La norma establecida por los padres para fomentar amabilidad e inteligencia en sus hijos, según una psicóloga

La especialista Chiara Galli ofrece las claves para establecer las bases de la inteligencia emocional y la empatía desde la infancia

Los consejos de la experta

La psicóloga Chiara Galli revela el fundamento común en familias donde los hijos sobresalen por su bondad, a través del medio italiano Fiorista Tullio e Cristina. Se trata de una regla simple, integrada en el día a día, que impacta profundamente en el desarrollo emocional e intelectual infantil. Galli afirma que “los padres no requieren métodos complejos ni técnicas avanzadas para que sus hijos sean buenas personas; el secreto está en fomentar la capacidad de comprender a los demás de modo activo y cotidiano”.

Lejos de dar prioridad a la competencia o la constante búsqueda de logros, la experta propone centrarse en la empatía activa. Esta regla no pretende que los niños sean los mejores siempre, sino que aprendan a ponerse en el lugar del otro, a reconocer y valorar las emociones de quienes les rodean. Según Galli, este cambio en la crianza familiar genera un efecto notable: al alejar el foco del rendimiento hacia las emociones ajenas, los niños transforman su forma de relacionarse y su aproximación al aprendizaje.

La especialista explica que este principio es en realidad “la base para formar adultos felices y competentes, capaces de desenvolverse exitosamente tanto en la vida personal como profesional”. La psicóloga subraya que la empatía no es solamente una muestra de cortesía, sino una herramienta efectiva de transformación cerebral y social, ya que influye en cómo los niños resuelven conflictos, establecen amistades y construyen pensamiento crítico.

Por qué la empatía transforma el desarrollo infantil

Galli señala que la empatía activa va mucho más allá de sentir lástima por alguien. Consiste en un esfuerzo consciente por entender las emociones y perspectivas ajenas, una práctica que se fortalece día a día en el entorno familiar. La diferencia principal respecto a la simpatía es la profundidad del vínculo: “mientras la simpatía se limita al deseo de aliviar, la empatía implica preguntar, escuchar y procurar ponerse en el lugar del otro, como cuando un niño indaga a un compañero cómo se siente luego de una caída”.

Algunas actitudes que tenemos, pueden ser señales de lo que somos según los psicólogos

Los beneficios de este aprendizaje superan el ámbito emocional. Según la psicóloga, cuando los padres animan a sus hijos a reflexionar sobre cómo sus actos afectan a los demás, se activan áreas específicas del cerebro, como la corteza prefrontal, vinculadas a la toma de decisiones y el autocontrol.

Cómo aplicar la regla de la empatía en casa

Para poner en práctica esta regla, Galli sugiere reemplazar las preguntas habituales por otras que promuevan la reflexión emocional y social. Al volver del colegio, en lugar de preguntar “¿Qué tal tu día?” o “¿Qué nota has sacado?”, los padres pueden abrir el diálogo con preguntas como “¿Hubo algún momento hoy en que te hayas sentido feliz?”, “¿Viste a alguien mostrar amabilidad con un compañero?” o “¿A quién ayudaste hoy?”. Este cambio desplaza el énfasis del rendimiento académico a la experiencia emocional, y comunica a los niños que la empatía tiene tanto valor como el éxito escolar.

La forma de practicar la

Los conflictos cotidianos, como discusiones entre hermanos, pueden convertirse en ocasiones para aprender. En vez de buscar culpables, Galli recomienda preguntar a cada niño cómo cree que se sintió el otro y qué podrían hacer para que ambos se sientan mejor. Esta dinámica enseña a superar la perspectiva egocéntrica y a valorar las emociones compartidas.

El ejemplo de los padres resulta crucial. Para Galli, “los padres son el primer libro que leen sus hijos”; mostrar empatía en el día a día es la herramienta más efectiva para sembrar bondad e inteligencia emocional que acompañará a los niños a lo largo de sus vidas.

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