Factores que sitúan a España en los últimos puestos de la UE en aprendizaje de inglés y posibles soluciones

Galicia presenta el nivel más alto, mientras que Castilla-La Mancha y Extremadura registran los más bajos

Una alumna de Valencia escribe el horario en inglés en la pizarra del aula.

Alrededor de un millón y medio de estudiantes asisten a colegios e institutos donde la mayoría de las asignaturas se imparten en inglés. Esta educación bilingüe, que se implementa en España desde hace dos décadas, no está logrando los resultados esperados. Profesores denuncian que estos programas, presentes en la mayoría de las comunidades autónomas, han perdido fuerza, mientras que los datos reflejan un estancamiento del nivel de inglés en España durante los últimos diez años.

El EF English Proficiency Index, presentado este miércoles, sitúa a España (540 puntos) como el cuarto país peor posicionado en la UE, solo superando a Francia (539), Chipre (537) e Italia (513), quedando muy por debajo de los países que encabezan la lista, entre ellos: Países Bajos (624), Croacia (617), Austria (616), Alemania (615) y Portugal (612).

El informe, que evalúa el nivel de inglés de 2,2 millones de adultos en 123 países dentro de la red internacional de academias Education First, indica que España alcanzó su punto más alto con 550 puntos en 2014 y, desde entonces, ha empeorado, manteniéndose estancada. También evidencia notables diferencias regionales: Galicia (563) ha liderado durante años con un nivel «alto», comparable a países como Suiza o Estonia. Por el contrario, Castilla-La Mancha (509) registra las peores calificaciones, similares a República Dominicana o Bangladesh, situándose a la cola junto con Extremadura (514), Andalucía (526) y Murcia (529).

«Gestión desigual de las comunidades autónomas»

Los docentes consultados señalan como principal causa de estas discrepancias la «gestión desigual» que realizan las comunidades autónomas, a las cuales se les han transferido las competencias educativas. También observan una correlación directa entre los resultados educativos generales y los de inglés. Por ejemplo, Galicia destaca en el informe PISA, mientras que Castilla-La Mancha muestra un desempeño menos favorable.

Gregory Michael, profesor de Inglés en la Universidad San Pablo CEU de Madrid, considera que España presenta un déficit en inglés debido a una situación similar a la del Reino Unido. «Dado que hay muchos hablantes de español alrededor del mundo, la población no siente la misma urgencia de aprender otro idioma». Añade que «en regiones con mayor turismo, la necesidad es más palpable porque existen oportunidades laborales en ese sector. Lo mismo ocurre en Galicia, con una fuerte tradición migratoria y donde se es consciente de la utilidad del inglés para acceder a empleos».

Además del turismo y la emigración, influye el énfasis que las comunidades autónomas ponen en los programas lingüísticos. Galicia impulsa el trilingüismo, con un reparto equitativo del 33% de las asignaturas en castellano, gallego e inglés respectivamente.

«Empezar por el final»

Javier Sánchez-Verdejo, profesor de inglés en la Uned y en un instituto público de Tomelloso (Ciudad Real), señala que «tradicionalmente, Castilla-La Mancha, Extremadura y Andalucía han sido las comunidades con menos ventajas respecto al inglés, debido a su estructura demográfica y a los recursos disponibles. Además, los programas bilingües no han sido diseñados adecuadamente y se comenzaron a desarrollar sin formar correctamente al profesorado», explica.

Indica que «mientras Madrid puede contar con hasta cuatro auxiliares de conversación por centro, en Castilla-La Mancha ni siquiera está presente uno». También resalta que «Madrid y Navarra requieren un nivel C1 de inglés para sus docentes, mientras que en Castilla-La Mancha es suficiente con un B2 para los nuevos, además de aceptar a quienes ya participan con un B1 y un informe favorable de la dirección».

El responsable nacional de Educación del sindicato Csif, Mario Gutiérrez, afirma: «En España se optó por un bilingüismo superficial en lugar de una enseñanza individualizada del idioma».

«Desinterés en la política educativa»

Xavier Gisbert, presidente de la Asociación Enseñanza Bilingüe y creador de este modelo en la Comunidad de Madrid hace 20 años, sostiene que el éxito en el aprendizaje del inglés depende de las comunidades autónomas: «Si muestran interés y adoptan las medidas adecuadas, se puede avanzar; de lo contrario, la enseñanza se ve afectada negativamente. En España se ha abandonado la política educativa, lo que repercute también en idiomas. Aunque las comunidades trabajaron mucho para implementar los programas bilingües, han descuidado la calidad y el interés por desarrollarlos siguen disminuyendo».

Para él, «el abandono se refleja en la reducción continua de recursos, la desmotivación del profesorado y el deterioro en la calidad educativa».

Según el informe, las habilidades más sólidas de los españoles en inglés son la lectura y la comprensión auditiva, mientras que la expresión oral continúa siendo un aspecto pendiente. «Existe un gran miedo a hablar en público y a equivocarse, pese a que el error es parte fundamental del aprendizaje», destaca Sánchez-Verdejo.

«Práctica oral»

¿Qué medidas podrían mejorar esta situación? «Más allá del contenido, el desafío radica en la metodología. El estudio señala que los sistemas educativos más efectivos priorizan la utilización activa del idioma desde etapas tempranas: interacción, contextos reales, trabajo en equipo y exposición constante. Incrementar la práctica oral, disminuir el temor al error y vincular el idioma con situaciones reales -ya sean académicas, laborales o sociales- contribuiría a cerrar la brecha entre el conocimiento y la capacidad comunicativa de los estudiantes», afirma Gemma Ollé, directora de Marketing de Education First.

El estudio subraya que el inglés «no es solo una habilidad, sino una base esencial para acceder y moldear el futuro». «Las naciones y regiones con mayor dominio del inglés tienden a integrarse más fácilmente en las cadenas globales de valor, atraer talento especializado y facilitar la internacionalización de sus empresas. En este sentido, un nivel moderado de inglés, como el que presenta España, puede resultar un obstáculo estructural para ciertos sectores, especialmente aquellos con alta exposición internacional», advierte Gemma Ollé.

Añade que «mejorar la competencia lingüística es una cuestión no solo educativa, sino también económica: reduce los desajustes en el mercado laboral, amplía el acceso a oportunidades profesionales y fortalece la competitividad en un entorno cada vez más globalizado y digital».

Scroll al inicio