La Constitución de 1978 se posiciona como la más duradera en la historia de España, superando a las seis anteriores, y representa la estabilidad tras siglos de inestabilidad política.
Las constituciones anteriores reflejaron distintos modelos políticos: monarquías liberales, gobiernos moderados, repúblicas y restauraciones, pero ninguna alcanzó una duración tan prolongada.
La Constitución vigente instauró una monarquía parlamentaria, garantizó derechos fundamentales y configuró el Estado autonómico, incorporando a una sociedad que emergía tras la dictadura.
Las constituciones previas sucumbieron ante crisis, golpes o divisiones, destacándose la breve influencia de la Constitución de Cádiz de 1812 y la avanzada naturaleza de la de 1931.
España ha contado con siete constituciones, la mayoría surgidas en períodos tumultuosos. Golpes de Estado, crisis, revoluciones y pronunciamientos que reflejan los altos y bajos políticos de los siglos XIX y XX. Dos siglos de inestabilidad que finalmente alcanzan estabilidad con la Constitución de 1978.
La presidenta del Congreso de los Diputados, Francina Armengol, ha convocado una sesión solemne este martes, presidida por los Reyes, con motivo de celebrar que ninguna Constitución española había permanecido vigente tanto tiempo en la historia del país.
Durante más de 200 años, España experimentó casi todos los modelos imaginables: monarquías liberales, gobiernos moderados, dos repúblicas y restauraciones. La Constitución actual, de 1978, es la séptima, luego de seis intentos previos por definir constitucionalmente el rumbo del país.
1978: 47 años y 48 días
La Constitución vigente fue producto de una decisión valiente, tras la muerte del general Francisco Franco, que significó la transición hacia la democracia.
Una ley fundamental que buscó reconciliar a quienes venían de una dictadura estricta y aspiraban a avanzar hacia una democracia consolidada.
Estableció una monarquía parlamentaria, protegió derechos fundamentales y diseñó el Estado autonómico. Un sistema complejo, pero dirigido a la integración. Desde entonces ha resistido crisis políticas, tensiones y grandes transformaciones.
Este puede considerarse el gran logro de esta Constitución: permanecer vigente durante tantos años frente a los obstáculos que derrocaron a sus predecesoras.
1876: 47 años y 75 días
Promulgada el 30 de junio de 1876, al inicio del reinado de Alfonso XII, sirvió como base para un régimen político durante la Restauración borbónica.
Fue la constitución más duradera del siglo XIX, reflejando un sistema sostenido por el turno pacífico entre partidos y un sufragio restringido.
El texto fue aprobado casi sin modificaciones por las Cortes resultantes de las elecciones generales de 1876, las cuales, en esta única ocasión, se celebraron mediante sufragio universal masculino.
Consagró el poder monárquico y el centralismo, mientras el país comenzaba a entrar en la era industrial.
Se mantuvo vigente hasta el golpe de Estado de Primo de Rivera en septiembre de 1923, siendo hasta entonces la constitución más longeva de la historia española, con una vigencia de 47 años.

1845: 24 años y 14 días
Representó un giro conservador durante el reinado de Isabel II, sustituyendo a la Constitución de 1837.
Impulsada por Narváez y el Partido Moderado, disminuyó el peso de las Cortes frente a la Corona y estableció una soberanía «compartida» entre el Rey y las Cortes.
La monarquía recuperó protagonismo, el Senado volvió a ser nombrado por el monarca y el sufragio se limitó aún más. Solo los ciudadanos con altos ingresos tenían derecho a votar o a ser elegidos.
Se convirtió en un símbolo de un liberalismo controlado, diseñado para no amenazar al poder. Permaneció vigente hasta la proclamación de la Constitución de 1869.
Finalmente, cayó por la presión de una España que rechazaba ser gobernada únicamente por una parte de su población.
1837: 7 años y 11 meses
Surgió de la crisis del Estatuto Real y sobrevivió con dificultad hasta su derogación definitiva por la Constitución de 1845.
Nació tras el Motín de los Sargentos de la Granja en agosto de 1836, que forzó a la reina regente María Cristina a restaurar la Constitución gaditana de 1812 y formar un nuevo gobierno progresista.
Fue un texto conciliador, que incorporaba algunas propuestas del partido moderado, como la existencia de una Cámara Alta y la inclusión de miembros ejecutivos en el Parlamento.
Se considera una oportunidad perdida del pueblo español para superar sus divisiones. Su vigencia fue breve, pero marcó un punto intermedio entre revolución y restauración del orden.
1869: 7 años y 6 meses
Tras el grito de «¡Viva España con honra!» de la Revolución de 1868, conocida como La Gloriosa, España inició su etapa más democrática del siglo XIX.
Fue consecuencia de la demanda por el sufragio universal masculino, uno de los pilares del liberalismo democrático, además del reconocimiento de la libertad de culto.
Entre sus principios básicos figuraban la soberanía nacional, el sufragio universal, la visión de la Monarquía como poder constituido y la declaración de derechos.
Los redactores se inspiraron en varios textos extranjeros, como la Constitución belga de 1831 y la estadounidense de 1787, por lo que se trataba de un texto avanzado, moderno y con un enfoque europeísta.
No obstante, la inestabilidad política entre monárquicos, carlistas y republicanos la devoró rápido. La monarquía de Amadeo I intentó sostenerla, pero el experimento fue breve.
1931: 7 años, 3 meses y 24 días
Apareció con la Segunda República, tras las elecciones de 1931, y permaneció vigente hasta el final de la Guerra Civil en 1939. Introdujo un aire renovador y distinto.
España buscaba avanzar y modernizarse. Por ello, se estableció un estado laico, sufragio femenino universal, matrimonio civil y educación pública para todos. Fue el proyecto constitucional más ambicioso de la historia española.
Se mantuvo vigente hasta 1977, cuando la Transición política permitió la elaboración de una nueva Constitución democrática, promulgada al año siguiente.
Sin embargo, su audacia chocó con una sociedad fragmentada. Reformas agrarias, temas religiosos y tensiones territoriales provocaron su colapso.
La Guerra Civil la extinguió, aunque dejó un legado de una España que deseaba ser libre, racional y justa… pero no pudo, o mejor dicho, no se le permitió.
1812: dos años y un mes
Nació en plena Guerra de la Independencia, mientras las tropas napoleónicas devastaban gran parte de la Península.
En Cádiz, los diputados de las Cortes aprobaron La Pepa el 19 de marzo de 1812, día de San José, de ahí su nombre.
Es la primera Constitución propiamente española, dado que el Estatuto de Bayona de 1808 fue una carta otorgada bajo la influencia napoleónica. Representa el primer impulso liberal de España.
Tuvo un impacto importante en el extranjero, especialmente en América, influyendo en las constituciones de las antiguas colonias españolas tras su independencia.
También inspiró a Europa, donde durante años fue un auténtico mito, influyendo en las ideas constitucionales portuguesas, en el surgimiento del Estado italiano e incluso en la Rusia zarista.

