Las estrategias que se deben incluir para proteger la salud mental y fomentar relaciones saludables

El psicólogo Juan Gabriel Rescalvo alerta, a través de TikTok (@juanrescalvopsicologo), sobre una forma sutil de manipulación emocional que afecta a gran número de personas sin que estas lo lleguen a notar. “Es necesario aprender a distinguir cuándo uno tiene la culpa y cuándo está siendo manipulado”, enfatiza Rescalvo, quien insiste en la importancia de identificar los mecanismos que ocasionan dudas tras un conflicto.
“El ciclo inicia cuando alguien te maltrata y, inmediatamente después, minimiza o desacredita tu reacción. Esta conducta, más que un simple conflicto, es una táctica que puede provocar efectos profundos en la salud emocional. La víctima no solo experimenta el sufrimiento del maltrato, sino que también recibe el mensaje de que su respuesta es exagerada o inapropiada”, detalla Rescalvo.
Este conjunto genera un choque interno. Por un lado, la persona siente el daño real de la agresión; por otro, enfrenta la idea, sugerida por “el agresor”, de que su reacción es desproporcionada. Ante estas señales contradictorias, la mente busca la vía más sencilla: desconfiar de sí misma. Así, según el experto, la víctima comienza a creer que es demasiado sensible, que responde de manera inadecuada o incluso que el problema reside en su carácter.
El proceso de la manipulación emocional
De acuerdo con Juan Gabriel Rescalvo, esta clase de manipulación funciona porque genera confusión y autocrítica. Primero ocurre una acción que hiere, seguida por la invalidación de la emoción ajena. “Es como si el cerebro se dividiera, ya que por un lado se siente dolor, pero por el otro te dicen que estás exagerando”, explica el psicólogo.
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El efecto inmediato es una intensa tensión interna. Para mitigar ese malestar, muchas personas terminan culpándose por sentir dolor. De esta forma, la manipulación emocional consigue que la víctima acepte la explicación más sencilla: “Se empieza a pensar que eres demasiado sensible, que reaccionas erróneamente o que el problema está en tu carácter, pero no es así”, recalca Rescalvo. Este patrón, frecuentemente invisible para quien lo padece, puede repetirse en distintos tipos de relaciones y contextos.
El problema se profundiza porque, al cuestionar sus propias emociones, la persona deja de poner en duda la conducta del agresor. “Cuando alguien invalida tu emoción tras haberte herido, no intenta comprenderte, sino que busca que dejes de desafiar su comportamiento”, advierte el especialista. La manipulación no solo reside en el acto inicial, sino también en el intento de controlar la percepción y las reacciones de la otra persona.
Aprender a identificar la manipulación y cómo protegerse
Detectar estas dinámicas es fundamental para protegerse. Una señal evidente aparece cuando, tras manifestar dolor o enojo por una acción ajena, la respuesta que se recibe es que se está exagerando o actuando de forma dramática. Esta reacción no busca comprender ni reconciliar; su propósito es que la persona deje de cuestionar la conducta ajena y comience a dudar de sí misma.

Ante estas circunstancias, Juan Gabriel Rescalvo recomienda plantearse una pregunta crucial: “¿Quién gana con que dudes de ti mismo?” Este cuestionamiento sirve para detener el ciclo de la culpa y dirigir la atención hacia las verdaderas intenciones de quien niega el dolor ajeno. No se trata de rechazar toda autocrítica, sino de diferenciar cuándo una emoción es válida y cuándo está siendo desestimada con un fin manipulativo.
Distinguir entre la culpa genuina y la manipulación emocional resulta complejo, pero es esencial para preservar la salud mental y las relaciones equilibradas. El psicólogo concluye: “La próxima vez que alguien te acuse de exagerar luego de una ofensa, analiza si esa reacción busca tu bienestar o proteger el comportamiento de quien te lastimó”.

