Evita ahora el aforamiento y que el caso de David Sánchez pase al Tribunal Superior de Justicia de Extremadura

En marzo de 2024, hace menos de dos años, Miguel Ángel Gallardo dominaba completamente el PSOE en Extremadura: alcalde de Villanueva de la Serena (cargo que ocupaba durante 21 años), presidente de la Diputación de Badajoz (9 años consecutivos) y secretario general del PSOE en Extremadura. El 2 de ese mes había ganado las primarias socialistas extremeñas con el 55,7% de los votos, frente al 43,7% de la candidata cacereña Lara Garlito, vinculada al sanchismo. Aquellos días parecían favorables para él.
Este hombre todopoderoso dentro del PSOE acumulaba todas las responsabilidades posibles y ansiaba alcanzar su principal meta: convertirse en presidente de la Junta de Extremadura. Sin embargo, solo dos meses después, a finales de mayo, la jueza Beatriz Biedma abrió diligencias en el juzgado de Instrucción de Badajoz tras recibir una denuncia del sindicato Manos Limpias por un supuesto trato preferencial hacia el hermano del presidente del Gobierno, David Sánchez Pérez-Castejón, en la obtención de un puesto de alto cargo en 2017 en la Diputación de Badajoz.
Al principio, a pesar de los registros ordenados semanas después por la magistrada en la sede del organismo provincial y en el ayuntamiento de Villanueva, efectuados por la UCO para intervenir los correos electrónicos de los implicados, Gallardo no concedió demasiada importancia al proceso judicial. Pensaba que la jueza archivaría el caso rápidamente. Por la celebración del Congreso Federal del otoño siguiente en Sevilla, el PSOE extremeño tuvo que repetir las primarias, pero Gallardo, aun contando con el rechazo en la provincia de Cáceres, volvió a imponerse. Fue el 11 de enero de 2025 y, ya imputado formalmente y tras declarar en sede judicial dos días antes, obtuvo un resultado aún mayor: el 62,61% de los votos sobre el 36,12% logrado por la vicepresidenta primera de la Diputación de Cáceres, Esther Gutiérrez.
El líder socialista extremeño ratificado había abandonado meses atrás la alcaldía, debido a los estatutos internos del partido que prohíben la acumulación de dos cargos institucionales, aunque conservó su acta de concejal.
Durante más de un año, nunca aceptó ser portavoz socialista en la Asamblea para enfrentar a María Guardiola, presidenta de la Junta. Solo cuando el proceso judicial empezó a apuntar a un probable procesamiento —debido a las investigaciones y a las declaraciones contradictorias de los implicados ante la jueza, incluyendo el propio David Sánchez—, Gallardo decidió tarde en mayo activar el controvertido aforamiento exprés. En ese ritual que duró 28 horas, consiguió la dimisión de una diputada (que había sido su jefa de gabinete en la Diputación) y también logró que renunciaran otros cuatro compañeros que le precedían en la lista. Tal escándalo llevó al Tribunal Superior de Justicia de Extremadura (TSJEx) a calificarlo como un «fraude de Ley». Esta maniobra afectó gravemente a su prestigio.
Legalmente, no estaba aforado, pero sí formaba parte de la Asamblea. Para ello tuvo que renunciar a la presidencia de la Diputación, donde acumulaba considerable poder debido a los voluminosos presupuestos que maneja la entidad. Otro cargo que perdió. Solo un día más tarde fue procesado por prevaricación y tráfico de influencias junto a otros diez implicados, incluido el hermano del presidente.
Al terminar el verano, Guardiola adelantó las elecciones a diciembre. Desde el seno de los socialistas, el ex secretario provincial de Cáceres, Miguel Ángel Morales, solicitó al candidato socialista, «por el bien del partido», dar un «paso al lado» y no presentarse, pese a contar con el respaldo explícito de Ferraz para sostener, al menos de forma moral, la ‘inocencia’ en el caso del «hermanísimo». A cambio, Morales le planteó marchar como senador a Madrid.
Sin embargo, Gallardo continuó y obtuvo los peores resultados en la historia del PSOE en Extremadura, perdiendo 14,18 puntos en dos años y medio y dejando en el camino 106.642 votos, quedando a 11 escaños de Guardiola. Al día siguiente renunció como secretario general (otro cargo menos), aunque siempre mantuvo la intención de conservar el acta.
El pasado viernes, junto a otros 17 diputados del PSOE, tramitó en la Asamblea su credencial, paso previo para tomar posesión del acta el 20 de abril, fecha en que se constituye el parlamento extremeño. Un día antes de su sorpresiva renuncia, recibida ayer, a ser diputado en esta nueva legislatura, recibió otro golpe desde Cáceres, nuevamente protagonizado por Morales. Este afirmó que él renunciaría «primero por uno mismo y luego por el propio partido». Fue el veredicto definitivo. Gallardo no pudo soportar más. Las balas internas —no las externas, como suele suceder— lo habían apartado definitivamente. A finales de mayo, sin aforamiento, le espera el banquillo de los acusados…

