Regreso inesperado de especies de aves perdidas a las Islas Galápagos tras 200 años

Rascón de Galápagos

Fuente de la imagen, Carlos Espinosa

    • Autor, Sophie Hardach
    • Título del autor, BBC Future*
  • 25 enero 2026
  • Tiempo de lectura: 10 min

Durante casi dos siglos, el rascón de Galápagos (también conocido como burrito, polluela o pachay de Galápagos) permaneció ausente en Floreana. Considerado extinto en esta pequeña isla habitada del archipiélago ecuatoriano, este tímido pájaro, con una capacidad casi nula para volar, todavía habita en algunas de las otras islas. No obstante, la última vez que se documentó su presencia en Floreana fue en 1835, durante la visita de Charles Darwin.

Este año, luego de la erradicación de ratas y gatos salvajes en Floreana, el ave ha sorprendido a los conservacionistas con su inesperado retorno a la isla.

El modo en que retornó esta especie perdida sigue siendo un enigma. Otras aves en peligro también han mostrado signos de recuperación, algunas entonando cantos nuevos que jamás antes se habían escuchado en la isla. Esta transformación aporta datos frescos sobre cómo un ambiente más protegido, casi libre de depredadores, puede favorecer que los animales exploren y desarrollen nuevas conductas, según los científicos.

"La aparición del rascón de Galápagos fue completamente inesperada para mí", coincide Paula Castaño, veterinaria especializada en vida silvestre que trabaja con Island Conservation, una de las organizaciones de restauración en Floreana.

"Simplemente apareció" en Floreana, comenta, añadiendo que quizá se mantuvo como una población pequeña, oculta y sin ser detectada durante todo este tiempo.

"(Los rascones) resurgieron y ahora es común verlos andando por la isla. Se oyen y se observan; es algo increíble", comenta Paola Sangolquí, bióloga marina de la Fundación para la Conservación Jocotoco, que también participa en el proyecto de restauración.

La reaparición del rascón forma parte de un fenómeno que los especialistas describen como una revitalización notable de la vida silvestre en Floreana, tras la eliminación de depredadores invasores que habían destruido las especies nativas.

"Se trata de un crecimiento repentino de estas especies, que hasta el año pasado se consideraban sumamente escasas", señala Sonia Kleindorfer, bióloga del comportamiento de la Universidad de Viena, quien junto a su equipo lleva dos décadas estudiando varias especies de pinzones en Floreana y otras islas.

"Es una recuperación sorprendente y rápida", añade.

Iguanas marinas en Floreana.

Fuente de la imagen, Carlos Espinosa

A finales de 2023, después de una década de trabajos previos, se erradicaron las ratas y los gatos asilvestrados como parte del proyecto para restaurar el ecosistema originario de Floreana.

Para 2025, los censos de aves mostraron que numerosas especies previamente raras —incluyendo palomas de Galápagos, lagartijas de lava, gecos y el cuclillo de pico oscuro— se avistaron con mayor frecuencia, explica Birgit Fessl, investigadora principal en conservación de aves terrestres en la Fundación Charles Darwin, participante en el proyecto de restauración.

"Pero el descubrimiento más emocionante fue la reaparición del rascón de Galápagos", señala Fessl. "Esta ave no se había documentado en Floreana durante siglos; la única evidencia histórica era un ejemplar recolectado por Darwin."

En los próximos años se planea reintroducir 12 especies que existían en Floreana durante la visita de Darwin, pero que desaparecieron localmente.

Esto incluye varias aves y tortugas gigantes, que serán trasladadas desde programas de reproducción en cautiverio y otras islas donde aún sobreviven. El proyecto está liderado por la Dirección del Parque Nacional Galápagos y ejecutado por Jocotoco, Island Conservation, la Fundación Charles Darwin y sus colaboradores.

Incluso antes de iniciar las reintroducciones esperadas para este año, los científicos que estudian Floreana afirman que la isla ya experimenta cambios sorprendentes, brindando una oportunidad única para observar en directo cómo los ecosistemas pueden restaurarse.

Esto se suma a historias de recuperación similares en otras partes del archipiélago, como en la isla Pinzón, donde la tortuga gigante estuvo al borde de la extinción debido a la depredación de crías por ratas, pero ahora su población crece conforme más crías sobreviven.

Tres investigadores caminan por un sendero en la isla Floreana.

Fuente de la imagen, Carlos Espinosa

Un "caso clásico de evolución"

"Nada podría parecer menos atractivo que la primera impresión (de las Islas Galápagos)", escribió Charles Darwin al llegar a bordo del Beagle en septiembre de 1835. "Incluso pensamos que los arbustos tenían un olor desagradable".

Aunque este inicio fue desalentador, las islas tuvieron un impacto fundamental en el legado más trascendental de Darwin: su teoría sobre la evolución de las especies. Las aves que documentó, más de diez especies de pinzones—ahora conocidos como los pinzones de Darwin—y tres especies de sinsontes, resultaron ser pruebas especialmente valiosas.

"Las islas Galápagos son un ejemplo magnífico y clásico de la evolución en acción", indica Frank Sulloway, historiador de la ciencia y profesor adjunto en el departamento de psicología de la Universidad de California, Berkeley, especialista en la vida y teorías de Darwin.

Este archipiélago, formado por islas muy cercanas entre sí, alberga distintas especies de sinsontes, iguanas terrestres, lagartijas de lava y pinzones, explica Sulloway. Gracias a un proceso denominado selección natural, cada especie ha podido adaptarse a las condiciones ambientales específicas de su isla.

Por ejemplo, los pinzones de Darwin evolucionaron a partir de un ancestro común y desarrollaron picos de formas diversas, adaptados a distintas fuentes de alimento. (Aunque fue solo luego de regresar a Londres y consultar con el ornitólogo John Gould que Darwin alcanzó estas conclusiones, señala Sulloway).

Además, Darwin observó que ratas, ratones y gatos salvajes ya representaban una amenaza para la fauna insular en todo el mundo, incluido el archipiélago, describiendo a estos depredadores como una "gran plaga" introducida por el ser humano.

La introducción de un nuevo depredador, como la rata, modifica el ecosistema, obligando a las especies nativas a adaptarse o extinguirse, agrega Sulloway. Eso fue lo que ocurrió en Galápagos.

"Tal como Darwin imaginó, al introducir especies foráneas se altera un sistema estable y se empiezan a manifestar los principios de la evolución".

Crías de tortugas

Fuente de la imagen, Getty Images

Para la década de 2000, las especies invasoras ya habían devastado el archipiélago, poniendo en peligro a las especies nativas y llevando a la extinción local de varias de ellas.

Entre ratas y gatos, consumieron crías de tortugas, aves adultas y polluelos, lagartijas y iguanas, incluso caracoles. En Floreana, el rascón de Galápagos, la tortuga y el sinsonte de Floreana estuvieron entre las especies desaparecidas.

Un estudio de 2017 reveló que cerca de la mitad de las especies de aves terrestres originalmente presentes en Floreana habían desaparecido.

"La erradicación de gatos y roedores en Floreana se inició a finales de 2023", comenta Fessl.

Se aplicaron venenos desde aeronaves y manualmente. Los investigadores monitorearon las aves de la isla antes y después de la operación (como medida cautelar, algunas especies nativas fueron removidas temporalmente durante la erradicación). Se planea una segunda fase para eliminar las ratas y ratones remanentes antes de fin de 2026.

Cantos experimentales de pinzones

El retorno del rascón perdido no fue la única sorpresa para los científicos. Lo más sorprendente es que, ahora libres de depredadores, algunos pinzones de Floreana comienzan a interpretar cantos totalmente nuevos, comenta Kleindorfer.

Ella y su equipo llevan alrededor de 20 años estudiando los pinzones de Darwin en Floreana y otras islas, con más de 8.000 grabaciones de sus cantos, los cuales forman parte de un repertorio limitado. Floreana albergaba originalmente nueve especies de pinzones de Darwin, explica, de las cuales cuatro han desaparecido localmente en el último siglo.

Las poblaciones restantes en Floreana envejecían y todas interpretaban un conjunto constante de canciones.

Pero este año, Kleindorfer notó cómo los pinzones jóvenes comenzaban a probar melodías totalmente diferentes.

Algunos juveniles eliminan sílabas y extraen zumbidos de canciones antiguas, transformándolas en melodías inéditas.

¿Qué está ocurriendo?

Pachay

Fuente de la imagen, Carlos Espinosa

Para explicar este cambio, Kleindorfer pinta un panorama sombrío de cómo era la vida para un pinzón antes de la eliminación de ratas y gatos.

"Cuando revisábamos los nidos, muchas veces veíamos ratas observando", comenta. "Estaban en los nidos, escalando árboles; la isla estaba completamente invadida por ellas. Incluso entraban en nuestras tiendas de campaña."

El pinzón arborícola mediano padecía especialmente, ya que sus nidos estaban a una altura vulnerable para todos los depredadores isleños, incluyendo a los búhos nativos.

Esta especie además fue afectada por un parásito llamado mosca vampiro aviar, cuyas larvas se alimentaban de los picos de las crías, deformando sus fosas nasales. La anemia y deformación impedían que los pinzones cantaran correctamente, afectando su capacidad para encontrar pareja y causando la muerte de muchos polluelos.

"Los nidos eran destruidos por ratas durante la incubación, los polluelos eran devorados vivos por la mosca vampiro, o los pocos sobrevivientes, cuyas padres construían nidos lejos del tronco para evitar ratas, eran cazados por los búhos", explica.

"Por eso, muy pocos polluelos del pinzón arborícola mediano sobrevivían; la especie estaba en peligro crítico. Era una situación desesperada."

Esa realidad ha cambiado radicalmente: la isla está casi libre de depredadores. Ratas y gatos salvajes han sido erradicados. Los búhos autóctonos se retiraron temporalmente para evitar que consumieran cadáveres de ratas envenenadas. Se combate la mosca vampiro fumigando nidos y proporcionando material de anidación con insecticida, comenta Kleindorfer.

Pelicano

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Como consecuencia, los datos de monitoreo de este año evidencian un cambio significativo en la evolución de los pinzones, según Kleindorfer: "¿Qué observamos? Buenas noticias: una crianza exitosa que es impresionante. Nunca habíamos registrado tantos nidos con polluelos".

Esta población joven y renovada ahora experimenta con sus cantos, beneficiándose de este nuevo entorno seguro, añade.

Los pinzones aprenden el canto de apareamiento en su juventud y lo repiten toda su vida, explica. El canto se aprende de machos adultos, pero el joven puede innovar, probando sonidos nuevos o imitando a otras especies. Según el contexto, puede ser ventajoso adoptar un canto común para pasar desapercibido o arriesgarse a sonar distinto para destacar, comenta Kleindorfer.

"Si todos cantan el mismo ‘chi-chi-chi-chi’ y un búho vuela cerca, sería difícil identificar a uno en particular", explica. "Pero si uno dice ‘¡bii! ¡bii!’, el búho podría localizarlo más fácilmente".

Cuando los depredadores estaban presentes, los pinzones tendían a cantar melodías limitadas, ayudándolos a mimetizarse y no llamar la atención.

"Diferenciarse en apariencia y sonido en un ambiente plagado de depredadores es muy arriesgado", concluye Kleindorfer. "Ahora que están libres de ese peligro, pueden permitirse experimentar".

Vista aérea de la isla Floreana

Fuente de la imagen, Carlos Espinosa

"Ahora, en este entorno seguro, estamos presenciando una revolución cultural", sugiere Kleindorfer, ya que los pinzones muestran conductas más audaces y comienzan a cantar de forma experimental. "Los jóvenes con comportamientos arriesgados ya sobreviven, antes morían", explica.

Existe evidencia similar en otros lugares: un estudio australiano sobre petirrojos mostró que los individuos libres de depredadores eran mucho más atrevidos que quienes convivían con ellos.

"Anticipo un notable aumento de la innovación entre los pinzones en los próximos años", concluye Kleindorfer, mientras continúan adaptándose a este nuevo entorno protegido. El siguiente paso será observar cómo responden las hembras a estos cambios y si prefieren parejas con comportamientos innovadores o más tradicionales.

"¿Qué conductas desaparecerán y cuáles prosperarán de formas que ni siquiera imaginamos?", se cuestiona. Espera que esta respuesta arroje nuevas luces sobre por qué y cómo evoluciona el comportamiento.

Para Paola Sangolquí, que creció en la isla Santa Cruz del archipiélago, ver al esquivo rascón de Galápagos de su niñez convertirse en un avistamiento habitual representa una experiencia muy especial.

"Esta isla demuestra la capacidad de recuperación de las especies: después de 200 años, una especie vuelve a ser observada", afirma.

*Este artículo fue publicado en BBC Future. Haz clic aquí si quieres leer la versión original (en inglés).

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