Según el letrado, la mayoría de trabajadores no otorga gran relevancia a una sanción disciplinaria si no conlleva una pérdida económica inmediata

En el ámbito laboral, los conflictos no suelen comenzar mediante un despido directo, sino con pequeños actos o decisiones internas que el trabajador pasa por alto. Esto es precisamente lo que señala Juanma Lorente, abogado especializado en derecho laboral: algunas empresas podrían estar planificando un despido “sin coste” para ellas, mientras el empleado permanece ajeno, valiéndose de procedimientos aparentemente menores como las sanciones escritas.
Según Lorente, la mayoría de los trabajadores no concede demasiada importancia a una sanción disciplinaria si esta no implica un perjuicio económico inmediato. En otras palabras, si la empresa no suspende empleo y sueldo, no recorta días laborables ni afecta la nómina directamente, entonces muchas personas tienden a ignorarla. No obstante, este enfoque puede tener consecuencias negativas a medio plazo.
En diversos convenios colectivos, incluso para sanciones consideradas graves, la empresa puede optar únicamente por emitir una amonestación escrita. A simple vista, esto puede parecer algo simbólico, pero la advertencia del abogado es que dichas amonestaciones no son inofensivas. Quedan archivadas, integran el historial disciplinario del trabajador y pueden ser utilizadas como argumento clave para respaldar un despido posterior.
Lorente lo explica con claridad: cuando un empleado recibe una sanción y decide no impugnarla, equivale a admitir que esa sanción es válida. Aunque internamente no la acepte, piense que es injusta o desproporcionada, el hecho de no actuar legalmente permite a la empresa interpretar esa inacción como conformidad, lo cual puede resultar en un perjuicio en futuros procesos judiciales.
El riesgo surge cuando la empresa comienza a acumular múltiples sanciones de esta clase. Una amonestación aislada puede no tener consecuencias relevantes, pero la repetición de sanciones –aunque sean “menores”– puede terminar consolidando la base para un despido disciplinario. Aquí radica la importancia: un despido disciplinario justificado no obliga a pagar indemnización.
Despedirte sin pagarte nada
Muchos trabajadores enfrentan diversas dificultades cuando son despedidos. Los despidos improcedentes son una práctica habitual y aquí se detalla en qué consisten.
Esto significa que la empresa puede despedirte sin pagarte nada, amparándose en la existencia de comportamientos reiterados sancionados previamente. Y aunque el trabajador decida impugnar el despido, el abogado advierte que será mucho más complicado que se declare improcedente si ya posee un historial de sanciones no recurridas.
Juanma Lorente pone un ejemplo claro: si la indemnización correspondiente fuera de 12.000, 13.000 o 14.000 euros, esa suma es la que se ahorra la empresa al lograr justificar el despido por reiteración de faltas. Todo ello debido a la falta de actuación frente a las primeras sanciones, que parecían “sin importancia”.
Por eso, la recomendación principal del abogado es que cualquier sanción escrita debe ser tomada con seriedad, incluso si no implica un impacto económico inmediato. Una amonestación puede ser el inicio de un proceso largo. No se trata de vivir en estado de alerta constante, pero sí de comprender que en el derecho laboral cada documento tiene relevancia y cada silencio puede interpretarse como aceptación.
El abogado subraya también que muchas veces la dificultad no radica solo en las acciones de la empresa para intentar prescindir de un empleado, sino en lo que el trabajador pasa por alto creyendo que “no es importante”, cuando en realidad todo queda documentado.

