La coalición formada por IU, Movimiento Sumar, Más Madrid y Comunes corrige los «fallos» de Sumar y busca una convivencia armoniosa entre los socios

Más reciente de lo que aparenta y, por ahora, más antigua de lo que aspira a ser. La enésima reestructuración de la izquierda alternativa al PSOE sepultó ayer a Sumar, pero de momento sigue siendo Sumar, al menos hasta que esta nueva coalición resuelva tres cuestiones esenciales de esta etapa incipiente: quién liderará el espacio, cuál será su identidad electoral y cuáles serán los pilares de su proyecto para el país. Hasta que estas tres incógnitas que condicionan su inicio, y que permanecen sin respuesta, sean aclaradas, esta renovada alianza impulsada por IU, Movimiento Sumar, Más Madrid y Comunes funciona en esencia como un estado de ánimo. Una aspiración de los partidos que forman parte del Gobierno para actuar como motor de un espacio sumido en el desaliento y amenazado por la fractura electoral si Podemos no se incorpora al acuerdo.
La presentación de esta nueva candidatura sucesora de Sumar, celebrada en el Círculo de Bellas Artes de Madrid, pretendió ser un impulso que insuflara entusiasmo y renovara la esperanza de los votantes con el fin de recuperar el pulso político. En lugar de mostrar avances tangibles y concretos, el evento, que reunió a más de 600 personas entre dos salas y dejó a cientos fuera, se convirtió en una terapia colectiva para combatir el desánimo y conjurarse contra la «resignación» derivada de la pérdida de influencia y el ascenso de Vox.
El gran reto que afrontan los cuatro partidos fundadores en este «punto de partida» es traducir toda esa retórica en un proyecto que resulte novedoso y que permita recuperar la credibilidad política perdida en los últimos años. En gran medida, esto se debe a los «errores del pasado» cometidos por Sumar y Unidas Podemos, los cuales demandaron que la izquierda alternativa al PSOE se refundara en dos ocasiones en menos de tres años.
Dentro del espacio político existe la opinión de que esta renovación no será convincente ni completa si Yolanda Díaz permanece al frente. Por otro lado, algunos defienden que ella es la figura de referencia natural y que aún posee suficiente legitimidad para liderar esta nueva fase. Mientras tanto, la vicepresidenta mantiene silencio sobre su futuro. O más bien evita comprometerse. No obstante, esta alianza nace limitada hasta que ella despeje la incertidumbre respecto a si pretende continuar o retirarse. Esta duda es un lastre para el despegue, algo reconocido abiertamente dentro del pacto, aunque no hay un plazo definido para su decisión. Fuentes apuntan a que podría ser pronto, mientras otras creen que el anuncio llegará más adelante. Nadie lo sabe y todos especulan, interpretando cada gesto con la esperanza de saber si confirmará su continuidad o revelará su retirada.
Díaz fue la gran ausencia en el acto, aunque su figura dominaba el ambiente. Alegó que era un momento para que los partidos tomaran protagonismo y evitó que toda la atención se centrara en ella. Por ello, el foco recayó en IU, Movimiento Sumar, Más Madrid y Comunes, y en sus líderes o referentes: Antonio Maíllo, Lara Hernández, Mónica García y Ernest Urtasun. Los cuatro representaron el nuevo latido de la izquierda y, de distintas formas, hicieron un llamamiento a Podemos para sumarse a la coalición y evitar que se pierda la oportunidad de vencer al PP y a Vox. La puerta quedó abierta de par en par para que ingresen en la «casa común» y unan fuerzas frente a la ultraderecha.
Sin embargo, por ahora Podemos no comparte esa postura. Casi simultáneamente, Irene Montero se aferró a la pureza ideológica para afirmar que «la gente quiere izquierda», una cualidad que no reconoce en este nuevo Sumar, y por eso el partido morado rechaza un acuerdo y opta por ir en solitario.
A la espera de definir el liderazgo, el nombre y los principios que la guiarán, esta nueva coalición de izquierdas acumula por ahora sus novedades y diferencias con Sumar principalmente en su funcionamiento y las relaciones internas entre los partidos. Por primera vez en una década, la unidad se establece bajo un esquema igualitario entre las principales fuerzas. En 2016, la coalición se configuró bajo el fuerte liderazgo de Pablo Iglesias y la hegemonía de Podemos, mientras que en 2023 ocurrió igual con Yolanda Díaz y el control absoluto de Sumar.
Estas experiencias anteriores fracasaron por esas dinámicas. Por eso, tras superar una crisis profunda, ahora se ha conformado una alianza «a fuego lento», cuyo fundamento para convivir es la horizontalidad, la toma democrática de decisiones —y no impuestas por una persona o partido—, además de un equilibrio en la distribución del poder.
El hecho de que IU, Movimiento Sumar, Más Madrid y Comunes celebraran ayer continuar juntos se debe a que hubo momentos en los que esa unidad estuvo amenazada, y donde Podemos intentó desmantelar Sumar. Ahora, sobre esa base, tienen todo por construir, confiados en que disponen de tiempo y voluntades para elaborar un proyecto con capacidad de perdurar.

