Kipchoge (41), doble campeón olímpico de maratón, explica su rutina y dice: «Agrego 3 cucharadas de azúcar al té»

Eliud Kipchoge El corredor keniata, ganador del oro en Río 2016 y Tokio 2021, ha mencionado en varias ocasiones su esquema alimenticio: «Desde que empecé mi carrera, el 80% de mi dieta permanece igual».

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En una era donde practicamente todos los discursos sobre deporte de alta competición demonizan el azúcar, Eliud Kipchoge continúa manteniendo una rutina que sorprende a numerosos nutricionistas.

El bicampeón olímpico y plusmarquista mundial en maratón, que a sus 41 años aún compite en la élite, ha detallado en múltiples entrevistas que una parte fundamental de su rutina diaria consiste en tomar té con azúcar, dentro de una alimentación tan uniforme como austera.

El sitio oficial de los Juegos Olímpicos publicó en abril de 2023 un extenso artículo sobre su régimen alimenticio. En ese contenido se explicaba que, como «premio» en un menú por lo general muy básico, al keniano le gusta agregar una considerable cantidad de azúcar a su té matutino, llegando a incorporar cerca de tres cucharadas repletas en cada taza.

Esta información coincide con otro material previo que calculaba que el maratonista consume al menos quince cucharadas diarias, distribuidas en casi dos litros de té, lo que representa aproximadamente 62 gramos de carbohidratos y unas 300 calorías adicionales.

El mismo artículo de Olympics.com retomaba una declaración de Kipchoge a la BBC que ayuda a comprender el trasfondo de este elevado consumo de azúcar.

Kipchoge gana la medalla de oro en los Juegos Olímpicos de Tokio.

Kipchoge gana la medalla de oro en los Juegos Olímpicos de Tokio. REUTERS.

Consultado sobre su consumo en los días más exigentes de entrenamiento, respondió: «Durante las jornadas duras, que suelo tener tres veces por semana, consumo té, diversas frutas, plátano y huevos para recuperar la energía perdida y, sobre todo, para reparar los tejidos dañados».

Es decir, esta mezcla de té muy dulce, fruta y proteínas ligeras constituye su recarga rápida tras sesiones que pueden superar los 30 kilómetros.

Fuera del té, la base del plan alimenticio de Kipchoge prácticamente no ha variado en veinte años. Varias expresiones suyas describen un menú casi inalterable.

«Mi desayuno es sencillo. Bebo té keniano con pan y plátano en días de ejercicio suaves. Cuando la jornada se complica, añado fruta adicional y un huevo. A las 16 horas, tras la sesión vespertina, consumo avena», ha explicado en el pasado.

Su dieta diaria se completa así: «Para cenar, suele ser una comida típica keniana: ugali (harina de maíz cocida en agua), acompañado de ternera, col o espinacas. Además, un vaso de mursik (leche fermentada de vaca) para facilitar y acelerar la digestión. Ocasionalmente como chocolate y papas fritas, aunque es algo esporádico. No ingiero alcohol nunca. Mi ética personal y profesional me lo impide».

Otra reflexión que resume su filosofía dice: «El 80% de toda la comida que he consumido desde que inicié mi carrera es igual, con pequeñas variaciones, aunque a veces aumento las proteínas para regenerar el tejido muscular tras las sesiones más intensas. Sano, simple y efectivo».

Residiendo y entrenando en el campamento de Kaptagat, se rodea de platos muy similares: ugali como base, frijoles, arroz, patatas, verduras de hoja verde como managu o col rizada, algo de carne magra y fruta para el postre.

Su nutricionista, Armand Bettonviel, detallaba en el reportaje de Olympics.com que, con cargas semanales de hasta 220 kilómetros, la prioridad es llenar completamente las reservas de glucógeno mediante grandes dosis de carbohidratos.

Por ello, el menú se articula en torno a arroz, pasta, patata, avena, plátano y pan blanco, evitando a menudo los integrales para no aumentar los trastornos gastrointestinales durante las carreras. Además, Kipchoge complementa esta estrategia con más de tres litros de agua diarios y una rigurosa rutina de sueño, descansando ocho horas por la noche y dos en siesta.

El resultado es una paradoja notable: uno de los mejores maratonianos de todos los tiempos se alimenta con una dieta casi monástica en simplicidad, pero con un toque atípico —ese té con azúcar a cucharadas— que contradice los dogmas actuales.

Mientras muchos controlan al detalle cada gramo de sacarosa, Kipchoge sigue saliendo a entrenar en Kaptagat con su pan, su ugali y su taza repleta, convencido de que, en su caso, «sano, simple y efectivo» también implica una dosis significativa de azúcar.

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