Tenaglia, figura destacada de las MMA, reveló su relación con la mafia albanesa y el patrocinio ligado a la marihuana: «Me apoyaron para pelear, lo afirmo con orgullo»

Franco Tenaglia, ante la cámara de EL ESPAÑOL EL ESPAÑOL conversa con el peleador argentino, residente en España, que debutará en la PFL el próximo 20 de marzo en Madrid.

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Durante años, la leyenda del deporte y el espectáculo ha repetido una historia similar con distintos protagonistas: grandes boxeadores -Jake LaMotta, Primo Carnera o Sonny Liston- a quienes la mafia posicionó en los combates adecuados, o cantantes como Frank Sinatra, cuya carrera inicial estuvo marcada por padrinos con apellidos italianos y asientos reservados en clubes de la costa Este.

El costo de ese impulso raramente se mostraba; sin embargo, existía: favores, silencios y vidas marcadas por personas capaces de abrir o cerrar puertas para siempre.

Franco Tenaglia (Burzaco, Argentina; 1996) encarna esa tradición distorsionada a su modo, con una biografía que combina pobreza, violencia de barrio, peleas clandestinas y trabajos fuera de la ley hasta admitir que, en Europa, financió sus propios campamentos de entrenamiento con dinero proveniente de la mafia.

Desde clubes de striptease en Gales hasta plantaciones vigiladas para albaneses, pasando por noches en mezquitas y un periodo de prisión preventiva en Frankfurt, su trayectoria hacia las MMA profesionales difiere de la de un prospecto típico de gimnasio acomodado.

Ese recorrido culmina ahora en Madrid, donde el argentino debutará en la PFL el próximo 20 de marzo, en el Palacio Vistalegre, dentro del primer gran evento de la organización en España, en una pelea de peso wélter que constituye un hecho histórico para las MMA en el país.

A menos de un mes para la apertura de la jaula, Tenaglia repasa su biografía en esta conversación con EL ESPAÑOL: de ‘Rey de la Calle‘ —su apodo— a el rostro de un cartel internacional que pretende llenar Vistalegre y consolidar a PFL en el calendario europeo.

–Tenemos un evento importante a la vista, pero no puedo dejar de preguntarte por tu vida. ¡Parece sacada de una película!

–Tendré que resumirla porque es larga.

–¡Hasta que me despachen!

Franco Tenaglia

Franco Tenaglia Diego Radamés EL ESPAÑOL

P.- Creciste en un barrio de Burzaco dominado por ultras del equipo local de fútbol y el ambiente era muy hostil para un niño. ¿Recuerdas algún episodio específico que te hiciera decir «de aquí tengo que salir»?

R.- La violencia se presentaba casi a diario, y la gente del barrio me amenazaba constantemente, diciéndome que iban a violar a mi mamá y a mi hermana. Me decían eso desde pequeño.

Un día, salí de la puerta de mi casa, agarré a uno de ellos y le sujeté la cabeza; fue la primera vez que sentí que perdí el control y percibí de lo que era capaz.

Comencé a golpear su cabeza contra la acera; era un niño un poco mayor que yo, pero en ese momento comprendí lo que significa el instinto de supervivencia, pues me sentía completamente acorralado, pensando: “Quieren violar a mi madre y a mi hermana”, ¿sabes?

«De niño, me amenazaban en el barrio con violar a mi mamá y a mi hermana. Una vez agarré a uno y le golpeé la cabeza contra la acera»

Eran cosas horribles. Eso despertó mi instinto y ahí comenzó toda mi relación con las peleas, para ser sincero, desde ese instante.

P.- Dejó el instituto a los 17 años porque entre entrenar boxeo y kickboxing por las tardes se quedaba dormido en clase.

R.- Sí.

P.- Y para reunir el dinero del viaje a Europa, te involucraste en actividades ilícitas en Argentina.

R.- Vendía marihuana.

P.- ¿Tu madre, que era profesora, sabía entonces de dónde sacabas el dinero o tratabas de ocultarlo?

R.- No, claro que no. A mi madre no le agradaba, pero tampoco escondí muchas cosas de ella, no voy a mentir.

Ella es una persona maravillosa y, bueno, si asumía las consecuencias, ya habíamos hablado eso. Pero intentaba ocultarlo lo más posible hasta que un día descubrió la verdad y le expliqué todo; entendió el porqué.

Franco Tenaglia, durante la entrevista con EL ESPAÑOL

Franco Tenaglia, durante la entrevista con EL ESPAÑOL Diego Radamés EL ESPAÑOL

P.- Llegaste a Europa con apenas 350 euros y terminaste peleando en clubes de striptease en Gales por 200-250 libras, contra hooligans mucho más grandes que tú. En el pasado dijiste que «te usaban como un perro de pelea» y que al lesionarte te arrebataron todo.

R.- Me destrocé el pie, me rompí una mano y me fracturé la mandíbula en una pelea.

P.- ¿Qué sucedió después? ¿Dónde dormiste aquella noche, por ejemplo?

R.- Perdí el combate y quedé destrozado. Como siempre tenía poco dinero, tras las lesiones no podía trabajar ni hacer nada, y el departamento que me pagaba uno de los patrocinadores lo retiró porque no podía pelear, así que tuve que mudarme a una mezquita.

Viví siete meses con musulmanes, durmiendo en una mezquita y alimentándome gracias a Omar, a quien le debo la vida, pues me daba comida todos los días en un comedor comunitario. Él me salvó de una situación muy difícil y, al mismo tiempo, conocí otra cultura. Fue un momento duro, pero también enriquecedor.

P.- En ese periodo, ¿qué fue lo más difícil: el hambre, el frío o la soledad de no poder contarle a nadie la realidad de tu situación?

R.- No, eso lo veía como circunstancias relativamente manejables, porque siempre pensaba en los libros de historia y en lo que ha vivido la humanidad. Antes cazábamos, vivíamos en cuevas, nos invadían, luchábamos por territorios.

Ahora lo que nos ocurre parece muy trivial comparado con eso. Tenía esa perspectiva. Pensaba: «¿Por qué debería quejarme de estar aquí? Quizás una vez al día, vivo con personas que no conozco en una mezquita, pero…»

«Antes el ser humano salía a cazar, vivía en cuevas y se mataba por territorio. ¿Por qué me iba a quejar yo?»

No lo veía como algo extremo. Quizás era una manera propia de defenderme para superar la situación. Además, hay mucha gente en peores condiciones y que ha pasado por situaciones mucho más duras que las mías.

Peleas clandestinas

Paralelamente a las peleas en clubes y locales marginales, Tenaglia terminó aceptando combates todavía más extremos en circuitos clandestinos donde casi todo estaba permitido.

Los escenarios eran naves industriales o descampados elegidos en último momento, con organizadores encapuchados y hombres armados vigilando cada movimiento, con peleadores vendados o sin saber con certeza dónde se encontraban.

Retrato de Franco Tenaglia

Retrato de Franco Tenaglia Diego Radamés EL ESPAÑOL

Allí, las peleas se realizaban sin ninguna garantía mínimamente sanitaria que ofrece un evento regulado: no había médico presente, las normas eran mínimas y se permitían acciones tan peligrosas como morder o atacar los ojos.

Tenaglia reconoce que en algún momento tuve claro que una mala decisión o un golpe fuera de tiempo podían dejarlo incapacitado en el suelo, pero también veía esos combates como una extensión lógica de su vida desde pequeño: otro entorno de supervivencia pura en el que nadie se preocuparía por su integridad.

P.- En Londres no podías entrenar y mantener un empleo convencional, lo que te llevó a vigilar plantaciones ilegales para la mafia albanesa. ¿Cómo fue la primera charla con ellos? ¿Te dijeron qué harías o simplemente te asignaron?

R.- No me explicaron nada. Tuve una muy buena relación con ellos. Soy una persona muy clara, transparente, creativa, trabajo bien y soy responsable.

Era una compañía ilegal entonces. Ahora, en varios países, como Tailandia, es totalmente legal fumar marihuana y tener plantaciones. Entonces, al final, era como trabajar para una empresa, claro.

Las conversaciones fueron fluidas. Me ofrecieron el trabajo, yo lo necesitaba porque no podía tener un empleo convencional y competir al nivel alto que buscaba.

«La mafia me patrocinó, y lo digo con orgullo. Se lo agradezco […] Moralmente algunos lo ven mal, pero es la realidad de muchos. Y a mí me gusta contar mi verdad»

Si tuviera un empleo tradicional, llegaría cansado, sin poder competir, y los rivales me superarían. Entonces busqué un trabajo que no me quitara tiempo y me permitiera ganar suficiente para financiar mis propios campamentos de entrenamiento. Eso hice.

La mafia me financió, lo digo con orgullo y gratitud, y también me autofinancié. No puedo negarlo: sin eso no llegaría donde estoy. Puede que moralmente para algunos sea cuestionable, pero es la realidad de muchos, y a mí me gusta contar la mía.

Un atropello y la prisión en Frankfurt

Con el tiempo, su entorno lo expuso a situaciones aún más duras que jaulas o sótanos para peleas.

Un atropello intencionado con una furgoneta, un secuestro a los 21 años para exigir explicaciones por un negocio fallido y un ataque con machete que le mostró hasta dónde había llegado su cercanía al límite.

Además de los golpes y las cicatrices, lo que más le afecta de esos episodios es la sensación de haber perdido el control; entender, por unos segundos, que su vida dependía enteramente de la voluntad ajena.

Las manos del peleador Franco Tenaglia, al detalle

Detalle de las manos de Franco Tenaglia Diego Radamés EL ESPAÑOL

Esa conciencia de que pudo haber desaparecido, lejos de su madre y familia, sin que nadie supiera realmente qué le había ocurrido, sigue presente cuando repasa todo lo que tuvo que vivir antes de llegar a una liga profesional.

Finalmente, terminó en una cárcel de Frankfurt, donde pasó siete meses en prisión preventiva por cuidar una casa relacionada con la mafia y actividades ilegales.

Paradójicamente, fue uno de los periodos en los que mejor se sintió físicamente: con horarios fijos, acceso a gimnasio y, por primera vez en mucho tiempo, la posibilidad de entrenar regularmente sin la preocupación del pago del alquiler o trabajos cuestionables.

No obstante, su verdadera transformación fue gradual, a partir de la rutina y el silencio en la celda. Allí comenzó a distanciarse de las plantaciones clandestinas, de las peleas sin reglas y de las compañías que lo habían apoyado y puesto en riesgo.

«Después de cada pelea llamo a mi madre, a quien me tuvo en su vientre durante nueve meses»

En ese encierro, más que discursos solemnes, le dominó un cansancio íntimo: la certeza de que, si quería que su historia terminara en grandes eventos y no en un informe policial, debía romper definitivamente con esa etapa.

P.- Decías que tu vida parece de Hollywood. Ahora que has fichado por PFL y debutas en Vistalegre el 20 de marzo, ¿es este el comienzo de esa película?

R.- Sí, porque eso sería justo cuando comienzo la carrera profesional. Sería bueno. Por eso lo haré de forma impactante.

P.- Te defines como un lobo solitario: viniste a Europa hace más de diez años por tu cuenta. Cuando salgas de la jaula en Madrid, ¿a quién llamarás primero y qué le dirás?

R.- ¿Para retarlo, dices?

P.- No. A la primera persona con la que querrías hablar y contarle.

R.- Como siempre, a mi madre, quien me llevó en su vientre nueve meses. A mi madre, a mi abuela, a mi familia. Siempre a ellas.

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