España se ha consolidado como el foco principal de la llegada de narcosubmarinos que trasladan cocaína hacia Europa, según un estudio de Europol.
El empleo de semisumergibles y tecnologías recientes, tales como drones y globos de helio, ha aumentado considerablemente entre las organizaciones criminales dedicadas al tráfico de drogas.
Las agrupaciones latinoamericanas cooperan con bandas europeas como el Cártel de Los Balcanes y la Mocro Maffia para transportar grandes cargamentos de cocaína mediante rutas marítimas hacia España.
El río Guadalquivir y la costa de Andalucía se han convertido en zonas estratégicas para la entrada y distribución de cocaína, observándose un aumento de la violencia y la actividad criminal en estas áreas.
El tráfico de cocaína hacia Europa, en particular hacia España, sigue creciendo «a niveles sin precedentes». La costa peninsular se ha establecido como el núcleo principal para la llegada de narcosubmarinos.
Esto se desprende del más reciente informe de Europol, Diversificación del tráfico marítimo de cocaína: métodos operativos, al que este medio ha tenido acceso.
El documento indica que España no constituye el destino exclusivo, sino que funciona como punto de entrada, tránsito y redistribución dentro del continente.
«El uso de embarcaciones semisumergibles para el transporte de cocaína hacia Europa se ha elevado de forma notable en los últimos años», expone.
A pesar de los logros policiales, la situación sigue siendo preocupante: «Las redes criminales ya emplean drones y globos de helio para traficar con bienes ilegales, además de drones submarinos».
Asimismo, Europol considera que la delincuencia organizada continuará perfeccionando sus tecnologías. «Por ello, es probable que los semisumergibles autónomos, equipados con antenas y módem, ya sean capaces de cruzar el Atlántico sin tripulación».
España es el destino principal de los narcosubmarinos operados por organizaciones latinoamericanas que colaboran con bandas como el Cártel de Los Balcanes o la Mocro Maffia.
El informe, basado en datos de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado y otras policías europeas, destaca que estas embarcaciones pueden transportar varias toneladas de cocaína en travesías oceánicas y que, tras la entrega, «frecuentemente son abandonadas o hundidas deliberadamente para eliminar evidencias».
Evolución acelerada
Este fenómeno solía ser marginal hasta hace unos años. Antes de 2019, cuando se interceptó el primer narcosubmarino en las costas gallegas, esta modalidad de transporte de droga por el Atlántico era casi una leyenda que los especialistas en lucha contra el narcotráfico difícilmente lograban descubrir.
Desde entonces, la Policía Nacional, la Guardia Civil y el Servicio de Vigilancia Aduanera de la Agencia Tributaria han detenido al menos 6 narcosubmarinos cargados de cocaína.
Recientemente, otra unidad de la Policía Judicial de Portugal interceptó una embarcación en Las Azores con 9 toneladas de droga a bordo.
Estas incautaciones recientes de semisumergibles «demuestran la diversidad y el nivel técnico de estas naves» y de los grupos criminales que las emplean.
«La transición hacia transferencias marítimas, semisumergibles y ocultación a gran profundidad ha generado nuevos puntos ciegos en los sistemas de vigilancia marítima, rastreo financiero e inspección. Cada innovación aplicada por las redes criminales explota las vulnerabilidades en la coordinación entre tecnología policial e instituciones».
Durante décadas, los principales puertos del norte de Europa, como Amberes o Róterdam, recibieron gran parte de los esfuerzos policiales.
El endurecimiento de los controles produjo un efecto directo: las organizaciones criminales han buscado rutas alternativas más flexibles. El mar, especialmente el Atlántico, vuelve a tener protagonismo. Y con ello, las largas costas españolas.
El informe de Europol destaca que una tendencia muy relevante es el aumento de operaciones de transferencia en alta mar.
Grandes cargamentos de cocaína zarpan desde América Latina en buques nodriza (ya sean pesqueros, mercantes o embarcaciones adaptadas específicamente) y son luego transferidos, lejos de la costa, a embarcaciones más pequeñas.
Estas maniobras, realizadas a cientos de kilómetros de tierra, complican su detección y brindan una gran flexibilidad logística.
En este contexto, España adquiere especial importancia. Europol señala que muchas de las transferencias efectuadas en el Atlántico Sur concluyen en la península ibérica.
Las redes criminales han incrementado notablemente el uso de narcolanchas, con alta capacidad de carga y diseñadas para operar a largas distancias de la costa.
Según el informe, estas embarcaciones pueden mantenerse hasta 100 millas náuticas mar adentro durante varios días, gracias a un respaldo logístico que incorpora combustible, sistemas de comunicación y equipos de navegación avanzados.
Al llegar a la costa, Andalucía se presenta como un punto crucial de ingreso. El documento de Europol señala específicamente el empleo del río Guadalquivir como ruta de penetración.
«Una vez en la costa andaluza, las redes criminales usan el río Guadalquivir para trasladar la cocaína hacia el interior y distribuirla. Esta ruta atrae a nuevos actores delictivos a la zona, junto con la capacidad y disposición para utilizar la violencia con el fin de proteger sus intereses», indica Europol.
La agencia policial europea recoge así las alertas de unidades como la UDYCO Central de la Policía Nacional o la UCO de la Guardia Civil, que llevan más de un año advirtiendo que el río se ha convertido en «una verdadera autopista de la droga».

