Ibrahimovic (44), exfutbolista, comenta: «Peso 102 kilos y mantengo solo un 8% de grasa corporal. Para mí, reducir peso resulta muy complicado»

Ibrahimovic, durante la semifinal de la Supercopa de Italia entre el Milan y la Juventus. El exdelantero sueco se permitía algún capricho ocasional en sus vacaciones, cuando una vez por semana disfrutaba de una pizza.

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Zlatan Ibrahimovic forjó su leyenda no solo por talento, sino también gracias a una disciplina física casi obsesiva, que le permitió seguir en la élite más allá de los 40 años.

La combinación de artes marciales, fuerza, flexibilidad y juego aéreo solo cobra sentido al entender al provocador personaje y su rigurosa rutina durante sus últimos años como profesional.

Ibrahimovic transformó su cuerpo en una máquina de alto rendimiento, afinada al detalle: llegó a jugar con aproximadamente 102 kilos y apenas un 8% de grasa corporal, cifra comparable a la de culturistas o velocistas olímpicos.

Esta condición extrema, basada en una considerable masa muscular, explica por qué él mismo reconocía que bajar de peso era especialmente complicado, pese a seguir una dieta y programa de entrenamiento rigurosos.

En declaraciones a La Gazzetta dello Sport, el delantero afirmó: «Peso 102 kg, pero solo tengo un 8% de grasa, por eso perder peso es difícil para mí».

Ibrahimovic se despide en San Siro tras anunciar su retirada del fútbol

Ibrahimovic se despide en San Siro tras anunciar su retirada del fútbol EFE

Zlatan aclaraba que no se trataba de la grasa, sino de la gran cantidad de músculo acumulado con los años, lo que incrementaba el peso sin posibilidad de «reducir» sin afectar su desempeño.

Según sus propias palabras, el verdadero reto no era «ponerse en forma», sino mantener un equilibrio casi quirúrgico entre potencia, ligereza y prevención de lesiones en una etapa avanzada de su carrera.

Una dieta precisa

Detrás de esos números había una pauta alimenticia tan rigurosa como su personalidad. Según medios italianos, Zlatan seguía un plan centrado en carnes blancas (pollo, pavo, pescados), bresaola de ternera, frutas y verduras frescas de temporada, evitando estrictamente productos congelados y helados.

También limitaba al máximo el consumo de pasta, algo poco común en Italia: los carbohidratos provenían principalmente de cereales y evitaba azúcares refinados.

Otra característica relevante era el control exhaustivo de las porciones: información apunta que pesaba cada alimento con una báscula doméstica y medía las raciones «al gramo exacto».

Igualmente, incluía proteínas en forma de tortillas, utilizaba sustitutos del azúcar y consumía ocho almendras diarias por su contenido en magnesio y «grasas saludables», dentro de un esquema donde su nutricionista buscaba mantenerlo entre 92 y 94 kilos en momentos específicos.

La dieta era solo una parte: Ibrahimovic la complementaba con una exigente rutina física, tanto con el club como en sesiones individuales, que incluían trabajo de fuerza, flexibilidad y ejercicios inspirados en artes marciales para conservar elasticidad y explosividad en salto y en contacto físico.

Esta preparación particular explica cómo, aun afrontando lesiones graves de rodilla o tendón de Aquiles, pudo regresar y ser determinante para ganar la Serie A con Milan superando los 40 años.

Zlatan Ibrahimovic, con el AC Milan en 2023

Zlatan Ibrahimovic, con el AC Milan en 2023 Reuters

No obstante, el sueco también se otorgaba ciertos descansos: según coinciden reportes italianos y españoles, después de los partidos y en vacaciones permitía «descansar» la dieta una vez por semana, generalmente comiendo una pizza, su «recompensa» habitual, aunque evitando excesos en frituras o postres.

Este pequeño margen para el placer coexistía con una disciplina diaria regida por la balanza y una convicción sólida: para seguir siendo Zlatan, no bastaba solo con hablar; era fundamental sostener ese personaje con un cuerpo perfectamente preparado.

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