En conversación con ‘Infobae’, la docente denuncia las carencias de la educación inclusiva en España por las elevadas ratios de las aulas y la falta de inversión

Los docentes españoles no cuentan con la preparación adecuada para enfrentar las aulas actuales. Así lo refleja el Estudio Internacional de la Enseñanza y del Aprendizaje TALIS 2024 de la OCDE, que indica que el 17% de los profesores trabaja en centros donde uno de cada diez estudiantes presenta necesidades educativas especiales. Esta cifra supera en dos puntos porcentuales el promedio de la OCDE, pero los profesionales españoles se sienten menos capacitados que la media internacional para integrar a estos alumnos.
En concreto, el informe destaca que cuatro de cada diez profesores de secundaria no se consideran preparados para colaborar en la enseñanza con otros expertos (una práctica común en algunos centros para atender estos casos); seis de cada diez no creen ser eficaces para involucrar a las familias de estudiantes con necesidades especiales; y tres cuartas partes admiten que enfrentarían dificultades para comunicar las políticas de inclusión educativa.
“La diversidad en el alumnado es un fenómeno dinámico, influenciado por factores como los flujos migratorios, el reconocimiento oficial de las necesidades educativas especiales y los cambios sociales y demográficos”, señala el informe, que realiza un análisis preciso sobre cómo la realidad social de España se refleja en las aulas, sin que se hayan implementado medidas para atender esta creciente demanda, que no se tenía en cuenta hace décadas. Sin embargo, ni siquiera hay que retroceder tanto. A principios de curso, Comisiones Obreras divulgó un informe que mostraba que el número de alumnos con necesidades de apoyo educativo se ha triplicado en los últimos seis años, registrando un aumento del 75%. Su presencia crece, pero los recursos asignados permanecen estancados.
Esther, profesora de Pedagogía Terapéutica con casi diez años de experiencia, explica en diálogo con Infobae que hoy existe mayor sensibilidad y, por lo tanto, un incremento en el diagnóstico de condiciones como el TDH, la dislexia y otras dificultades específicas de aprendizaje, aunque los fondos disponibles no han aumentado. La migración también influye significativamente. Según el último censo, uno de cada cinco habitantes nació en el extranjero, reflejándose esto nuevamente en las aulas. “Se nota mucho cuando llegan alumnos sin idioma o estudiantes, sobre todo, de Latinoamérica, dado que sus niveles suelen ser inferiores comparados con los de aquí en el mismo curso y esto se percibe claramente”, comenta.
Pedro Sánchez ha nombrado a la actual delegada del Gobierno en Castilla-La Mancha, Milagros Tolón, como nueva ministra de Educación y ha designado a la ministra de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones, Elma Saiz, como nueva portavoz del Gobierno.
Estos alumnos requieren profesores especializados en pedagogía terapéutica (PT) o audición y lenguaje (AL), pero muchas veces no cuentan con estos profesionales o no reciben la atención necesaria. El método habitual consiste en realizar sesiones individuales y acompañar al alumno durante las clases regulares, aunque la labor queda limitada por la falta de tiempo, de docentes especializados y por las carencias de formación del resto del profesorado.
Distintas velocidades y un solo profesor en el aula
“El principal problema de mi rol surge cuando no estoy presente en el aula, es decir, durante las asignaturas que no son Matemáticas o Lenguaje, donde los estudiantes no reciben la atención personalizada que requieren; es imposible para un solo docente manejar aulas con tantas altas tasas y alumnos con necesidades muy variadas”, afirma. Insiste además en la dificultad de impartir una clase con múltiples niveles y estudiantes distintos: “Si hay cinco alumnos con necesidades, junto a otros 25 que siguen el ritmo habitual, eso significa seis ritmos diferentes en una misma clase, lo cual es muy complejo”. Por ello, sostiene que la solución está en reducir las ratios de profesores especializados, para que exista uno por aula en lugar de uno por centro, como sucede ahora. Siempre que existan.

La educación inclusiva presenta deficiencias en ciertos centros, mientras que en otros ni siquiera se implementa. Esther detalla que existen marcadas desigualdades, dado que solo aquellos centros con un número suficiente de estudiantes con necesidades especiales disponen de personal de apoyo. Los colegios o institutos con menos casos carecen de especialistas, dejando a esos alumnos en desventaja frente a quienes sí los tienen, denuncia la docente.
El progreso del alumnado depende en gran medida del tiempo personalizado que se le pueda otorgar: “Se observa claramente cuando el niño avanza significativamente y uno sabe que alcanzaría mucho más si dispusiese de más horas, más sesiones dedicadas, o si se pudiera intervenir más dentro del aula acompañando al profesor en el resto de asignaturas”.
Respecto al recorrido educativo posterior para estudiantes con necesidades especiales, la estructura oficial ofrece diversas alternativas, incluyendo ciclos de Formación Profesional adaptados a diferentes discapacidades, desde la FP básica hasta la superior. Asimismo, existen centros de educación especial donde alumnos con discapacidades severas pueden estudiar hasta los 21 años, adquiriendo una formación adecuada para su futura inserción laboral. Sin embargo, para llegar a este punto, es imprescindible que cuenten con una base sólida, algo que muchos no logran debido a la escasez de docentes y, en última instancia, al déficit de financiación que caracteriza a la educación.

