Agresión y acoso sexual contra una agente de Policía en su embajada en África: insultos y amenazas explícitas

Escrito de acusación contra los dos agresores.

Una miembro de la Policía Nacional fue víctima de acoso y agresión sexual perpetrados por su jefe y un colega en una embajada del continente africano.

Los sucesos incluyeron insultos, tocamientos y comentarios denigrantes, que fueron presenciados por varios compañeros y empeoraron entre 2023 y 2024.

La Fiscalía solicita penas de hasta 9 años y medio de cárcel para el jefe por agresión sexual, acoso laboral y lesiones, y 6 años para el otro agente implicado.

El caso, investigado por la Audiencia Nacional, ha sacado a la luz la grave problemática del acoso sexual dentro de la Policía Nacional.

La pesadilla de Susana en la Policía Nacional comenzó en octubre de 2022. Con apenas dos meses en el equipo de seguridad de una embajada en el norte de África, su jefe y un compañero la sometieron supuestamente a múltiples episodios de acoso y agresión sexual.

«Hija de puta, a cuatro patas, así te pongo yo«, le decía su superior, según lo recogido en la denuncia. Sin embargo, esto no fue lo peor que tuvo que soportar.

Los episodios de acoso hacia esta agente se intensificaron durante 2023 y 2024. La situación llegó a un punto en que sus compañeros, que presenciaron muchas de estas situaciones «vejatorias», le recomendaron denunciar los hechos.

Finalmente, la víctima decidió hacerlo. El caso se encuentra bajo investigación en el Juzgado Central de Instrucción número 4 de la Audiencia Nacional.

Según los documentos del caso, al que ha tenido acceso EL ESPAÑOL, el juez ya ha citado a las partes para el 24 de marzo a la audiencia preliminar, el paso previo a la apertura del juicio oral contra un subinspector y un policía acusados de acosar sexualmente a una subordinada.

La Fiscalía solicita para el subinspector, quien ejercía como jefe de seguridad de la embajada, penas de hasta 9 años y seis meses de prisión por agresión sexual, acoso laboral y lesiones. Para el otro agente, pide seis años de cárcel por lesiones y acoso laboral.

Las conclusiones provisionales del Ministerio Público son contundentes, describiendo un ambiente terrorífico, «insoportable», de hostigamiento y persecución hacia esta agente.

Este caso, sumado al escándalo provocado por la presunta agresión sexual cometida por el DAO José Ángel González, evidencia un problema grave sin solución aparente dentro de la Policía Nacional.

Relato de los hechos en el escrito de acusación.

Los integrantes del equipo al que pertenecía Susana (nombre ficticio utilizado para proteger su privacidad) realizaban reuniones frecuentes después del trabajo, sobre todo durante los fines de semana. Al principio, la agente comenzó a recibir comentarios groseros de dos compañeros.

A pesar de ello, tuvo que continuar asistiendo a estas reuniones sociales para mantener la cohesión del grupo. Posteriormente, el acoso se intensificó.

El fiscal y el escrito de acusación del abogado de la víctima, Marco Antonio Navarro (también representante legal de la asociación Jupol), relatan un incidente ocurrido a principios de 2023.

Era una tarde a las siete. Parte del equipo decidió salir a un bar desde el complejo comunitario donde trabajaban. Susana rechazó la invitación. Al día siguiente, ya había acordado planes.

Ansiedad y tensión

Al oír esto, uno de los presuntos acosadores le espetó: «¿Quién queda a esas horas un sábado? Si no has quedado para follar, vienes con nosotros. Es una orden, y si no, te haces pajas como todos en casa».

El 3 de febrero de 2023, la agente vivió uno de los episodios más severos, según consta en el escrito de la Fiscalía de la Audiencia Nacional.

Después de una comida de equipo, los policías comenzaron una partida de dardos. Fue en ese momento cuando uno de los acusados se aproximó a la víctima «empujándola y sujetándola».

Ella «intentaba liberarse de él, evitaba que la tocara o rozara, diciéndole en varias ocasiones que parara con su conducta». Sin embargo, no consiguió que cediera.

En lugar de acatar la petición, el jefe la sujetó con fuerza por detrás, «dejándola inmovilizada contra la pared, con los brazos pegados al cuerpo y su boca apoyada en el cuello, mientras su cuerpo estaba muy próximo al de la víctima».

La mujer pidió ayuda al otro acusado, que observaba la situación. Él le respondió: «Yo en abusos no me meto, vosotros ya sabréis».

Finalmente, Susana logró soltarse propinándole una patada hacia atrás.

El fiscal relata cómo la agente quedó «en shock, incapaz de reaccionar, experimentando angustia, ansiedad y malestar que la condujeron a adoptar una actitud pasiva».

El agresor volvió a acercarse cuando ella se sentó en una mesa apartada.

El jefe de seguridad se colocó frente a ella e introdujo los dedos en su boca, mientras le decía: «Cuando quieras te lo hago a ti… La pepitilla del coño se mete así o de otra forma… Que es fea pero con unos whiskys me la follo».

«Piojosa, márchate de aquí»

El 3 de marzo, un mes después, se dio otro grave episodio mientras estaba sentada en una cafetería con varios testigos. Los dos acusados también se sentaron junto a ella. Uno comentó que la noche anterior estuvieron en un prostíbulo.

Después de narrar la situación, le dijo a la víctima: «Cuando quieras te pongo a ti a cuatro patas y te veo las orejas, te hago una foto desde atrás, eso sí con tu móvil».

Al escuchar esto, Susana intentó salir, pero su agresor la sujetó por detrás, pegando su cuerpo al de ella, tal y como hizo el mes anterior. «Así te pongo yo», le espetó.

En ese momento, un miembro del equipo de seguridad intervino separando al agresor de la víctima. El jefe reaccionó con ira insultando tanto al compañero como a Susana: «Hija de puta, piojosa, márchate de aquí».

A partir de entonces, Susana comenzó a aislarse, evitando las comidas y no coincidiendo con los dos acusados. A pesar de ello, el acoso persistió.

La apodaban «rata, topo, chivata«. Incluso llegaron a enviarle una canción al grupo de WhatsApp del equipo titulada «rata de dos patas» cuando ella se negó a asistir a una comida colectiva.

El «asedio» continuó meses después, en mayo. Este episodio, presenciado por testigos, fue de tal magnitud que llevó a la elaboración de un informe de la Policía argelina enviado al consejero de Interior, Comisario del Cuerpo Nacional de Policía.

Como resultado de este incidente, la División de Cooperación Internacional ordenó la apertura de una investigación reservada.

Según el abogado de la víctima, no hubo novedades respecto a ese expediente de los acusados. Esta situación hizo que el acoso hacia la agente aumentara, incluso por motivos triviales.

Situaciones como «encontrar una luz encendida en el puesto donde ella trabajó el día anterior o que alguien olvidara una bolsa», fueron motivos suficientes para continuar con el hostigamiento y las humillaciones, según la Fiscalía.

Comenzaron a asignarle los lugares más incómodos con mayor frecuencia que a sus compañeros, además de separarla del trabajo en el edificio de la Embajada, argumentando que ella «solo intentaba establecer relaciones con personas indebidas».

En enero de 2024, Susana se encontró por casualidad con uno de los acusados en las escaleras del edificio donde habitaba todo el equipo de protección de la embajada.

El agresor se le acercó con los puños apretados y emitió sonidos guturales, provocándole un gran temor.

Finalmente, después de más de un año sufriendo esta pesadilla de acoso laboral y sexual, Susana decidió denunciar la situación ante sus superiores en España, utilizando los canales oficiales disponibles.

Ambos fueron cesados de sus cargos poco después por la Policía Nacional. El expediente abierto permanece a la espera de la resolución del proceso penal.

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