El palacio en ruinas del País Vasco con reputación de peligro extremo que se debe evitar: «Por favor, no acerquéis»

El desgaste evidente del edificio y las alertas por riesgo de desplome centran la atención en la seguridad de este inmueble histórico envuelto en misterio

Foto: Imagen del inmueble que hoy permanece en estado de abandono, en la provincia de Vizcaya. (euskadi.eus)
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El Palacio Hurtado de Amezaga, también llamado Palacio de las Brujas de Güeñes, ha pasado a ser uno de los lugares más demandados de Bizkaia después de su popularización en redes sociales. Su condición de ruina avanzada y el incremento de visitantes han generado preocupación por el peligro efectivo que implica aproximarse a este inmueble histórico.

Su silueta inconclusa, visible desde la carretera BI-3602 que une Güeñes con Zalla, se destaca en la colina como una fortaleza suspendida en el tiempo: muros de piedra expuestos, aberturas sin ventanas y vegetación que crece sobre la sillería. Durante años, este palacio maldito ha alimentado cuentos de superstición relacionados con su abrupta paralización en el siglo XVIII. Promovido por Baltasar Hurtado de Amezaga, marqués de Riscal, y diseñado por el arquitecto barroco Martín de Zaldua, el proyecto quedó detenido tras la muerte de su impulsor en 1720, dejando el edificio en un estado arquitectónico incierto que dio pie a su leyenda oscura.

Alertas por riesgo de desplome

El renovado interés por el Palacio de las Brujas de Güeñes se incrementó tras la publicación en Instagram de varios vídeos de la influencer Nahikari Núñez Urruela, quien narraba la historia y la supuesta maldición vinculada al edificio —la muerte consecutiva de los arquitectos que intentaron reanudar las obras—. La repercusión fue inmediata, multiplicándose las visitas a la colina donde se emplaza la construcción. Frente a esta situación, la propia creadora emitió una advertencia pública tras el contacto con la familia propietaria: «La familia del ‘Palacio de las Brujas’ se ha comunicado conmigo. Me han informado que muchas personas están yendo a visitarlo, pero por favor no lo hagan porque el edificio está en ruinas y representa un peligro».

A pesar del atractivo que despierta su leyenda, la realidad es contundente: se trata de una obra inacabada, deteriorada tras más de trescientos años sin mantenimiento y sin garantías de estabilidad. El acceso carece de acondicionamiento y vigilancia, por lo que acercarse implica afrontar un riesgo innecesario. «Pueden ir al monte cercano para verlo», recomendó la propia influencer tras la advertencia recibida de la familia propietaria. La recomendación es nítida: el misterio puede observarse desde lejos, mientras que atravesar sus muros convierte la curiosidad en imprudencia.

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