José Manuel Jurado (39), exfutbolista, destaca su confianza en el sector inmobiliario para sus inversiones

José Manuel Jurado, durante un partido con el Real Madrid. Ante su desconocimiento en el ámbito empresarial, el gaditano contó con el apoyo de asesores para desarrollar múltiples proyectos.

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José Manuel Jurado fue uno de esos mediocampistas elegantes que se desplazaban entre líneas con una habilidad natural, formado en las categorías inferiores del Real Madrid, destacado en el Atlético y con una carrera repartida por varios países de Europa y Asia.

Después de retirarse en 2020, cambió las luces de los grandes estadios por una existencia más sosegada junto a su familia, dedicándose a los caballos en El Rocío y emprendiendo en un nuevo campo: las inversiones.

Desde ese enfoque, participó en el podcast Los Fulanos, mostrando una actitud reflexiva, autocrítica y, sobre todo, cautelosa con los recursos económicos obtenidos durante su trayectoria.

En el espacio, Jurado indicaba que su patrimonio no se sustentaba en una única inversión significativa, sino en «un poquito de varias cosas», combinando inversiones en inmuebles, participaciones en empresas y productos financieros.

Confesaba que, una vez dejado el fútbol, buscaba «proyectos que resultaran interesantes», desde bienes raíces hasta propuestas empresariales, siempre con el objetivo de diversificar y no depender de una única fuente de ingresos.

Jurado celebra un gol con el Atlético de Madrid.

Jurado celebra un gol con el Atlético de Madrid.

Este planteamiento, comentaba, le permitía conservar una estabilidad necesaria mientras disfrutaba del tiempo con sus seres queridos y sus aficiones alejadas del terreno de juego.

Jurado remarcaba que su enfoque como inversor se basaba en un principio muy claro: reconocer los límites propios. «Hay que ser inteligente y saber que has sido futbolista y no puedes dominar todos los ámbitos«, afirmaba, apoyando la máxima de «zapatero, a tus zapatos».

Fiel a sus ideas

Por ello, enfatizaba que no contempló la opción de convertirse en empresario «al mismo tiempo» que jugador ni pretendió ser un experto en todas las áreas de forma inmediata.

Aceptaba que su conocimiento profundo estaba en el campo y, fuera de él, consideraba más prudente contar con profesionales que suplieran sus carencias.

«Me respaldo en los mejores», resumía al abordar cómo tomaba sus decisiones financieras. Explicaba que recurría a asesores especializados en distintos sectores: desde expertos en bienes raíces hasta profesionales financieros que le orientaban en la evaluación de riesgos y proyecciones de cada oportunidad.

Lejos del estereotipo del exfutbolista que improvisa en los negocios, Jurado describía un método colaborativo, en el que escuchaba, contrastaba opiniones y «tomaba decisiones colectivas», procurando siempre que cada paso se fundamentara en criterios técnicos, no en impulsos.

Si había un campo donde se sentía especialmente seguro, era el inmobiliario. «El sector en el que más a gusto me encuentro es el de los inmuebles», reconocía, haciendo referencia a la seguridad que ese sector le ofrecía frente a la volatilidad de otros activos.

La adquisición de propiedades para alquiler o revalorización a medio plazo se había convertido en la base principal de su estrategia, complementada con inversiones menores en proyectos empresariales.

Desde esta visión, el gaditano representa a una generación de exfutbolistas que aprendieron a mirar más allá del último contrato, construyendo un patrimonio menos ostentoso que una portada, pero más sólido que una ovación efímera.

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