Ciertas zonas de Barcelona albergan vías que funcionan como auténticos depósitos de memoria histórica. Para localizarlas, es necesario desplazarse fuera del núcleo urbano convencional y dirigirse hacia las faldas de Collserola. En el distrito de Horta-Guinardó se sitúa una calle cuya fisonomía rompe con la estética moderna de la ciudad: la calle de Aiguafreda. Este paso estrecho destaca por haber preservado, casi intactos, pozos de agua que datan originalmente del siglo XVII.
Las casas de las lavanderas
El paisaje de Aiguafreda está definido por una hilera de viviendas bajas y singulares. Estas construcciones son conocidas popularmente como las «casas de las lavanderas». Durante generaciones, las mujeres del barrio utilizaron estos espacios no solo para realizar las tareas domésticas propias, sino como un eje de actividad económica fundamental para sus familias.
Desde los inicios del siglo XVII hasta bien avanzado el siglo XX, Horta desarrolló una industria doméstica dedicada al lavado de prendas. El flujo de trabajo seguía un calendario semanal riguroso:
- Lunes: La ropa sucia de las familias acomodadas de Barcelona llegaba al barrio a través de la carretera que conectaba la ciudad con Horta.
- Semana: Las lavanderas procesaban las prendas utilizando los pozos privados y los lavaderos anexos a las casas.
- Sábados: Una vez limpias, las piezas de ropa se transportaban de regreso a sus propietarios en el centro de la urbe.
Esta actividad permitía a los hogares de la zona obtener ingresos complementarios, aprovechando la abundancia de agua en este sector cercano a la montaña y la demanda de servicios de las clases altas que no realizaban estas labores de limpieza en sus propios domicilios.
Un espacio compartido entre vecinos y visitantes
A pesar de su apariencia de pasaje privado o recinto cerrado, la calle de Aiguafreda es de acceso público. Su preservación permite observar una arquitectura que ha resistido la transformación urbanística de la Barcelona contemporánea. No obstante, al tratarse de una zona residencial habitada, se requiere que los visitantes mantengan una conducta respetuosa. El entorno demanda un silencio acorde al descanso de los vecinos, quienes mantienen viva la esencia de este enclave histórico.

