Las familias critican la lentitud en la búsqueda: «Renfe ha actuado de manera repugnante»
Padre de víctima en Adamuz: "Renfe ha actuado de manera repugnante. Es lo peor de lo peor"
En el Centro Cívico Poniente Sur de Córdoba, tras tres días de espera, se ha evidenciado que lo verdaderamente insoportable no es solo la noticia, sino también la demora en su llegada. Durante casi 72 horas, este espacio -destinado a informar sobre desaparecidos y ofrecer apoyo psicosocial- ha recibido a cientos de personas. Algunas obtuvieron un mínimo alivio al confirmar que un familiar estaba ingresado en un hospital, incluso con signos de vida, lo que otorgaba una base para su esperanza. Sin embargo, otras tienen que aceptar —sin una confirmación definitiva, sin un cuerpo, sin cierre— que no volverán a oír esa voz ni a compartir la vida con quien, por una serie de circunstancias y azares, abordó aquel tren.
Entre ellas figuraban quienes, incluso en la mañana de ayer, todavía no habían podido despedir a sus seres queridos; como la familia del opositor onubense Mario Jara, que ese día recibió la noticia de la identificación del cadáver, o la del trabajador madrileño de Renfe, Agustín Fadón, desaparecido hasta la tarde de ayer. «Esto resulta desesperante, desgarrador, ya no sabes a quién acudir», expresaba Javier, cuñado de Agustín. Con una serenidad frágil, María del Mar afirmó: «Estoy muerta por dentro». Ambos, cuñado y hermana del empleado de Renfe, luchan por preservar la memoria de Agustín, quien llevaba tiempo manifestando su preocupación por el estado de las vías y del tren. «Estoy indignada, quiero que mis impuestos se destinen a mejorar lo que pertenece a todos los españoles».
Ayer por la tarde, la Guardia Civil confirmó que se han presentado 45 denuncias por desaparición. Al cierre de esta edición, se han recuperado 43 cadáveres, de los cuales el Servicio de Criminalística de la Guardia Civil ha podido certificar la identidad de 27 cuerpos.
Una de las últimas familias en recibir la confirmación de identificación fue la de Mario Jara, de 42 años. A las nueve de la mañana de ayer, tras 48 horas de incertidumbre, el ADN confirmó que se trataba de él. Sus allegados continúan consternados, incapaces de dejar de señalar la caprichosa naturaleza de la muerte. «Nació un 18 de enero en Córdoba, a los tres años se trasladó a vivir a Huelva, y ha venido a morir a Córdoba otro 18 de enero», lamentaba Miguel Cotán, pareja de la madre del opositor. «Por levantarse a tomar un café con compañeros y profesores en la cafetería, ha fallecido». Al desconcierto por la pérdida se suma la rabia, alimentada por preguntas, principalmente relacionadas con las labores de rescate y recuperación de cuerpos. «Cuando la gestión empezó a depender de Madrid y de los altos mandos, todo se ralentizó, y eso lo sufrieron tanto los trabajadores como nosotros», afirmaba Miguel Cotán. «Renfe ha actuado de manera repugnante. Es lo peor de lo peor». Según confirmó él mismo a la prensa, ya contemplan iniciar acciones legales contra la empresa, que depende del Ministerio de Transportes.

Renfe se ha convertido en el blanco de muchas de las familias de los pasajeros del Alvia 2384. Entre ellas, tal vez nadie hable con mayor conocimiento que Javier. «Mi cuñado pasó de contar anécdotas con sus compañeros a ir a trabajar con miedo», relataba ayer. «Nos decía que no cogiese el tren». Él y María del Mar, su esposa y hermana del desaparecido, esperaban ayer, suspendidos en la incertidumbre, una llamada que les brindara «algo». «Lo único que deseamos es que nos informen que han encontrado el cuerpo de mi hermano. No pedimos más», enfatizaba la mujer con voz quebrada.

El agotamiento y la incertidumbre afectan profundamente a quienes permanecen a la espera de noticias sobre sus familiares. Esa inquietud se manifiesta en la exigencia de respuestas concretas. «No es un tema de partidos políticos. No pertenezco ni al PP, ni a Vox, ni al PSOE. No formo parte de ninguno. Soy un ser humano igual que todos ellos. Todos tenemos la sangre del mismo color», declaraba María del Mar frente al centro cívico. «Ahora debo sacar adelante a un niño de cinco años y a unos padres que deben enterrar a su hijo, y eso es lo más duro que uno puede enfrentar en la vida». Sin embargo, las horas avanzan y la incertidumbre pesa más cada instante. «Queda muy poca esperanza», afirmaba su esposo Javier al mediodía de ayer. A las siete de la tarde llegó una noticia que, aunque no mitigaba el dolor, ofrecía un mínimo alivio: los criminólogos confirmaban la identificación del cuerpo de Agustín.
Aún hay familias que soportan la agonía de esperar una noticia que todavía no llega. En sus mentes se repiten pensamientos y arrepentimientos que los atormentan. Tal es el caso de Osiris, que sigue buscando el cuerpo de Víctor. Ambos tenían planeado viajar desde Nicaragua a Madrid y luego trasladarse en el mismo tren hacia Huelva. Un retraso en su vuelo le salvó la vida. «Nos lo arrebataron todo, le quitaron la vida, no encuentro otra palabra. Mi marido no murió, lo mataron», ha manifestado repetidamente en estos días.

Al cierre de esta edición, 18 familias continúan sin recibir respuesta. Por ahora, para 16 de ellas, la respuesta yace en la morgue del Instituto Anatómico Forense; las dos restantes aún deben encontrarla en las vías de Adamuz. Para todas, la espera persiste, y quizás esa sea la manifestación más constante del dolor.

