Fernando Azor, psicólogo, explica que las emociones actuales dependen de la imagen mental del futuro que construimos

La ansiedad puede activarse incluso sin amenazas reales cuando la mente anticipa el futuro y reacciona ante escenarios imaginados

Fernando Azor, psicólogo, habla sobre

La ansiedad es uno de los principales motivos de consulta en el ámbito de la salud mental en la actualidad. Esta condición, presente en todas las etapas de la vida, se manifiesta a través de una inquietud constante que puede variar desde preocupaciones leves hasta episodios que incapacitan al individuo.

En sociedades donde la incertidumbre y la presión social son parte del día a día, comprender los procesos que desencadenan y mantienen la ansiedad es esencial tanto para los profesionales como para quienes la padecen.

Diversas disciplinas han analizado esta emoción, ubicándola en el centro de debates relacionados con el bienestar psicológico y la capacidad de adaptación al entorno. Los síntomas pueden ser físicos, como palpitaciones o dificultad para respirar, pero también incluyen pensamientos repetitivos y una sensación constante de alerta.

No se trata únicamente de una reacción ante estímulos externos, sino que muchas veces la ansiedad se genera en ausencia de amenazas reales, lo que ha impulsado a los expertos a investigar cómo la mente contribuye a la creación y mantenimiento de esta emoción.

La mente anticipa y desencadena emociones reales

Al analizar los mecanismos de la ansiedad, Fernando Azor, psicólogo, destaca la importancia crucial de la percepción: “lo que estás sintiendo ahora se deriva de cómo estás visualizando lo que va a venir”. Este planteo resalta el modo en que la mente proyecta el futuro, configurando emociones y reacciones incluso cuando no existen peligros concretos.

La explicación de Azor forma parte de una corriente psicológica que concibe la ansiedad no solo como una respuesta a hechos presentes, sino como una reacción a lo que la mente anticipa o imagina. Esta anticipación puede ser tan intensa que el cuerpo y la mente reaccionan ante escenarios futuros como si realmente estuvieran ocurriendo. Es por ello que la ansiedad puede surgir aunque no haya una amenaza detectable en el presente.

Mujer triste (Freepik)

Azor establece un paralelismo entre la empatía ante el sufrimiento ajeno y la anticipación de eventos imaginados. Explica que “al igual que respondemos a la emoción de alguien que está llorando, también reaccionamos a la visualización de lo que se avecina”, señalando un paralelismo directo entre los impulsos emocionales generados por la realidad y aquellos provocados por la imaginación.

Este concepto clarifica por qué el miedo o la preocupación pueden parecer exagerados en ciertas circunstancias: la mente reacciona a estímulos internos como si fueran tan reales como los externos. El cerebro humano, intentando protegerse, puede activar respuestas de alerta frente a simples pensamientos, evidenciando cómo la imaginación influye en los estados emocionales.

La percepción personal activa la respuesta ansiosa

El especialista enfatiza que la respuesta emocional es idéntica, independientemente de que exista o no una amenaza real. “Se podría decir que la persona no sobrevive a nada, porque no hay peligro real, pero en tanto ella lo perciba, esa será la respuesta”, afirma Azor, subrayando cómo la interpretación propia desencadena mecanismos de defensa psicológica al margen de los hechos objetivos.

Algunas actitudes que tenemos, pueden ser señales de lo que somos según los psicólogos

En este marco, la percepción individual adquiere un protagonismo central en la experiencia de la ansiedad. La forma en que cada persona interpreta las señales internas y externas puede provocar una reacción de alarma, aunque para otros no parezca justificada. Por esta razón, abordar la ansiedad implica trabajar no solo sobre los hechos, sino también sobre cómo son procesados y anticipados en la mente de cada individuo.

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