Pedro Sánchez transformó el acto oficial del 8-M en una jornada dedicada a la paz, enfocando su intervención en el rechazo a la guerra en Oriente Medio.
La ministra de Igualdad, Ana Redondo, junto con el público presente, coreó el «no a la guerra», vinculando la violencia global con sus consecuencias para mujeres y niñas.
Sánchez condenó tanto al régimen iraní como los ataques perpetrados por Israel y EE.UU., defendiendo la diplomacia y la cooperación internacional en lugar del uso de la fuerza.
Además, el presidente alertó sobre el descenso del compromiso feminista entre la juventud y criticó la violencia digital y el acoso en redes sociales como nuevas manifestaciones de misoginia.
Este fue el primer acto oficial del 8-M, Día Internacional de las Mujeres que se conmemora este domingo, tras los casos de Paco Salazar y otros miembros del PSOE.
Parecía complicado despertar entusiasmo entre el público feminista del Museo del Prado, pero el Gobierno logró hacerlo al convertirlo en un evento orientado a la paz tras las amenazas comerciales de Donald Trump hacia España por no apoyar los ataques contra el régimen iraní.
La ministra de Igualdad, Ana Redondo, fue la primera en proclamar el «no a la guerra», frase que luego fue repetida con pasión por la audiencia, recordando la atmósfera de la gala de los Goya en 2003.
Sánchez eligió internacionalizar su discurso del 8-M, enfocándolo desde el inicio en la guerra en Oriente Medio.
«Si realmente apoyamos la libertad de las mujeres iraníes, la respuesta no puede ser más violencia, sino mayor diplomacia y respaldo internacional a quienes luchan internamente», expresó el presidente del Gobierno durante su intervención oficial.
Sánchez insistió en su rechazo tanto al régimen de los ayatolás como a los ataques de Israel y EE.UU. «Siempre hemos condenado y repudiado el régimen iraní, pero con igual firmeza también condenamos los ataques a escuelas que provocan miles de víctimas», concluyó.
El líder del Ejecutivo remarcó ante el público femenino que «las libertades de los pueblos nunca deben ser usadas como pretexto para bombardear otro país».
El marcado carácter internacional se reflejó desde el inicio, cuando la ministra de Igualdad comenzó su discurso alabando «los valores» de Sánchez «que nos dignifican».
Redondo lamentó que «la violencia engendra más violencia». «Especialmente para mujeres y niñas», a quienes identificó como principales víctimas en los conflictos armados.
La ministra también igualó la «violencia» real en las calles con el ejemplo de la tertuliana Sara Santaolalla, quien más tarde fue invitada al escenario para hablar sobre el «acoso en redes».
Ante la presencia del ministro de Transformación Digital, Óscar López, se reclamó una regulación de las redes sociales. «Haga lo que esté en sus manos», expresó una de las feministas.
Sánchez les aseguró que «vamos a trabajar en ello» y condenó «la violencia digital» manifestada en «trolls» o imágenes desnudas generadas mediante inteligencia artificial, atribuyéndolo al «descontrol en la revolución tecnológica».
«Este asunto no debería politizarse. El acoso digital es simplemente otra forma de la misoginia tradicional», enfatizó.
Ni Sánchez ni Redondo mencionaron los casos de acoso sexual ocurridos dentro del Gobierno o del partido.
El jefe del Ejecutivo expresó preocupación por las recientes encuestas que indican un descenso del sentimiento feminista entre la juventud, tanto hombres como mujeres.
«En cinco años, el porcentaje de jóvenes que se identifican como feministas ha bajado 12 puntos. Ignorar esto con cierta superioridad moral sería un error,» afirmó Sánchez, quien lamentó que «los sectores reaccionarios hayan logrado desprestigiar al movimiento».

