El serbio fue una de las mayores decepciones que ha dado la NBA en años recientes, sin lograr manejar sus impulsos al ver sumas elevadas en su cuenta bancaria.
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Darko Milicic es uno de los nombres más peculiares que ha dejado la NBA en las últimas dos décadas. Seleccionado en el puesto número 2 del draft de 2003, por delante de futuras estrellas como Carmelo Anthony, Dwyane Wade o Chris Bosh, nunca llegó a cumplir las altas expectativas depositadas en él.
No obstante, su historia ofrece varios relatos que reflejan de manera clara el efecto que el dinero repentino puede tener sobre un deportista muy joven.
El caso de Milicic es un ejemplo casi clásico de cómo un jugador, recién firmado su primer contrato importante, puede perder el control al gastar. Con apenas 18 o 19 años, una cuenta bancaria abultada y un entorno que le incita a llevar una vida de estrella, el riesgo de que el lujo se transforme en una válvula de escape o en una forma de mostrar estatus es muy alto.
Coches, relojes, inmuebles o joyas se vuelven símbolos de éxito, pero también representan un agujero financiero delicado de controlar cuando falta experiencia y formación económica que lo regule.
La anécdota más conocida de Milicic con respecto al dinero involucra cuatro ruedas. Él mismo contó que inicialmente su plan era simple: acudir a un concesionario para comprarse un Volkswagen Golf 4, pero terminó cambiando de idea. «Era un coche atractivo, ¿qué más podía querer?», relató en un programa de televisión, rememorando cómo percibía aquel momento.
Sus compañeros se burlaban
El problema surgió cuando compartió ese plan con sus compañeros de equipo. Según contó, se rieron al imaginar que con el dinero que estaba ganando se conformaba con un Golf.
Esa presión ambiental y el sentimiento de «hay que vivir como una estrella» fue el detonante para un cambio radical. Al ver el saldo en su cuenta, Milicic perdió totalmente el control: entró en un concesionario para ver un auto y salió con cuatro vehículos de alta gama.
«Entré en el concesionario y compré cuatro coches nuevos. Adquirí un Audi A8, un Mercedes Clase S, un BMW X5 y un Mercedes CL. Gasté entre 400.000 y 500.000 dólares en autos. Cuatro coches, Dios no lo quiera, que se los queden», reveló.
En una sola visita, el serbio desembolsó más de 400.000€ en automóviles, impulsado por el impacto psicológico que causó ver una suma tan alta por primera vez y por la necesidad de estar a la altura de lo que se esperaba de una joven promesa de la NBA.
Con los años, recuerda esa escena con una mezcla de ironía y vergüenza, como un claro ejemplo de cómo el dinero fácil y la falta de control pueden llevar a decisiones totalmente irracionales.
Una decepción considerable
La trayectoria deportiva de Milicic siempre estará vinculada al draft de 2003. Los Detroit Pistons lo eligieron en el número 2, solo detrás de LeBron James y por delante de tres futuros inmortales del baloncesto como Carmelo, Wade y Bosh, lo que convirtió su limitado rendimiento en la liga en una de las grandes decepciones en la historia de la NBA.
Nunca superó el rol de jugador suplente, con minutos limitados, sin lograr consolidarse a pesar de haber pasado por varias franquicias como Pistons, Magic, Grizzlies, Knicks, Timberwolves o Celtics.
Con el paso del tiempo, la etiqueta de ‘bust’ lo acompañó hasta final de su ciclo en Estados Unidos. Al abandonar la NBA, Milicic intentó el kickboxing profesional en una breve y fallida experiencia que concluyó rápidamente con una derrota manifiesta y la impresión de que buscaba un nuevo rumbo fuera del baloncesto.
En Serbia también llamó la atención por sus declaraciones y posturas políticas, a menudo afines a posiciones nacionalistas y consideradas extremas en ciertos sectores, lo que reforzó su imagen de personaje controvertido.
Actualmente, la vida de Darko Milicic es completamente diferente. Alejado de los medios y el ruido público, se ha reinventado como agricultor en su Serbia natal, dedicándose al trabajo en el campo y presentándose como un hombre más tranquilo, centrado en su familia y una rutina mucho más sencilla.

