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- Título del autor, BBC News Mundo
- 23 enero 2026
- Tiempo de lectura: 13 min
Aunque desapareció hace unos 40.000 años, el hombre de Neandertal sigue siendo una figura cautivadora para los científicos y un tema habitual en medios.
Existió un periodo en que habitamos el planeta junto a él. Este pariente evolutivo perduró durante 400.000 años y su legado permanece aún presente en nosotros.
Algunos especialistas sostienen que ciertos rasgos heredados de los neandertales otorgaron a los humanos modernos ventajas evolutivas que fueron clave para su supervivencia.
Desde que se consiguió la primera secuencia detallada de un genoma neandertal completo, investigadores en diversas regiones del mundo buscan sus huellas en poblaciones actuales.
Un colectivo de científicos realizó un análisis con una muestra de individuos en América Latina, cuyos resultados fueron publicados en 2023.
«Este estudio con voluntarios latinoamericanos evidencia claramente que el neandertal no es solo antepasado de europeos, sino también de nativo-americanos», comenta a BBC Mundo el genetista Pierre Faux, coautor del trabajo.
«Los nativo-americanos derivan de la rama asiática de la humanidad y experimentaron la mezcla, ocurrida hace unos 50.000 años, entre neandertales y humanos modernos».
Así, los genes de los ancestros híbridos se dispersaron hasta la región de la Patagonia.
Para el antropólogo Miguel Eduardo Delgado, también integrante del estudio, investigaciones como estas confirman que «todos los humanos somos iguales».
«No existen humanos superiores o inferiores; todos somos parte de una misma diversidad», señala a BBC Mundo.
«Es fundamental comprender que, si bien las poblaciones latinoamericanas son recientes, se componen de grupos muy antiguos que atravesaron múltiples procesos evolutivos».
Por lo tanto, una fracción de su patrimonio genético está vinculada con los neandertales.
Dicha investigación forma parte de un proyecto que involucra a decenas de expertos de Latinoamérica, Europa y Asia, y que ha analizado a más de 6.000 voluntarios latinoamericanos.
El principio
El estudio fue desarrollado por el Consorcio para el Análisis de la Diversidad y Evolución de Latinoamérica (CANDELA), fundado en 2010 cuando su investigador líder, Andrés Ruiz Linares, entonces profesor en Genética Humana en el University College de Londres (UCL), contactó a antropólogos y genetistas latinoamericanos para llevar a cabo un proyecto científico.
Los objetivos incluían caracterizar la apariencia física y examinar el acervo genético de poblaciones urbanas en México, Colombia, Perú, Chile y Brasil.

Fuente de la imagen, BART MAAT/ANP/AFP vía Getty Images
Entre las investigadoras que se sumaron estuvo Macarena Fuentes Guajardo, quien coordinó en Chile un estudio que involucró a más de 2.000 voluntarios.
Actualmente en King’s College de Londres, la genetista relata a BBC Mundo que simultáneamente sus colegas en los otros cuatro países recolectaron muestras de miles de participantes entre 2012 y 2014.
Se obtuvieron muestras biológicas para extraer ADN y, a partir de ellas, el genotipo, que representa la información heredada de los progenitores.
También se recopiló información sobre fenotipos, es decir, características observables como el color del cabello, ojos, piel, entre otras.
Se tomaron fotografías faciales de los participantes y se midieron parámetros antropométricos tales como perímetros cranial y abdominal, peso y estatura.
Adicionalmente, a un subgrupo de aproximadamente 1.000 personas se les tomaron moldes dentales.
Y la idea del neandertal se asomó
La vasta cantidad de datos recolectados sirvió como base para distintos análisis, incluyendo la determinación de la ancestralidad.
«Un latinoamericano típico suele presentar una combinación de ascendencias principalmente nativo-americana, europea y africana. Esa mezcla está reflejada en su ADN, que se alinea con la historia regional», explica Fuentes.

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También se realizaron estudios genéticos más profundos:
«Mediante un análisis estadístico llamado estudio de asociación de genoma completo, se examinaron simultáneamente alrededor de 700.000 marcadores genéticos en aproximadamente 6.000 individuos y se relacionaron con sus datos fenotípicos. Esto permitió detectar regiones del genoma vinculadas a diversos rasgos analizados».
Fue así que surgió la idea de indagar si esta muestra latinoamericana podría revelar qué características heredamos de los neandertales.
«Esta hipótesis apareció después, no estaba presente cuando se realizó el muestreo», relata Fuentes. «Fue posible gracias a los avances tecnológicos».
«Para hacer comparaciones con el neandertal, se requiere la secuencia de un genoma neandertal, lo cual en ese momento estaba poco desarrollado».
En 2022, el sueco Svante Pääbo recibió el Nobel de Medicina por su trabajo para descifrar el código genético de los neandertales.
Se estima que esta especie habitó regiones que comprenden Europa y partes de Asia entre hace 400.000 y 40.000 años.
Investigaciones indican que debido a la hibridación entre neandertales y humanos modernos, individuos con ascendencia euroasiática poseen un 2% de ADN neandertal.
En 2010, Pääbo declaró a la BBC: «No están completamente extintos. En algunos de nosotros permanecen vivos, en cierta medida».
La primera secuencia del genoma neandertal permitió que grupos de investigación internacional, como CANDELA, ampliaran sus horizontes.
«A medida que el proyecto avanzaba, algunos colegas del equipo propusieron: ‘¿por qué no investigamos qué hallazgos podemos obtener aquí?’. Así surgió el estudio sobre neandertales», rememora la académica.
«Relativamente nuevos»
El equipo identificó una región del genoma asociada con la altura de la nariz en neandertales que también estaba presente en algunos latinoamericanos con ascendencia nativo-americana.
«¿Cómo sabemos eso? Porque los latinoamericanos somos bastante recientes a nivel global», explica Fuentes.
«Hace 500 años éramos nativos, luego nos colonizaron, nos mezclamos y conformamos lo que somos ahora. Ser relativamente nuevos beneficia los estudios genéticos porque las mezclas que hemos tenido son menos numerosas, facilitando identificar los fragmentos genéticos heredados de los distintos grupos humanos que habitaron América».

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En 2023, los científicos publicaron en Communications Biology un artículo titulado Automatic landmarking identifies new loci associated with face morphology and implicates Neanderthal introgression in human nasal shape (Análisis automático de puntos de referencia identifica nuevos loci relacionados con la morfología facial e implica la introgresión neandertal en la forma nasal humana).
Ese mismo año, UCL publicó en su sitio web el artículo Nose shape gene inherited from Neanderthals (Gen de la forma nasal heredado de los neandertales).
«Encontramos que parte del ADN heredado de neandertales afecta la forma de nuestros rostros. Esto probablemente fue ventajoso para nuestros antecesores y se ha perpetuado a lo largo de miles de generaciones», afirmó Kaustubh Adhikari, uno de los autores e investigador de la Open University del Reino Unido.
Navegando en un mapa de cromosomas
Pierre Faux, actual investigador en el Instituto Nacional de Investigación Agrícola, Alimentaria y Ambiental de Francia (INRAE), participó en el proyecto CANDELA para examinar la ancestralidad de poblaciones latinoamericanas y detectar segmentos de ADN heredado de los neandertales.
Para ello, el equipo realizó un análisis minucioso del genoma neandertal y de los genomas de los latinoamericanos estudiados, comparándolos posteriormente.
Faux describe el proceso como el escaneo de un mapa donde cada cromosoma ocupa una posición única en el espacio.
«Similar a cómo las coordenadas GPS permiten localizar una ciudad en un mapa, en este caso, las coordenadas genómicas nos guiaron hasta una región del genoma neandertal y latinoamericano vinculada a un rasgo nasal».

Fuente de la imagen, Estudio publicado en Communications Biology
Los investigadores hallaron que varios integrantes de la muestra poseen en esa zona fragmentos genéticos que provienen de los neandertales, los cuales influyen en que sus narices tengan mayor altura.
La medición de la nariz se realiza desde el punto más alto, llamado nasion, hasta el más bajo, conocido como subnasal.
«Si no hubiese sido por este estudio, que involucró a miles de latinoamericanos, nunca habríamos podido identificar este gen ni su impacto en la altura nasal», afirma Faux.
La región específica corresponde al gen ATF3, situado en el cromosoma 1.
«Gracias a que el material genético nativo-americano representa el 45% de nuestra muestra, pudimos detectarlo».
«Es en ese material donde, en aproximadamente la mitad de los casos, se encuentra el segmento heredado de los neandertales que ha llegado hasta las personas actuales».
Faux advierte que aunque el gen ATF3 influye en la altura nasal, no es el único factor que interviene.
«No solo identificamos un gen, sino que evidenciamos la presencia de ancestralidad neandertal en esa región del genoma».
«Este hallazgo se hizo posible gracias a la muestra de latinoamericanos, pues de otra forma habría sido muy complicado».
«Observamos que en más del 97% de los casos en que este fragmento de ADN neandertal está presente, siempre se relaciona con un segmento heredado de ancestros nativo-americanos».
«Esto indica que dicho fragmento fue legado por los asiáticos que, hace entre 15.000 y 20.000 años, llegaron al norte de Alaska para luego poblar América».
Detallando rostros y cráneos
La conexión entre neandertales y algunos individuos de la muestra latinoamericana no solo se detectó mediante análisis genómicos, sino también a través del estudio minucioso de los rostros.
Qing Li, investigadora de la Universidad de Fudan en China, señaló 34 puntos anatómicos en las imágenes faciales de los participantes y midió las distancias entre esos puntos.
Delgado, investigador del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas de Argentina (CONICET), aplicó el mismo método a modelos 3D de cráneos neandertales obtenidos por tomografías computarizadas.
Así, definieron sus rasgos faciales.
«En estas mediciones, constatamos una correlación notable entre la altura media facial, que incluye la nariz, y la herencia neandertal en algunos individuos: a mayor distancia, más semejanza con la morfología neandertal», explica el antropólogo.

