Junto a Gallardo, fue uno de los referentes regionales que mayor notoriedad alcanzó tras su paso por el gobierno autonómico. El ex vicepresidente de Murcia afirma que la dirección de Vox le presionó para que presentara su dimisión.

Que Vox sea un «partido nacional» es un argumento que utilizan repetidamente en las filas del partido. Sirve para justificar la implicación de la dirección nacional en todos los procesos autonómicos —incluidas las negociaciones con el PP— y, asimismo, para evitar el fortalecimiento de liderazgos regionales. La formación retrasa hasta el último momento la presentación de sus candidatos en elecciones autonómicas, dificultando que estos consigan proyección propia. Durante la campaña, la frecuente presencia de Santiago Abascal termina por opacar su visibilidad. Además, acorde con su rechazo al sistema autonómico, la estructura del partido no se organiza por comunidades, sino por provincias, lo que limita el control de quienes encabezan estas divisiones territoriales.
No obstante, tras el último ciclo electoral, este esquema sufrió un leve desequilibrio. El retroceso de Vox en las elecciones generales de julio de 2023 —en las que perdió 19 diputados— contrastó con el avance que el partido logró en las urnas dos meses antes, en los comicios autonómicos. Mientras Abascal perdía influencia en el Congreso, tres dirigentes regionales alcanzaron el mayor nivel de poder que Vox ha tenido hasta ahora: la vicepresidencia en un gobierno autonómico, uniéndose a Juan García-Gallardo, que ya había accedido a ese cargo un año antes en Castilla y León.
Esta situación propició que, en la reestructuración de su cúpula iniciada por Abascal en 2024, estos cuatro dirigentes fueran incorporados a la sede de la madrileña calle Bambú con una plaza como vocales en el máximo órgano de dirección del partido. Así, los territorios comenzaron a estar representados en Vox a nivel más alto.
Dos de estos perfiles sobresalieron especialmente, impulsados por los resultados inéditos que obtuvieron en las elecciones. El primero fue Gallardo, quien en 2022 alcanzó un 17,6% de apoyo —récord hasta entonces— y fue pionero en formar parte de un gobierno en representación de Vox. Sus más de dos años como vicepresidente autonómico le otorgaron considerable visibilidad pública, incrementada por su carácter combativo y las controversias surgidas en torno a su gestión —la más destacada, el protocolo para ofrecer a las mujeres que querían abortar la posibilidad de escuchar el latido fetal—.
En mayo de 2023, otro dirigente sustituyó a Gallardo con el nuevo mejor resultado histórico para Vox: José Ángel Antelo, líder del partido en Murcia, que consiguió un 17,7% de los votos. Este exjugador de baloncesto, captado por Javier Ortega Smith durante su etapa como secretario general de Vox, fue aumentando su visibilidad pública con el tiempo, en parte gracias a las políticas migratorias que la formación pudo implementar en Murcia en sus acuerdos con el PP.
Tanto Gallardo como Antelo aceptaron la premisa de que Vox es un «partido nacional» y acataron las decisiones tomadas en Bambú, incluida la que motivó su salida de los gobiernos autonómicos. Sin embargo, hoy ambos liderazgos regionales están paralizados. Gallardo renunció en febrero de 2025 alegando diferencias con la dirección, y Vox planea sustituir a Antelo en la presidencia del partido en Murcia.
La secretaria general adjunta de la formación, Montserrat Lluis, instó a Antelo a dimitir de su cargo el pasado miércoles, según relató el líder regional ayer. A cambio, le ofreció repetir como candidato en 2027 e incluso ocupar el puesto de portavoz nacional de deportes. Ante la negativa de Antelo a dimitir voluntariamente, los integrantes del Comité Ejecutivo Provincial de Vox en Murcia presentaron su dimisión para que la cúpula nacional «tome las riendas». «La decisión, como todo el mundo sabe, corresponde a Santiago Abascal», valoró, «lo demás es un relato ajeno a la realidad». «Es complicado de explicar, salvo que se trate, creo, de un patrón que se repite con el tiempo», reflexionó Antelo, insinuando que cuando «alguien gana algo de notoriedad» en Vox, «parece que eso perjudica al partido». Las críticas expresadas ayer sugieren que su liderazgo en Murcia también está siendo desmantelado.

