Los embalses en España alcanzan un nivel del 77,34 % de su capacidad al 12 de febrero

La reserva hídrica en el país aumentó un 10,05 % respecto a la semana anterior, según el Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico

Por Infobae Noticias

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Los embalses de agua en España cuentan con una capacidad total de 56.043 hm3, pero en este momento se encuentran llenos en un 77,34 %, según la última actualización del Boletín Hidrológico Peninsular, publicada por el Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico (Miteco).

Los datos oficiales reflejan que la cantidad de agua almacenada aumentó en comparación con la semana anterior.

La gestión de los embalses en España está condicionada por periodos alternos de sequía y lluvias intensas, lo que convierte la previsión en una tarea fundamental debido a la repercusión del agua en la vida diaria y en distintos sectores industriales.

Situación general de los embalses de España

Fecha: jueves 12 de febrero de 2026.

Capacidad: 56.043 hm3.

Volumen total de agua embalsada: 43.341 hm3.

Porcentaje de agua almacenada: 77,34 %.

Incremento respecto a la semana pasada: 5.634 hm3.

Incremento porcentual semanal: 10,05 %.

Volumen de agua embalsada hace un año: 32.583 hm3.

Porcentaje de agua embalsada hace un año: 58,14 %.

Estado actual de los embalses peninsulares

 Los embalses de agua

Andalucía: 77,02%.

Aragón: 73,18%.

Asturias: 91,01%.

C. Valenciana: 47,19%.

Cantabria P. Vasco La Rioja: 62,44%.

Castilla-La Mancha: 60,12%.

Cataluña: 86,46%.

Comunidad de Castilla y León: 76,16%.

Extremadura: 86,95%.

Galicia: 90,31%.

Murcia: 31,08%.

Navarra: 73,11%.

Consejos para ahorrar agua en el jardín

Independientemente del nivel actual de los embalses en España, es fundamental hacer un uso responsable del agua. Por esta razón, el Miteco ha publicado una serie de recomendaciones para reducir el consumo de agua en los hogares, enfocándose especialmente en el jardín.

En viviendas unifamiliares con jardín, el consumo de agua puede ser entre 2 y 5 veces mayor que en pisos. Por lo tanto, el jardín representa un uso significativo de agua. Sin embargo, existen formas de disminuir este consumo.

Una de las medidas más prácticas para bajar el gasto de agua en el jardín consiste en elegir plantas que requieran poco riego o que, tras haberse establecido adecuadamente, no necesiten riego frecuente. Esto no implica llenar el jardín únicamente con cactus o chumberas.

De hecho, la mayoría de las especies típicas en nuestros jardines mediterráneos, como árboles, arbustos y matas, demandan poca agua para su mantenimiento.

Por lo general, más de dos tercios del agua utilizada en un jardín se destinan al césped. Por lo tanto, el césped suele ser el mayor consumidor de agua en los jardines actuales. Reducir su superficie es la manera más efectiva y segura para disminuir el uso de agua.

Cubrir áreas del jardín con materiales naturales, tales como piedras, grava o corteza de árbol, disminuye considerablemente el consumo de agua y aporta efectos estéticos agradables. Estos recubrimientos evitan el calentamiento excesivo del suelo, protegen contra el viento y la erosión, previenen la aparición de malas hierbas, y permiten ocultar los sistemas de riego.

Los sistemas de riego localizado entregan agua a las plantas mediante “goteros” que funcionan a baja presión. Estos mecanismos permiten suministrar a cada planta la cantidad exacta necesaria, evitando pérdidas por evaporación. Por eso, consumen entre la mitad y una cuarta parte del agua que usaría un riego por aspersión.

El agua de lluvia captada en tejados y patios puede aprovecharse para regar el jardín. Tras ser recogida por canalones o sistemas de drenaje, puede conducir a un pequeño depósito para su almacenamiento y posterior uso.

Un depósito semienterrado resulta ideal para almacenar el agua pluvial, aunque también pueden emplearse otros recipientes como toneles, bidones o bañeras antiguas. Conviene situar el depósito en un lugar elevado dentro de la parcela, para facilitar el riego por gravedad.

Es recomendable regar durante las horas más frescas del día para evitar pérdidas por evaporación y proteger a las plantas. Además, un riego excesivo puede hacer que las plantas se vuelvan menos resistentes a la sequía y más propensas a enfermedades.

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