Juan Francisco Fuentes señala que esta Constitución superó el enfoque partidista presente en muchas de las anteriores.

España

Juan Francisco Fuentes: «Esta Constitución rompió con el espíritu partidista que animó a muchas de las anteriores» Juan Francisco Fuentes delante de la Biblioteca Nacional.

Juan Francisco Fuentes resalta que la Constitución de 1978 eliminó el espíritu partidista característico de documentos anteriores y facilitó un amplio acuerdo.

Fuentes opina que la durabilidad de la Constitución es un logro colectivo, aunque admite la ausencia de consenso político actual para acometer reformas necesarias.

El historiador destaca cómo la sociedad española de 1978 ejerció presión sobre los políticos para alcanzar pactos, logrando una Constitución con doble legitimidad: parlamentaria y popular.

Se identifica el modelo territorial como el principal reto pendiente en la Carta Magna y se enfatiza la función de la Corona como garante del sistema constitucional.

Para Juan Francisco Fuentes, catedrático de Historia Contemporánea en la Universidad Complutense de Madrid, uno de los términos fundamentales en el discurso político reciente en España es consenso. Sin embargo, en su opinión, este pilar de la Transición está en dificultades, prisionero de los actuales tiempos marcados por la división y el enfrentamiento.

Con profundo conocimiento de la política de aquel periodo, Fuentes ha publicado estudios sobre el 23-F, la relación de los socialistas con la Corona, así como una detallada biografía política de Adolfo Suárez.

Está familiarizado con el esfuerzo que supuso el paso de la dictadura a la democracia. Por ello, celebra la Constitución de 1978, que este martes se convierte en la de mayor longevidad en la historia de España, considerándola un éxito colectivo.

Fuentes, galardonado el año pasado con el Premio Nacional de Historia gracias a Bienvenido Mister Chaplin: la americanización del ocio y la cultura en la España de entreguerras (Taurus), y autor del más reciente Hambre de patria: la idea de España en el exilio republicano (Arzalia), analiza en esta entrevista los logros que la Carta Magna ha aportado a la sociedad española y los retos que enfrenta hoy, en un momento en el que ese «espíritu de consenso» parece estar a punto de desaparecer —o quizás ya lo haya hecho—.

47 años de vigencia de la Constitución. ¿Debe considerarse un logro o implica cierta preocupación por su estado?

Es un claro éxito. La Constitución tiene sus defectos y necesitaría una actualización, pero lamentablemente no existen las condiciones políticas para ello. Se están postergando demasiados temas importantes, incluida la reforma constitucional, que solo podría abordarse con un acuerdo entre PSOE y PP, algo que hoy parece inalcanzable.

¿Representa este dato un triunfo teniendo en cuenta la cadena de textos constitucionales que han marcado los últimos dos siglos en España?

Sí, su amplia vigencia es un triunfo en sí mismo y demuestra la eficacia del consenso: lograr un texto transversal asumido por una mayoría amplia y que facilitara la alternancia en lugar de complicarla, a diferencia de algunas constituciones anteriores, promulgadas bajo mayorías parlamentarias puntuales o directamente por un solo partido.

Juan Francisco Fuentes es biógrafo de personajes como Adolfo Suárez o Largo Caballero.

Hasta ahora, la Constitución más longeva había sido la de 1876, de la Restauración. Al igual que la de 1931, su final llegó tras un golpe de Estado. Nuestra Carta Magna resistió el 23-F, pero ¿qué enseñanzas pueden extraerse de estos dos acontecimientos?

Es posible extraer varias conclusiones. Una de ellas es que la de 1978 también sufrió su prueba de fuego, pero a diferencia de lo ocurrido en 1923 o 1936, salió reforzada.

Desde la perspectiva histórica, ¿qué problemas y conflictos tradicionales ha resuelto la Constitución?

Su mérito principal fue apartar el espíritu partidista que impulsó muchas constituciones previas y definir un marco de convivencia suficientemente amplio y adaptable para facilitar la alternancia democrática y acomodar el sistema a circunstancias cambiantes e imprevisibles al momento de su redacción.

Los padres de la Constitución siempre han resaltado la complejidad de su elaboración y la dificultad del paso de la dictadura a la democracia. ¿Piensa que las críticas más severas al texto surgen de olvidar ese proceso y asumir la convivencia como algo dado?

Resulta curioso que en una época donde se habla tanto de memoria exista tanta ignorancia sobre las circunstancias que rodearon la Transición, incluyendo el terrorismo, que dejó 124 víctimas solo en 1980.

Las dificultades del proceso constituyente explican que se extendiera durante año y medio. Esa era la condición para lograr un acuerdo duradero, basado en una negociación exhaustiva.

La Constitución de 1931 se redactó en cuatro meses y uno de sus autores se jactó de que España tuviera finalmente una Constitución de izquierdas. En menos de dos años esa mayoría se fragmentó tras las elecciones de noviembre de 1933, quedando la Constitución de 31 dominada por un partido, la CEDA, inexistente cuando se redactó.

Históricamente, la Constitución de 1978 representa un logro sin igual. Cabe recordar que la más longeva hasta entonces, la de 1876, no era democrática.

«Algunas críticas a la Transición no buscan una democracia de mayor calidad sino sustituirla por otra cosa»

¿Cómo recuerda el ambiente que rodeó la creación de la Carta Magna? ¿Qué fue lo más destacado del proceso?

El ambiente estaba cargado de esperanza pese a las enormes dificultades: terrorismo, crisis económica, temor a un golpe militar… Aun así, los principales partidos actuaron con responsabilidad y la ciudadanía valoró ese esfuerzo.

En el referéndum de 1978, el «sí» a la Constitución obtuvo una victoria abrumadora. Cabe recordar que es la única Constitución española sometida a referéndum, lo que le otorgó doble legitimidad democrática: parlamentaria y popular.

Aparte de otorgar legitimidad con sus votos, ¿cómo debería valorarse la influencia de la sociedad española de 1978 para presionar a políticos de todo el espectro a alcanzar acuerdos?

Existía una fuerte corriente a favor del pacto, la reconciliación y el consenso, un término que, por cierto, rara vez se había utilizado hasta entonces.

Azaña lamentó al final de su vida que los españoles fueran incapaces de establecer un régimen por «asenso común», concepto que actualmente denominamos consenso.

Me agrada recordar aquel consejo de Azaña en 1938 dirigido a los españoles del futuro: que aprendieran la lección de lo que denominó «la musa del escarmiento» y evitaran repetir errores del pasado. Eso es precisamente lo que fue la Transición.

Juan Francisco Fuentes es Premio Nacional de Historia de España 2025.

¿La izquierda actual ha olvidado que fue la izquierda de entonces la que más presionó en las calles, incluso con víctimas mortales, para conseguir esas libertades y derechos que fueron utopía durante cuatro décadas de franquismo?

Sí, como mencioné, existe una extraña amnesia en sectores que paradójicamente han idealizado la memoria.

En este sentido, Herrero de Miñón afirma que «algunos que intentan deslegitimar continuamente la Constitución están donde están gracias a ella». Una paradoja curiosa, ¿no?

Es tanto una paradoja como una evidencia, dependiendo del punto de vista. En todo caso, conviene recordarlo: la izquierda actual y sus aliados, que no son precisamente defensores de la Constitución, gobiernan gracias a ella.

¿Se pueden interpretar las críticas que deslegitiman la Constitución como una reacción a una supuesta mitificación de la Transición democrática?

Marcelino Camacho, diputado comunista en las Cortes constituyentes, secretario general de CCOO y víctima directa de la represión franquista, comentó en las Cortes en octubre de 1977 que lo acontecido en España en el último año había sido «casi un milagro». Quienes ahora descalifican la Transición no sufrieron cárcel, persecución ni exilio como Camacho.

«La izquierda actual y sus socios, que no son precisamente amantes de la Constitución, gobiernan gracias a ella»

En casi medio siglo, el texto solo ha sufrido ligeras modificaciones en tres ocasiones. ¿Es señal de que ha envejecido bien o refleja la incapacidad de la clase política para asumir grandes pactos?

Ambas cosas. Los ajustes han sido probablemente insuficientes, pero resulta impensable que la clase política actual logre consensuar una reforma constitucional.

Ningún texto es probablemente perfecto. ¿Dónde situaría usted el foco para implementar las reformas más urgentes?

Dejo esa cuestión en manos de los constitucionalistas, expertos en la materia. Por cierto, sería deseable que al Tribunal Constitucional accedieran especialistas con alta cualificación e independencia, y no los que se someten a directrices partidistas o gubernamentales.

La Constitución y la Transición han sido defendidas por sus creadores como un éxito colectivo destacado. Sin embargo, ciertos sectores lo cuestionan en los últimos años… ¿Se ha perdido ese «espíritu de consenso»? ¿Es esa la raíz de los problemas actuales de España?

Sí, considero que es un gran logro colectivo. Algunas críticas a la Transición no persiguen una democracia mejor sino reemplazarla por otra cosa. Camus dijo que la democracia es un ejercicio de modestia. Las utopías democráticas suelen desembocar en situaciones poco democráticas.

¿Cree que la clase política actual está preparada para restablecer ese «espíritu de consenso»? ¿Cómo se podría conseguir en una sociedad tan polarizada?

Sinceramente, no lo veo factible hoy. Deberán cambiar muchas cosas. Quizás un nuevo ciclo político y un PSOE que prefiera construir pactos de Estado duraderos en lugar de levantar barreras.

Por otro lado, pese a los grandes esfuerzos de la clase política y el Gobierno por polarizar a la sociedad y enfrentar a los ciudadanos, la convivencia sigue siendo relativamente buena.

En todo este tiempo, se ha escuchado innumerables veces que alguien está «rompiendo la Constitución». ¿Cuál ha sido el mayor desafío que ha afrontado o enfrenta la Carta Magna?

El problema fundamental es el modelo territorial. Que esta cuestión se haya agravado en lugar de resolverse puede hacer pensar que estamos pagando, con retraso e intereses, el costo de un modelo mal diseñado desde el inicio.

Es una interpretación comprensible, pero a mi juicio injusta, porque resulta difícil imaginar qué alternativa se podría haber diseñado entonces para resolver definitivamente el asunto territorial.

Hay que aceptar que algunos problemas, como señaló Ortega respecto a Cataluña, no pueden resolverse sino coexistir con ellos. Se hizo una solución transitoria que funcionó durante cierto tiempo y sin la cual España podría haber terminado como Yugoslavia.

Juan Francisco Fuentes.

¿Está en peligro la democracia española?

La democracia suele ser más resistente de lo que creen sus detractores de todo signo, desde la extrema derecha hasta la extrema izquierda. El régimen parlamentario ha sido dado por muerto en múltiples ocasiones desde el siglo XIX y ha superado crisis históricas que parecían irreversibles.

Sin embargo, sus adversarios actuales, tanto internos como externos, son muy peligrosos, por lo que no conviene confiarse demasiado.

¿Prevé una larga vida para la Constitución? ¿Qué escenario sería el mayor terremoto que podría afrontar? ¿Reconocer un cambio en el sistema de gobierno, de Monarquía parlamentaria a República?

Los historiadores no somos buenos adivinos. Recuerdo a un respetado colega estadounidense que en los años ochenta predijo que Estados Unidos colapsaría antes que la URSS. Este historiador sigue activo y ocasionalmente hace nuevas predicciones. Cada vez que lo hace pienso: «Al menos sé lo que no va a suceder».

¿Quién es hoy el principal garante de la Constitución? ¿El Rey?

Sin duda, la Corona es una línea roja infranqueable hoy en día, ante la cual han retrocedido, aunque de mala gana, incluso algunos enemigos de la Monarquía parlamentaria actual, que también lo son de nuestra democracia.

Los Reyes y la Princesa de Asturias constituyen un valioso activo para nuestro sistema constitucional, como reflejan las encuestas.

«Para recuperar el espíritu de consenso se necesita un nuevo ciclo político y un PSOE que no levante muros»

¿Cómo compara el papel que desempeñó Juan Carlos I en la consolidación del sistema constitucional con el que ha asumido Felipe VI en un contexto de mayor polarización y pérdida de confianza?

Son personalidades y momentos muy distintos. Los retos y problemas actuales poco tienen que ver con los de entonces, salvo el territorial, que quizá es más grave ahora, aunque el grave problema del terrorismo ya haya desaparecido.

La contribución de Juan Carlos I a la reconciliación, al consenso y al sometimiento de los poderes fácticos al régimen democrático es indiscutible, a pesar de los errores cometidos posteriormente.

Se ha dicho que la declaración de independencia de Cataluña en octubre de 2017 fue el 23-F de Felipe VI. Hay algo de verdad en ello. Fue una crisis institucional gravísima en la que el Rey apostó todo, como su padre en 1981. Pero el paralelismo entre ambos se limita casi exclusivamente a eso.

Son épocas diferentes que requieren una interpretación distinta del papel del Rey. No hay que olvidar tampoco la positiva influencia, en mi opinión, de la reina Letizia en la configuración del nuevo perfil de la Corona, mucho más acorde con el siglo XXI.

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