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Información del artículo
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- Autor, Atahualpa Amerise
- Título del autor, BBC News Mundo
- 10 febrero 2026
- Tiempo de lectura: 7 min
En el último año, más de 70.000 ciudadanos de Nueva Zelanda han emigrado al extranjero.
Aunque esta cifra podría parecer baja, representa casi el 1,4% de la población total de este país insular situado en el suroeste del océano Pacífico, que cuenta con alrededor de 5,1 millones de habitantes.
Este flujo de salida, el mayor registrado en décadas, está comenzando a causar preocupación en Nueva Zelanda.
Los emigrantes, por lo general, no eligen destinos lejanos como Europa o Estados Unidos; prefieren desplazarse en un vuelo corto hacia su destino histórico predilecto: Australia.
Este fenómeno no es reciente, pero sí lo son su intensidad y el contexto que lo rodea.
Durante décadas, Nueva Zelanda ha tenido pérdidas netas de ciudadanos moderadas, que se compensaban ampliamente con la llegada de inmigrantes.
Sin embargo, en los últimos dos años la salida de personas se ha acelerado considerablemente, coincidiendo con un mercado laboral débil y una percepción general de estancamiento en la economía.

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La comparación con Australia —país con un PIB más alto, sueldos mejores y más oportunidades laborales— se ha convertido en un tema recurrente en conversaciones diarias, redes sociales y medios de comunicación en Nueva Zelanda.
Mientras antes el emigrante típico era un joven que buscaba probar suerte por algunos años en el país vecino, ahora un número creciente de trabajadores con experiencia se mudan sin la intención definida de regresar.
Algunos expertos interpretan este cambio de paradigma y la creciente emigración como señales de que Nueva Zelanda podría enfrentarse a un fenómeno migratorio más profundo que un ciclo habitual.
Qué está ocurriendo

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Los datos evidencian que la emigración de neozelandeses ha alcanzado niveles poco comunes.
Previo a la pandemia, la pérdida neta anual de ciudadanos se mantenía estable, cerca de 3.000 personas, según cifras de la agencia oficial Stats NZ.
Entre noviembre de 2024 y octubre de 2025, más de 71.000 neozelandeses emigraron, mientras unos 26.000 regresaron, generando un saldo negativo de 45.000 habitantes.
La última ocasión en que se observaron números similares ocurrió durante los años pico de la crisis financiera global (2011-2012), cuando la migración anual negativa superó los 40.000.
Sin embargo, aquel aumento fue pasajero y directamente vinculado a la difícil situación de la época.
Lo que realmente destaca ahora, según analistas, es la persistencia del fenómeno, dado que las tasas de salida permanecen altas sin señales claras de desaceleración.

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Paul Spoonley, profesor emérito de la Universidad Massey en Nueva Zelanda, considera «alarmante» la cantidad de personas que emigran, señalando que, a pesar de que las cifras actuales se asemejan a las de la crisis financiera pasada, ahora también se observa una salida considerable de extranjeros residentes, lo cual «ha intensificado una tendencia sin indicios de freno».
Cerca del 60% de los neozelandeses que emigran se establecen en Australia, según datos oficiales recientes.
Actualmente, más de 700.000 neozelandeses —aproximadamente el 13% de la población nacional— residen en Australia, a lo que se suman unos 100.000 ciudadanos neozelandeses nacidos en el país vecino.
«Esto representa un fuerte atractivo para muchas personas con vínculos sociales allá», indicó el sociólogo Francis Collins en 1News de Nueva Zelanda.
Este movimiento migratorio se da en paralelo a una reducción en la inmigración neta: mientras que la llegada de no ciudadanos ayuda a compensar la salida de nacionales, el saldo migratorio global ha bajado significativamente desde los niveles máximos posteriores a la pandemia.
El crecimiento poblacional en Nueva Zelanda disminuyó del 2,3% registrado en 2023 a un modesto 0,7% en 2025.

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Qué los empuja a irse
El incremento en la emigración neozelandesa está motivado, en gran medida, por factores económicos.
«La principal causa de las salidas es la fragilidad del mercado laboral, con una tasa de desempleo del 5,3% —la más alta en casi diez años— sumada a fuertes recortes en el empleo público», detalla para BBC Mundo el sociólogo Paul Spoonley.
La economía ha ralentizado su crecimiento, con un aumento del PIB cercano al 1% en 2025 según estimaciones oficiales, y la pérdida del poder adquisitivo debido a que los sueldos crecen a un ritmo menor que los precios, incluidos los alimentos esenciales y la vivienda, ejerce presión sobre los hogares.
Por ello, los neozelandeses se sienten cada vez más atraídos por «los mejores salarios en otros países, así como por iniciativas de ciertos sectores y empleadores que incluyen incentivos como la cobertura de costes para la reubicación», indica Spoonley.
«Otro aspecto es la fortaleza del mercado laboral en países más grandes, que ofrecen una mayor variedad en tipos de empleo y posibilidades de progreso», añade.
Por qué escogen Australia
Australia, en particular, brinda condiciones laborales más atractivas, con un mercado de trabajo dinámico, menor desempleo y sueldos promedio significativamente superiores.
Además, ofrece beneficios extras, como pagos adicionales por horas extra, trabajo durante fines de semana y festivos, algo que no está garantizado legalmente en Nueva Zelanda.

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Un caso explicativo se encuentra en el ámbito de la salud: en Australia, el salario promedio de un enfermero registrado está entre 85.000 y 90.000 dólares australianos anuales (59.000 a 62.000 USD), según datos de Seek, y solo en el último año más de 10.000 enfermeros de Nueva Zelanda se inscribieron para trabajar allí.
También en seguridad, 212 policías abandonaron la fuerza neozelandesa de enero de 2023 a abril de 2025, de acuerdo con cifras oficiales, tras recibir indicios de interés de agencias australianas que ofrecen salarios superiores a 75.000 USD mensuales, con alojamiento gratuito o subsidios.
Los sectores de minería y construcción también son de alta demanda, impulsados por una economía australiana que creció más del 2% el año anterior y requiere mano de obra especializada.

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Quiénes se van
El perfil de las personas que emigran ha cambiado con el tiempo.
Antes, predominaban jóvenes recién salidos del colegio o graduados universitarios que buscaban oportunidades temporales en el exterior.
En la situación actual, hay una mayor proporción de personas entre 20 y 30 años.
«Esto indica que son individuos con experiencia previa en el mercado laboral neozelandés», explica el sociólogo Paul Spoonley.
También resalta que el 38% de los emigrantes son ciudadanos neozelandeses nacidos fuera del país.
«En algunas comunidades de inmigrantes, hay más personas que parten que las que arriban. Esto ocurre, por ejemplo, con ciudadanos originarios del Reino Unido», comenta.
Además, se suman jubilados que eligen reunirse con familiares en el extranjero, mayormente en Australia.

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En términos más amplios, esta tendencia refleja una realidad demográfica particular: los más de 800.000 neozelandeses y sus descendientes radicados fuera del país representan una de las diásporas más numerosas en relación con el tamaño poblacional dentro de la OCDE.
Spoonley critica que «el gobierno de Nueva Zelanda parece mostrar poco interés en vincularse con la diáspora o en aprovechar su experiencia y redes».
Respecto a las consecuencias a largo plazo, especialistas alertan que la salida continua de trabajadores experimentados puede derivar en pérdida de capital humano, menor productividad y un crecimiento económico más débil.
El gobierno ha anunciado reformas para atraer talento mediante incentivos fiscales y cambios en la regulación, aunque estas medidas están más enfocadas en captar y retener a trabajadores extranjeros altamente cualificados.
En cualquier caso, la debilitada economía neozelandesa, unida a otros factores como la ventaja comparativa de Australia en términos salariales y oportunidades, presenta grandes retos para revertir la tendencia creciente de jóvenes que buscan nuevos horizontes en el exterior.

