Rufián genera controversia en la izquierda con su discurso sobre el burka y la identidad política: «El burka es una salvajada. Ser facha está de moda. Hemos fracasado»

Rufián, en el acto de este miércoles en la Sala Galileo Galilei

Gabriel Rufián congregó en Madrid a políticos y seguidores para insistir en la unidad de la izquierda y alertar sobre el avance de la extrema derecha.

Planteó la necesidad de coordinar a los partidos progresistas y criticó la fragmentación: «¿Qué sentido tiene que existan 14 izquierdas representando lo mismo?»

Durante el encuentro, Rufián defendió una izquierda secular y abordó temas como la inmigración, la seguridad y la necesidad de un discurso común.

El evento contó con la presencia de representantes de ERC, Más Madrid, Sumar, Compromís y Podemos, evidenciando tanto apoyos como divisiones internas.

Una sala de conciertos convertida en un escenario político para la figura de Gabriel Rufián. Diez años después de llegar a Madrid anunciando que su paso sería breve —17 meses, el tiempo que predijo para la independencia de Cataluña—, el portavoz de ERC en el Congreso regresó a la capital reconvertido en voz crítica de la izquierda nacional, frente a medio millar de asistentes y con decenas de seguidores aguardando en la puerta.

Vestido con un jersey blanco y zapatillas Nike, con el tema de fondo de la película “Las leyes de la frontera”, que narra las peripecias de un charnego en Cataluña convertido en delincuente, Rufián afirmó que, tras una década en el Congreso, había acumulado mayor comprensión y experiencia, la cual planeaba emplear para lograr la unidad: “O nos ponemos de acuerdo o nos hundimos”.

Declaró su intención de “ganar provincia a provincia, escaños a Vox” y lanzó una pregunta incómoda: “¿En qué renunciamos?”. Fue una de las varias cuestiones abiertas que planteó. Admitió que sus palabras eran “anti-aparato”, aunque sin buscar un papel mesiánico, aunque su sola presencia era el principal reclamo para los asistentes.

“¿Qué sentido tiene que existan 14 izquierdas defendiendo lo mismo y compitiendo en el mismo lugar?”, cuestionó durante el acto “Disputar el presente, para ganar el futuro”, realizado en la sala Galileo Galilei. Insistió en preguntar si “vale la pena seguir compitiendo entre nosotros”.

Para él, la clave radicaba en “ciencia, método y orden”, ya que “si no, nos van a eliminar uno a uno”, y en promover, tras las elecciones, un “grupo interparlamentario coordinado”, porque “hay mucho más que nos une”.

Para ilustrar esa idea de una izquierda popular, mencionó tanto a Julio Anguita y su “programa, programa” como a Isabel Pantoja, a quien señaló como respuesta para Vito Quiles: “dientes, dientes, eso es lo que les molesta”.

Rufián no actuó solo. Dividió el escenario con el diputado de Más Madrid Emilio Delgado y la tertuliana Sarah Santaolalla, quien criticó el programa de Pablo Motos: “No hay hormigas, hay ratas sembrando el caos con la tarjeta del programa”.

Santaolalla, convertida en empoderada figura de la izquierda alternativa, fue ovacionada al inicio entre gritos de “guapa”, respaldo “por toda la violencia que recibe defendiendo nuestros derechos”.

El ambiente tuvo un aire de reencuentro generacional. Antiguos compañeros charlaban mientras bebían cerveza, intercambiando anécdotas antes de comenzar el acto.

Entre los asistentes figuraban 13 diputados, como Gerardo Pisarello, de los Comunes, y Alberto Ibáñez, de Compromís, además de siete parlamentarios de Sumar, la coordinadora del Movimiento Sumar, Lara Hernández, y dos representantes de ERC (Inés Granollers y Etna Estrems).

También participaron el diputado del PSC Arnau Ramírez, como amigo y con autorización de su grupo, y Jorge Pueyo, coordinador de la Chunta, quien volvía a Madrid tras duplicar la representación de su partido en las recientes elecciones en Aragón.

En total, alrededor de cuarenta políticos activos y retirados, incluyendo figuras como Roberto Sotomayor, candidato a la alcaldía de Madrid por Podemos, o Gloria Elizo, vicepresidenta primera del Congreso en la pasada legislatura.

En su discurso, Rufián reivindicó los cambios de la última década y se jactó de haber “sometido” al PSOE y de “arrinconar a un partido tan tóxico como Ciudadanos”. También criticó “la ley de vivienda”, que admitió “ha sido un fracaso”, a pesar de haberse pactado entre el PSOE y Bildu.

Abogó además por un mayor intervencionismo y preguntó “quién ha mostrado mayor patriotismo”, si la líder de Bildu, Merche Aizpuúa, o la presidenta madrileña Isabel Díaz Ayuso. Algunos aplausos aislados se dirigieron hacia la dirigente abertzale.

La segunda parte del evento giró en torno a la batalla cultural. “Nos han arrebatado banderas”, lamentó Emilio Delgado, poniendo como ejemplo el concepto “de la libertad”.

Uno de los momentos más tensos se produjo cuando Delgado reconoció que a la izquierda “le cuesta tocar el tema de seguridad”. Sarah Santaolalla respondió insinuando si lo vinculaba a la inmigración, y el diputado aclaró que “hay barrios con problemas”. El público aplaudió mientras enfatizaba que la seguridad no debe limitarse a la policía, sino comprender un enfoque “más amplio” relacionado con la “prevención” y la “desigualdad”, proponiendo evitar la concentración de viviendas más populares en los mismos barrios.

“Hay personas cuyo modo de vida es delinquir, sí”, añadió Rufián, asociándolo con “la falta de oportunidades”. También pidió “articular un discurso” sobre “los flujos migratorios”, que “son un desafío”: “Nuestras sociedades deben combinar derechos y obligaciones”.

Fue especialmente aplaudida su defensa de “una izquierda laica”, afirmando que “el burka es una salvajada” en contraste con el hábito de “las monjas españolas, que son libertad religiosa”, aunque “no guste”.

Más tibia fue la reacción al hablar de Irene Montero como “una fuerza de la naturaleza”: no hubo ovaciones, y se escucharon voces aisladas de desaprobación.

En el público también había simpatizantes de Podemos. Una pancarta proclamaba: “Rufián, sumamos más con Ione Belarra”.

Cuando bajó del escenario, la unidad ya se mostró como un desafío más complejo.

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