El Grupo Socialista recupera el escaño del exministro, pero sigue dependiendo de Puigdemont y Belarra

La renuncia al escaño de José Luis Ábalos, debido a su permanencia en prisión, devuelve al Congreso a la mañana del 27 de febrero de 2024, cuando el exministro de Transportes estaba en el grupo del PSOE y contaba con 121 diputados. Este restablecimiento del resultado original de las elecciones generales de 2023 afecta a una de las cuentas para formar mayorías en la Cámara, aunque lo esencial para el Gobierno de coalición permanece sin cambios. Pedro Sánchez continúa dependiendo completamente de las decisiones de dos partidos: Junts y Podemos. Sin embargo, ahora existe una combinación nueva, hasta entonces inviable: el Ejecutivo ganará la votación si los independentistas catalanes optan por abstenerse y todos los socios de la investidura apoyan al PSOE.
Este cambio, lejos de ser trivial, es significativo, ya que en política negociar un voto favorable no es igual que negociar una abstención. El coste es menor. Por tanto, el Gobierno se beneficia de un cierto respiro, aunque la actitud de Junts sigue generando desconfianza, dado que apuesta por presionar a Sánchez con el máximo rigor.
Esta posible nueva mayoría, basada en la abstención de Junts, suma 172 votos. En este cálculo debe incluirse Podemos, al igual que todos y cada uno de los demás socios de la investidura, desde ERC hasta Coalición Canaria. En conjunto, neutralizan por apenas un voto los 171 que suman PP (137), Vox (33) y UPN (1), los tres partidos que conforman el bloque opositor. Este bloque ha demostrado una cohesión firme durante la legislatura frente a un bloque de investidura que, con frecuencia, ha estado fragmentado y que en los últimos tiempos se ha roto en pedazos.
El incremento de 120 a 121 escaños para el PSOE no modifica la dependencia total que Sánchez mantiene respecto a Junts y Podemos. Los independentistas catalanes, que ideológicamente se sitúan a la derecha, pueden hacer caer al Gobierno si se alinean con la oposición, con la que comparten afinidad en numerosos asuntos económicos y sociales. Basta remontarse a anteayer para ilustrarlo: Junts fue clave para tumbar el decreto ómnibus del Gobierno, que incluía la revalorización de las pensiones y medidas del llamado escudo social.

Los catalanes, junto a PP, Vox y UPN, suman 178 escaños, dejando en minoría los 172 votos que el Gobierno podría reunir en el mejor de los casos —sin abstenciones—. Como anteayer el escaño de Ábalos no contaba, porque el exministro y dirigente socialista no podía votar, el resultado del ómnibus fue de 178 votos en contra y 171 a favor.
La entrada en prisión de Ábalos había privado al hasta entonces diputado del Grupo Mixto de todos sus derechos parlamentarios. Los más relevantes son el voto, el cobro de su sueldo público y la capacidad para presentar iniciativas. Esta situación dejaba al Congreso con 349 diputados para votar. Ahora, con su renuncia, el pleno vuelve a contar con 350 escaños.
El hecho de que haya un número par puede provocar empates. Esto es precisamente lo que ocurre cuando se subraya la relevancia de Podemos. Los morados cuentan con una carta decisiva para derribar las iniciativas del Gobierno. Si votan en contra y se suman al bloque opositor, el resultado sería 175 escaños: los 171 de dicho bloque más los cuatro parlamentarios de Podemos. Enfrente, el Gobierno alcanzaría un máximo de 175 votos, contando, por supuesto, con Junts. Con la suspensión de Ábalos, Podemos aseguraba una victoria de 175 a 174.
No obstante, esta modificación no altera la influencia de Podemos. ¿Por qué un empate es crucial? Porque representa una mayoría de bloqueo. Cada votación que termina en empate se repite hasta dos veces más. Si el resultado persiste en las tres ocasiones, como suele suceder salvo error, la iniciativa se considera rechazada automáticamente. Esto implica que Podemos puede rechazar lo que desee si PP, Vox y UPN también votan en contra, independientemente de la postura que adopte Junts en esa votación.
Un ejemplo evidente es la votación de la propuesta que pretendía delegar las competencias de inmigración a Cataluña. Podemos se opuso a dicha propuesta al considerar que la exposición de motivos era «racista», y la iniciativa fue finalmente rechazada. Es cierto que dos diputados de Sumar, conscientes de que no eran determinantes, ayudaron a transformar ese empate en una derrota formal. Fueron Ibáñez (Compromís) y Pueyo (Chunta), aunque el destino de la propuesta de ley ya estaba decidido.
Toda esta aritmética tan compleja explica por qué la legislatura resulta tan complicada para el Gobierno. Aquí radica la razón por la que no hay Presupuestos Generales del Estado. Reunir a tantos partidos y tantos intereses supone un desafío enorme. Sánchez no sólo debe obtener los siete votos de Junts, sino también los cuatro de Podemos. Las condiciones de ambos son sumamente difíciles de cumplir. Los morados exigen revertir el aumento en defensa comprometido con la OTAN, reducir drásticamente por ley los precios del alquiler y romper todas las relaciones con Israel.

