Información del artículo
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- Autor, Sam Piranty
- Título del autor, BBC Eye
- 22 febrero 2026
- Tiempo de lectura: 9 min
Advertencia: este artículo incluye información relacionada con abuso sexual.
Greg Squire, investigador enfocado en internet, alcanzó un punto sin avances en sus intentos por salvar a una menor víctima de abuso, a quien el equipo denominó Lucy.
Fotos inquietantes de la niña se difundían en la dark web, un sector cifrado de internet accesible únicamente mediante software especial que garantiza el anonimato digital de sus usuarios.
No obstante, a pesar de tal nivel de encubrimiento, el agresor tomaba precauciones para «borrar sus rastros», recortando o modificando cualquier detalle que permitiera identificar, señaló Squire. No fue posible determinar ni la identidad de Lucy ni su ubicación.
Lo que luego comprobó fue que la clave para hallar a la niña de 12 años estaba a simple vista.
Squire pertenece al Departamento de Investigaciones de Seguridad Nacional de Estados Unidos, donde integra una unidad especializada en identificar menores que aparecen en materiales de abuso sexual.
Un equipo del Servicio Mundial de la BBC documentó durante cinco años el trabajo de Squire y otras unidades en Portugal, Brasil y Rusia, exhibiendo cómo resuelven casos como el de una niña de siete años secuestrada y presumiblemente fallecida en Rusia, así como la captura de un brasileño acusado de manejar cinco de los mayores foros de abuso infantil en la dark web.
Esta cobertura inédita demuestra que la resolución de estos casos no siempre se basa en tecnologías avanzadas, sino en el hallazgo de detalles sutiles en imágenes y conversaciones en foros de chat.
Squire rememora el caso de Lucy, en el que trabajó al inicio de su carrera, como una motivación permanente.
Le resultaba especialmente perturbador saber que Lucy tenía prácticamente la misma edad que su hija, y que las imágenes de su agresión, aparentemente tomadas en su dormitorio, seguían emergiendo sin cesar.
A través de los tipos de enchufes visibles en las fotos, Squire y su equipo dedujeron que Lucy estaba en Norteamérica. Más allá de eso, carecían de más datos.
Solicitaron la colaboración de Facebook, que entonces lideraba las redes sociales, para examinar imágenes subidas a la plataforma en busca de Lucy. Sin embargo, esa empresa, pese a contar con reconocimiento facial, afirmó no poseer las herramientas necesarias para asistir.
Por ello, el equipo inspeccionó en detalle todo lo visible en el dormitorio de Lucy: su colcha, prendas de ropa y peluches, intentando identificar cualquier pista útil.
Entonces realizaron un hallazgo relevante. Detectaron que un sofá que aparecía en varias imágenes se comercializaba únicamente en ciertas regiones, no a nivel nacional, lo que limitaba notablemente la base de consumidores.
No obstante, el grupo seguía teniendo unas 40.000 posibles direcciones.
«En ese tramo de la investigación analizábamos datos de 29 estados en EE.UU. Eso implicaba revisar decenas de miles de domicilios, una tarea extremadamente compleja», comentó Squire.

La búsqueda continuó hasta topar con una pista inesperada: la simple pared de ladrillos visible en el dormitorio de Lucy ofrecía indicios valiosos.
«Comencé a buscar imágenes de ladrillos en Google y enseguida di con la Asociación de la Industria del Ladrillo», relató Squire.
La persona que le atendió fue sumamente colaborativa. Preguntó: ‘¿De qué manera puede ayudar la industria del ladrillo?'» narró.
Se ofreció a enviar la foto a especialistas en ladrillos de todo el país, y la respuesta fue rápida, según Squire.
Entre quienes respondieron estuvo John Harp, con experiencia desde 1981 en ventas de ladrillos.
«Noté que el ladrillo tenía un tono rosado y una capa fina de carbón. Era un ladrillo modular de 20 centímetros con bordes rectos», recordó Harp.
«Al observarlo, supe inmediatamente qué tipo era», añadió.
Le explicó a Squire que se trataba de un «Álamo en Llamas».
«(La empresa) fabricó ese modelo desde finales de los años 60 hasta mediados de los 80, y yo había comercializado millones de ellos», dijo Harp.

En un inicio, Squire albergaba esperanzas de acceder a un registro digitalizado de clientes, pero Harp informó que los archivos eran solo «una pila de notas» de décadas atrás.
Sin embargo, aportó un dato crucial sobre los ladrillos, detalló Squire.
«Comentó: ‘Los ladrillos son pesados’. Y agregó: ‘Los ladrillos pesados no suelen tener una larga vida útil'».
Esto cambió el enfoque. El equipo filtró la lista de compradores del sofá, manteniendo solo aquellos situados en un radio de 160 kilómetros alrededor de la fábrica de ladrillos de Harp, en el suroeste estadounidense.
Entre unas 40 o 50 personas restantes, localizaron y siguieron fácilmente sus perfiles en redes sociales. Fue en Facebook donde hallaron una foto de Lucy junto a una mujer adulta, aparentemente una pariente cercana.
Obtuvieron la dirección de esa mujer y luego estudiaron otras direcciones relacionadas con ella y las personas con las que convivía.
Esto acotó aún más las posibilidades de la ubicación de Lucy. Sin embargo, evitaban hacer visitas directas a domicilios, ya que un error en la dirección podría alertar al sospechoso de la investigación.
Así, Squire y su equipo enviaban imágenes de estas casas a Harp para que evaluara desde su experiencia la construcción y estilo, y determinara si era factible que contaran con paredes internas con los ladrillos «Álamo en Llamas».

Los ladrillos «Álamo en Llamas» no se podían apreciar en el exterior de las viviendas, puesto que sus paredes estaban cubiertas por otros materiales. No obstante, el equipo solicitó a Harp que evaluara, basándose en el diseño y acabados externos, si esas casas posiblemente se construyeron durante el periodo en que esos ladrillos se comercializaban.
«Básicamente, tomábamos capturas de pantalla de las residencias y se las enviábamos a John para preguntarle: ‘¿Cabe la posibilidad de que el interior de esta casa tenga estos ladrillos?'», explicó Squire.
Finalmente, hallaron una dirección que Harp indicó tenía alta probabilidad de contar con una pared con «Álamo en Llamas», y que formaba parte de la lista de compradores del sofá.
«Reducimos las opciones a esa dirección… y empezamos a confirmar quién residía allí mediante registros estatales, licencias de conducir e información escolar», detalló Squire.
El equipo descubrió que en la casa habitaba el novio de la madre de Lucy, un delincuente sexual declarado.
En horas, agentes de Seguridad Nacional locales detuvieron al agresor, que llevaba seis años abusando de Lucy, y fue sentenciado a más de 70 años de prisión.
Harp, experto en ladrillos, se sintió profundamente satisfecho al saber que Lucy estaba a salvo, especialmente por su experiencia como padre adoptivo.
«Hemos tenido más de 150 niños distintos en nuestro hogar y adoptado a tres. Así que, a lo largo de los años, hemos cuidado a muchos niños que sufrieron abuso previamente», contó.
«Lo que el equipo de Squire enfrenta día a día es cientos de veces más intenso de lo que yo he vivido o manejado», agregó.

Tiempo atrás, la tensión afectó gravemente la salud mental de Squire. Reconoció que, fuera del trabajo, «el alcohol llegó a ocupar un lugar más relevante del que debería».
«En esa época, mis hijos ya eran un poco mayores… y, sabes, eso casi te anima a esforzarte más. Como pensar: ‘Si me levanto a las tres de la mañana, quizá pueda sorprender a un agresor en línea’», comentó.
«Pero al mismo tiempo, a nivel personal… ‘¿Quién es Greg? Ni siquiera sé qué cosas disfruta’. Todos tus colegas… durante el día, son criminales… Siempre hablan de las cosas más horribles», añadió.
Poco después, su matrimonio terminó, y admitió que comenzó a tener pensamientos suicidas.
Fue su compañero Pete Manning quien lo impulsó a buscar ayuda al notar que Squire atravesaba momentos difíciles.

«Es complicado cuando aquello que te impulsa y llena de energía es también lo que te está consumiendo lentamente», señaló Manning.
Squire aseguró que abrirse y mostrar sus vulnerabilidades fue el primer paso para recuperar su bienestar y continuar realizando un trabajo del que se siente orgulloso.
«Me siento privilegiado de ser parte del equipo que puede intervenir en lugar de limitarse a ver estas historias por televisión o escuchar sobre ellas. Prefiero estar ahí, en la trinchera, intentando detenerlo», afirmó.
El pasado verano, Greg conoció personalmente a Lucy, que ahora tiene más de veinte años.

Ella comentó que su capacidad para hablar ahora sobre lo sucedido refleja el respaldo que recibe en su entorno.
«Tengo más estabilidad y la fuerza para conversar con otros sobre el abuso, algo que no hubiera podido hacer ni siquiera hace un par de años», sostuvo.
La víctima confesó que mientras el Departamento de Seguridad Nacional ponía fin a su situación, ella «rezaba activamente para que todo terminara».
«No quiero parecer cliché, pero fue una plegaria que recibió respuesta», añadió.
Squire mencionó que le hubiera gustado poder avisarle que la ayuda estaba en camino.
«Ojalá hubiera existido la telepatía para decirle: ‘Escucha, ya vamos'», confesó.
La BBC consultó a Facebook sobre por qué no empleó su tecnología de reconocimiento facial para colaborar en la búsqueda de Lucy.
«Para proteger la privacidad de los usuarios, es fundamental que sigamos el proceso legal adecuado; sin embargo, colaboramos con las fuerzas del orden en la medida de lo posible», respondieron.

