Pueblo medieval de Aragón con castillo y valle frondoso que merece tu visita antes de que termine el invierno

Entre valles silenciosos y murallas centenarias, este rincón aragonés muestra en invierno una imagen difícil de superar. Historia, naturaleza y arquitectura medieval se intregran en una escapada ideal antes del cambio de estación

Foto: El bonito pueblo de Aragón que tienes que descubrir antes de que acabe el invierno. (Diputación de Zaragoza)
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En el sur de la provincia de Zaragoza, escondido entre un valle frondoso y relieves formados por el agua, se encuentra un pueblo medieval de Aragón que en invierno adquiere una atmósfera tranquila y auténtica. Con castillo, iglesia románica y entornos naturales singulares, se presenta como una escapada fundamental antes de que finalice la estación fría.

Se trata de Anento, en el Campo de Romanos, un municipio ubicado a 919 metros de altura que no supera el centenar de habitantes y que se ha convertido en uno de los lugares con mayor encanto del interior aragonés. Su casco histórico conserva un trazado en cuesta, con casas de piedra, callejones estrechos y pequeñas plazas que refuerzan su identidad medieval. Tras rozar la despoblación en el siglo XX, la implicación de sus habitantes permitió revertir la situación. Actualmente forma parte de la red de los Pueblos más bonitos de España y es un referente del turismo rural en Zaragoza.

Patrimonio medieval entre castillo, iglesia y legado histórico

El núcleo monumental está formado por la Iglesia de San Blas, templo románico del siglo XIII que incluye añadidos góticos posteriores. En su interior destaca el gran retablo gótico de Blasco de Grañén, elaborado alrededor de 1420 y considerado uno de los conjuntos mejor conservados y más importantes de Aragón. Detrás del retablo se encontraron pinturas murales medievales que aumentan su valor artístico, mientras que el coro exhibe yeserías mudéjares y otros elementos que reflejan la evolución arquitectónica del edificio.

En la cima del cerro se conservan los restos del Castillo de Anento, documentado desde 1357, de los cuales todavía existen la muralla principal y torres gemelas, protagonistas en la resistencia contra los ataques castellanos del siglo XIV. Muy cerca se ubica el torreón celtíbero, un vestigio anterior a la Edad Media que confirma la importancia estratégica del lugar desde épocas remotas.

El entorno natural complementa la visita a Anento. El Aguallueve, manantial que emerge gota a gota por paredes de piedra cubiertas de musgo, crea un paisaje singular que en invierno puede modificarse con formaciones heladas. El sendero circular que lo rodea, accesible y apto para familias, permite recorrer un valle verde y húmedo que contrasta con otras zonas más secas del entorno. A pocos minutos se encuentra El Recuenco, una depresión de arcillas rojizas modelada por la lluvia, donde los tonos ocres se mezclan con la caliza y la vegetación, ofreciendo una imagen pausada y evocadora antes de que finalice el invierno.

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