El PSOE apuesta por la inestabilidad de los acuerdos entre PP y Vox para recuperar el respaldo de la ultraderecha

Busca confrontar su modelo con el de los ‘populares’ para intentar revitalizar su agenda social.

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, en la sesión de control al Gobierno, celebrada ayer. en el Congreso de los Diputados.

La carrera rumbo a las elecciones generales, que desde La Moncloa insisten serán en 2027, se ha convertido en una serie de obstáculos constantes. Barreras que surgen a cada paso en forma de comicios autonómicos, diseñados por el PP para desgastar tanto al Gobierno como al PSOE. Extremadura y Aragón han supuesto dos serias derrotas para los socialistas, pero también evidencian que los populares siguen dependiendo de la ultraderecha para mantener el poder. Tras estos días, los socialistas empiezan a asimilar los resultados. Aunque no ha habido una autocrítica pública, se acepta que ni España ni ellos mismos constituyen ya el «dique de contención» frente a la ultraderecha, como afirmaban meses atrás. Además, la «ola ultraderechista» alertada por Pedro Sánchez ya ha irrumpido en el país. El temor a votar a Vox ha desaparecido. «No hemos conseguido que nuestro mensaje cale», es la conclusión que transmiten diversas voces socialistas.

El ciclo electoral diseñado por el PP coloca al PSOE en la situación de intentar sobrevivir, salvar la papeleta y luego pensar cómo encarar las generales. Si los resultados en Extremadura y Aragón fueron negativos, la perspectiva en Castilla y León y Andalucía no es más favorable. Por ello, la expectativa en las filas socialistas es que los populares continúen dependiendo de Vox, lo que provocará negociaciones y, en caso necesario, concesiones en temas sensibles como el cambio climático, la inmigración o los derechos de las mujeres, otorgándoles argumentos para reactivar el discurso del miedo hacia la ultraderecha, que hasta ahora se ha mostrado ineficaz. Volverían así a la táctica que les permitió mantenerse en las últimas generales. «Esta es la estrategia para esos comicios: la polarización extrema de ellos o nosotros».

En la Comunidad Valenciana, donde tuvo lugar el primer acercamiento entre el PP y Vox durante la investidura de Juanfran Pérez Llorca como sustituto de Carlos Mazón, el popular incluyó en su discurso críticas hacia el Pacto Verde europeo y la inmigración irregular, aunque sin concretar detalles. En Extremadura, además del Pacto Verde y la Agenda 2030, Vox exige la derogación de la Ley LGTBI regional y la eliminación de subvenciones a asociaciones vinculadas a la «ideología de género». «¡Quién sabe qué hará Vox!», afirman desde el Gobierno cuando se les consulta sobre estas negociaciones. Aunque el ascenso de Vox puede ser beneficioso o incluso fomentado para la estrategia gubernamental de debilitar al PP, su fortaleza genera inquietud y preocupación: «Existe temor ante el vacío que deja la ultraderecha, ya que desconocemos hacia dónde nos conducirá esto».

El Gobierno intenta aprovechar estas negociaciones para reforzar su estrategia de contraste de modelos, buscando de nuevo el enfrentamiento con los barones del PP, en un intento de desgastarlos desde La Moncloa. El Consejo de Ministros de esta semana aprobó un anteproyecto de ley que prohíbe la privatización de la gestión sanitaria y una revisión de la Estrategia de Desarrollo Sostenible, que incluye entre otras medidas una prestación universal por crianza de 200 euros por hijo menor de 18 años.

Sin embargo, este miércoles en el Congreso, Sánchez tuvo que enfrentar críticas de sus aliados por no actuar con suficiente contundencia contra la ultraderecha. «El Gobierno debe mostrarse valiente», expuso Verónica Martínez, portavoz de Sumar, reclamando la inmediata aprobación de la prórroga de contratos de alquiler que finalizan este año. «No hay avances significativos, señor Sánchez. La ultraderecha no causa temor por sí sola. Eso se demostró el domingo», añadió la portavoz de Bildu, Mertxe Aizpurua, exigiendo la puesta en marcha de otro plan «en clave ofensiva», con medidas sociales, económicas y laborales.

«Lo que puedan negociar PP y Vox implica involución e inestabilidad», explican desde el núcleo cercano al presidente del Gobierno. «A nuestra base electoral y a la mayoría de la ciudadanía no les preocupan temas como la inmigración o la seguridad, foco de Vox. Lo que sí les importa es la sanidad o la educación. Por ello, no debemos crear problemas ficticios y sí centrar la atención en la gestión de servicios públicos».

«Existe una ola ultra que crece constantemente. El PSOE reflexiona a diario. ¿Podemos mejorar? Seguramente sí. Pero quien no vea que nuestro problema principal es una derecha rendida, entregada y que no solo la confronta, sino que la alimenta…», comentó el ministro Óscar López, una de las figuras políticas más influyentes del Ejecutivo. «Al PP no le importa que se bloqueen comunidades, siempre que el PSOE pierda escaños y Vox siga creciendo».

Este argumento sirve en Moncloa para intentar recuperar terreno. Contraponen que su Gobierno «es uno de los más estables de Europa», mientras el PP «sumerge a España en la incertidumbre con su estrategia de desestabilizar el Ejecutivo, generando inestabilidad en los gobiernos autonómicos». Su análisis señala que el buen momento económico, al menos en términos macroeconómicos, se debe a la continuidad del Ejecutivo. «El crecimiento existe gracias a la estabilidad».

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