Durante la misa funeral por las víctimas del accidente ferroviario de Adamuz, el arzobispo de Madrid, José Cobo, instó a superar los «búnkeres ideológicos».
La ceremonia en la Catedral de la Almudena se desarrolló con gran solemnidad, contando con la presencia principalmente de representantes del Partido Popular y una participación política reducida de otros partidos.
Cobo subrayó la relevancia de fortalecer los lazos y transmitió un mensaje de unidad y responsabilidad ante el sufrimiento colectivo, haciendo memoria de las víctimas y sus familiares.
La homilía tuvo lugar en un ambiente marcado por una profunda división institucional y política, aunque durante el acto litúrgico se suspendieron las habituales tensiones entre los distintos representantes políticos.
El arzobispo de Madrid, José Cobo, utilizó la homilía de la misa funeral celebrada este jueves en la Catedral de la Almudena por las víctimas del accidente ferroviario de Adamuz para enviar un mensaje que trascendió lo estrictamente religioso y abordó directamente el clima político que rodea la gestión de la tragedia ferroviaria.
«Cuando reconocemos nuestra fragilidad y nos presentamos ante Dios, asumimos nuestra responsabilidad porque comprendemos que estamos llamados a cuidarnos mutuamente, no a confrontarnos ni a encerrarnos en nuestros propios búnkeres personales o ideológicos», afirmó desde el altar mayor.
Estas palabras se pronunciaron en medio de una visible fractura institucional y política, que también se reflejó en los actos de homenaje a las víctimas. Mientras que en la misa funeral organizada por la Diócesis de Huelva los ministros del PSOE accedieron por una entrada secundaria al pabellón Carolina Marín, en Madrid la ceremonia se desarrolló con solemnidad y con una representación política limitada casi exclusivamente al Partido Popular.
Frente a una Catedral de la Almudena colmada, Cobo señaló que, ante el sufrimiento, la Iglesia «no pretende ofrecer respuestas inmediatas, sino compartir el peso del duelo».
El máximo representante religioso en Madrid recordó a las víctimas madrileñas fallecidas —Samuel, Jesús, Trinidad, Pablo, Mari Carmen y Francisco Javier—, así como a los heridos que continúan con su recuperación, evocando «el inquietante silencio del Sábado Santo» que sigue a una muerte inesperada.
«Jesús no ignoró el dolor, se detuvo y tocó la herida. Él mismo sufrió una muerte injusta y prematura, por lo que comprende nuestras impotencias», afirmó, para luego enfatizar que «lo que aprendemos hoy es la necesidad de cuidar los vínculos».
La misa funeral fue organizada conjuntamente por las diócesis más importantes de la región —Alcalá de Henares y Getafe— junto al Arzobispado de Madrid.
Por ello, el obispo de Getafe inició la ceremonia con palabras cargadas de proximidad personal al hecho, siendo oriundo de un pueblo cordobés, y se dirigió directamente al hermano de uno de los fallecidos, alcalde de Carabaña, que estaba presente en la catedral junto a su madre, tras haber perdido a su hermano.
El oficio comenzó con toda solemnidad, la Catedral de la Almudena estaba completamente llena y reinaba un silencio absoluto. Como es tradición en funerales, se entonó el salmo responsorial 22, «El Señor es mi pastor, nada me falta».
Los aplausos a las autoridades no se escucharon hasta el final, cuando la misa ya había terminado y la presidenta de la Comunidad de Madrid salió a la calle.
Las primeras autoridades que ingresaron al templo fueron la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso; el presidente del Senado, Pedro Rollán; el presidente de la Asamblea de Madrid, Enrique Ossorio; y el alcalde de Madrid, José Luis Martínez-Almeida.
Estuvieron acompañados por numerosos consejeros autonómicos, concejales del Ayuntamiento y diputados del PP, entre ellos su secretario general, Alfonso Serrano.
Además, asistieron Javier Ortega Smith, de Vox, y Reyes Maroto, del PSOE, como los únicos representantes de otros grupos políticos en el Consistorio. En otras palabras, no hubo presencia de ningún miembro de la oposición a Ayuso en la Asamblea de Madrid.
El delegado del Gobierno llegó posteriormente al templo, no fue recibido por las autoridades autonómicas y tuvo que abrirse paso hasta el banco reservado para las autoridades, donde pidió sitio entre Enrique Ossorio y el alcalde de Madrid.
Durante la ceremonia, todas las miradas se posaron en la bancada institucional al momento del rito de la paz. Según ha confirmado EL ESPAÑOL, el delegado del Gobierno sí tuvo un intercambio de gestos con sus allegados más próximos, Enrique Ossorio y José Luis Martínez-Almeida.
Un detalle cargado de simbolismo en medio de un conflicto persistente entre el delegado y el Ejecutivo de Isabel Díaz Ayuso, quien rara vez asiste a eventos organizados por la Comunidad de Madrid.
La tensión, al menos durante la liturgia, quedó en suspenso bajo el mensaje del arzobispo: frente al dolor compartido, enfatizó, no existen trincheras ni búnkeres ideológicos.

