La izquierda se moviliza para activar a sus seguidores, imitando al presidente ‘popular’ junto con el de Vox

La historia podría recordar a la de Shrek: el jefe del reino lanza un mensaje de temor contra un ogro verde que, no obstante, no logra arraigar y cuyo apoyo crece progresivamente. La Moncloa ha convertido en un mantra la llegada de Vox a los gobiernos e instituciones, en especial a España, como el lobo que viene, con la intención frecuente de incitar a sus partidarios y unir a sus aliados. Sin embargo, el tiempo y, sobre todo, los resultados electorales han venido anulando esta advertencia. Actualmente, mientras el PSOE reconoce la desmovilización de sus votantes y busca un motivo para motivarlos, y la izquierda más a la izquierda reflexiona sobre su futuro, el relato cambia. El documento «marco» que el PP propone para iniciar negociaciones con Vox reaviva esta estrategia del miedo. Ahora el adversario es un dragón bicéfalo: Feijóo y Abascal.
«Feijóo no ha acertado en su actitud frente a Vox. Debería haberse distanciado, pero ha caído en sus redes, y cuando eso sucede, la gente termina apoyando a Vox», es la valoración que hace el círculo cercano de Pedro Sánchez tras el inesperado movimiento del líder del PP de involucrarse en las negociaciones autonómicas. Los consultados ven paralelismos con lo ocurrido al PSOE con Podemos, incluyendo la amenaza de sorpasso, y la situación actual del PP con Vox.
«En Génova deben estar preocupados. Saben que han de afinar su estrategia para no favorecer el terreno que impulsa a Vox en detrimento suyo. Lo que tenemos claro es que están cometiendo errores», afirman desde el corazón del Ejecutivo.
En el «marco» del PP para negociar con Vox se incluyen propuestas como el «rechazo a las políticas climáticas que eliminan empleo», la condena de «todas» las formas de violencia, la máxima reducción impositiva y la disminución de «subsidios». Es relevante que el PP hable en plural de «violencias» y, al enumerarlas, mencione la violencia «doméstica» —término empleado por la formación de Abascal— además de la violencia «machista», que sí utiliza el PP.
Estos gestos destinados a facilitar el acuerdo han servido, al menos para los partidos de izquierda, como un incentivo para reactivarse y plantear nuevamente un escenario de confrontación entre dos bloques, imitando a Feijóo con Abascal y ajustando el mensaje: el temor no es ya a un gobierno conjunto del PP y Vox, sino al dominio absoluto de los populares, ya que no distinguen diferencias entre ambas formaciones.
Para Elma Saiz, portavoz del Gobierno, ese «marco» representa la «rendición del PP a Vox». «El PP ha pasado de blanquear a la ultraderecha a ser la ultraderecha», afirmó. La portavoz del PNV, Maribel Vaquero, acusó a los populares de estar «alimentando aún más» a Vox con el documento «marco» lanzado desde Génova.
Feijóo estaría «aceptando por completo el marco de la extrema derecha», observó la diputada de Sumar Tesh Sidi. «Está claro que el PP de Alberto Núñez Feijóo es cada vez menos PP y más Vox», agregó la diputada de Compromís Àgueda Micó. Para Ione Belarra, líder de Podemos, la conclusión es simple: «Es el mismo proyecto político dividido en dos partidos diferentes, cada vez más difíciles de diferenciar».
Ahora el foco no está en advertir sobre las consecuencias de que Abascal se convierta en vicepresidente de Feijóo, que fue el eje central de la campaña de Sánchez en las elecciones de julio de 2023, sino en alertar directamente sobre la posibilidad de que Feijóo alcance La Moncloa. «El discurso de o ellos o nosotros ya podemos aplicarlo ahora mismo con el PP actual sin necesidad de implicar a Vox», indican fuentes del Gobierno. «Ese marco ya puede establecerse».
«No hay diferencia entre PP y Vox. El PP ya habla como la ultraderecha, aplica políticas de ultraderecha y actúa como la ultraderecha», diagnostican desde el Ejecutivo.
Desde el Gobierno esperan que las negociaciones que pueden abrirse entre Génova y Bambú sirvan para despertar a sectores de la población que han encontrado en Vox un refugio, especialmente ante su descontento con el Gobierno de Pedro Sánchez. «El miedo a Vox está presente, aunque la cuestión es cómo calará entre los jóvenes», afirman fuentes socialistas. Precisamente, la juventud es uno de los principales colectivos de apoyo para dicha formación de derecha radical.
Hasta ahora, uno de los argumentos que usaban los socialistas para explicar el crecimiento de Vox era que la gente no percibía el peligro ni temía retrocesos porque, según señalan, había un Gobierno cuyas políticas «protegen» a la ciudadanía y salvaguardan los derechos e iniciativas vigentes. Sin embargo, cada vez que se celebran elecciones, el partido de derecha radical crece, incluso arrebatando votos al electorado socialista.

