandante nos informó que debíamos regresar, porque el espacio aéreo estaba cerrado», relata Berta, «y que aterrizaríamos en el Aeropuerto Internacional de Mascate, en Omán». Al llegar a suelo omaní permanecieron unas cinco horas, «sin aire acondicionado», esperando el permiso de la torre de control para desembarcar. Según estiman estos dos españoles, alrededor de 25 aviones, desviados de sus destinos, se encontraban en la misma situación.
Durante estos tres días, han conocido la situación de otros europeos y, por lo tanto, las diferencias en la respuesta de los distintos Gobiernos ante la crisis. Así, desde el Ejecutivo griego —que no tiene embajada en este sultanato árabe, pero gestiona todo desde su sede en Riad— han logrado programar una salida para sus ciudadanos. «Supuestamente, deberían haber salido esta pasada noche», explica, «aunque les comunicaron que no se permiten vuelos nocturnos, por lo que esperan poder volar durante el día de hoy». Berta y su pareja entienden que la prioridad del Gobierno español en una crisis semejante sea repatriar a los que están en el epicentro del conflicto, en Irán, pero lo que les frustra es el silencio o, más concretamente, la casi total ausencia de información.
Españoles atrapados en Dubái y Doha: «Hemos visto explosiones, humo por todas partes, misiles…»
La insistencia de varios pasajeros permitió que ayer pudieran entrevistarse con el embajador de España en Omán, Francisco Javier de Istúriz Simonet. «Está actuando de buena fe, estamos seguros», dice Berta, «pero no puede darnos respuestas concretas, nos ha recomendado buscar vuelos por nuestra cuenta». En esa situación, los ciudadanos también enfrentan un mercado voraz que ha comprendido que toda crisis implica una oportunidad. La ley de la oferta y la demanda ha elevado los precios hasta niveles casi desproporcionados. «En algunos casos piden 1.800¤ por un billete a Estambul», relata, «unos españoles que se marcharon hoy pagaron un vuelo de 2.500¤ y otros, con suerte, encontraron un billete para el día 5 que les costó 1.780¤ a cada uno».
Comprar un billete en estas circunstancias no garantiza exactamente la partida. Se trata más bien de un acto de fe, debido a las constantes cancelaciones de vuelos. Compañías como Qatar Airways están asumiendo el alojamiento y la pensión completa de sus pasajeros, un gesto que adquiere un valor casi providencial. Sin embargo, aceptarlo implica una condición implícita: permanecer. Comprar un nuevo billete y realizar el check out del hotel es arriesgarse, porque si se cancela el vuelo, nadie asegura el regreso al hotel dejado atrás, ni la disponibilidad de un lugar donde hospedarse ante la incertidumbre.
A esa vulnerabilidad se suma otro problema más personal: la falta de ropa y objetos personales. Desde el sábado, muchos españoles permanecen sin sus maletas. Algunos han recurrido a centros comerciales para adquirir ropa de emergencia, una camiseta que no estaba contemplada en el presupuesto del viaje. De hecho, algunos llegaron a la reunión con Istúriz vistiendo albornoz y zapatillas del hotel, por necesidad. «Incluso, el embajador, ante esta situación [de pérdida de maletas], expresó que se podría ofrecer una cantidad pequeña de efectivo a quienes necesitaran comprar ropa», indica Berta. Hoy, al menos, han podido recuperar sus pertenencias gracias a la gestión del Gobierno omaní y con ello lograr cierta tranquilidad, especialmente los que tenían medicamentos en las maletas.
Al cierre de esta nota, las pocas plazas restantes para volar con los italianos repatriados ya fueron asignadas. Se dio prioridad a quienes padecen dolencias o enfermedades, pero aún quedan más de un centenar de españoles en el sultanato con muchos interrogantes: cuánto durará su situación, cómo saldrán del país y si recibirán asistencia efectiva de la embajada…

