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- Autor, Daniel Pardo
- Título del autor, Corresponsal de BBC News Mundo en México
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Donald Trump, presidente de Estados Unidos, no deja pasar oportunidad para lanzar amenazas hacia México.
Menos de un día después de la acción en Venezuela el 3 de enero para capturar a Nicolás Maduro, afirmó que «algo debe hacerse con México». En una entrevista posterior, afirmó: «empezaremos a atacar en tierra a los cárteles». Posteriormente, alertó que México debe «ponerse las pilas».
No obstante, su homóloga mexicana, Claudia Sheinbaum, sujeta a su ya conocida «cabeza fría», no descarta las amenazas pero las considera más como una «forma de comunicación»; sin elevar el conflicto, sostiene la postura de México como nación «libre y soberana».
Sheinbaum rechazó la acción en Venezuela con expresiones marcadas por la tradición mexicana, tales como «América no pertenece ni a una doctrina ni a una potencia» y «la intervención extranjera nunca ha generado democracia, bienestar ni estabilidad sostenible».
Sin embargo, evitó mencionar a Trump de forma directa, no cuestionó sus intenciones y volvió a enfatizar la «cooperación sin subordinación».
Así, como una equilibrista, la presidenta ha gestionado el primer año bajo la presidencia de Trump: él lanza declaraciones, ella las desmiente; él exige, ella responde; él ataca, ella promueve el diálogo.
Esta semana tuvo lugar la quincuagésima quinta llamada en un año y, según lo informado por Sheinbaum, en dicha conversación «se descartó» una intervención militar estadounidense, aunque Trump la había planteado, y México se comprometió a intensificar sus esfuerzos para cumplir sus demandas: reducir la migración, combatir el narcotráfico y afectar a los cárteles, entre otros objetivos.
¿Cuándo considerará Trump que México ha cumplido sus expectativas? ¿Logrará Sheinbaum mantener el equilibrio hasta finalizar el mandato de Trump dentro de tres años?

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Las fortalezas de México para evitar una incursión
«México es al mismo tiempo la nación más fuerte y la más vulnerable frente al expansionismo de Trump», señala Humberto Beck, historiador y analista político del Colegio de México.
Primero, conviene examinar cuáles son las capacidades con que cuenta México frente a la ofensiva del expresidente estadounidense.
Y, en este aspecto, nada resulta tan relevante como su papel dentro de la economía de Estados Unidos: México es el principal socio comercial en importaciones y exportaciones y provee millones de trabajadores que los estadounidenses no pueden suplir.
«La proximidad entre nuestros países ha generado una alta integración que sería sumamente complicada de romper», afirma Diana Alarcón, economista y directora del Banco Mundial para México y Centroamérica.
«Existe mucha conciencia, tanto en políticos, analistas como empresarios en Washington, sobre la relevancia estratégica de esta relación (…) Es evidente que el mayor interés de ambas naciones es fortalecer la cooperación. Creo que esa convicción se mantiene en México y Estados Unidos», agrega Alarcón.
La cercanía geográfica le otorga a México instrumentos de influencia sobre Estados Unidos.
Las compañías estadounidenses establecidas en México —entre ellas General Motors, Amazon y Whirlpool— poseen capacidad de lobby en Washington.
Además, cerca de 40 millones de mexicanos residen en Estados Unidos, muchos con derecho al voto y la gran mayoría representando fuerza laboral en agricultura, servicios y alimentación.

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Hace un año, Trump se convirtió en el principal reto de Sheinbaum y, al momento, los mexicanos parecen conformes con los resultados obtenidos.
La mandataria ha procurado transformar las amenazas en oportunidades.
En consecuencia, ha extraditado alrededor de cincuenta mexicanos acusados de delitos en Estados Unidos, ha desarticulado las redes de tráfico de migrantes que atraviesan México y ha enfocado sus esfuerzos en seguridad, logrando reducir un 40% los homicidios, confiscar decenas de toneladas de drogas y desmantelar cientos de laboratorios de fentanilo.
Sheinbaum no solo ha avanzado en seguridad: también implementó aranceles del 50% sobre productos chinos, flexibilizó las restricciones mexicanas a la importación de maíz transgénico de Estados Unidos, aceleró la entrega pactada de agua al norte fronterizo y adelantó la revisión del tratado de libre comercio (T-MEC) que originalmente estaba prevista para 2026.
Con su llamado Plan México, la mandataria busca fortalecer la industria nacional, profundizar la integración con Norteamérica y aumentar el costo de una eventual ruptura.
El martes, Trump calificó al T-MEC como «irrelevante» para Estados Unidos. Sheinbaum respondió que «los principales defensores del T-MEC son los empresarios estadounidenses».
Mientras tanto, tal como han hecho sus predecesores, Sheinbaum procura equilibrar las concesiones hechas a Trump con los llamados «gestos compensatorios»: incrementó el subsidio energético a Cuba, rechazó el Premio Nobel de Paz otorgado a la opositora venezolana María Corina Machado, insistió en la reforma judicial criticada por Washington y no asistió a la Cumbre de las Américas en República Dominicana debido a la exclusión de Venezuela, Nicaragua y Cuba.
Gestos, sin duda, de un equilibrista caminando sobre la cuerda floja.

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Los puntos débiles de México ante Trump
Si bien la proximidad y la integración económica colocan a México en una posición ventajosa frente a la potencia estadounidense, esta misma situación hace evidentes sus vulnerabilidades.
«Al fin y al cabo, México es la pieza clave en la política de alineamiento hemisférico neocolonial», sostiene Beck.
«A diferencia de Colombia o Venezuela, México está dentro del círculo principal de control hemisférico», agrega.
Aunque existe cierta dependencia mutua, la magnitud y estructura de ambas economías implican que una ruptura de vínculos sería mucho más costosa para México, que exporta a Estados Unidos el 80% de su producción, recibe remesas que representan el 4% del PIB e importa el 70% del gas y una parte significativa de los alimentos que consume de ese país.
Un rompimiento con Washington supondría un duro golpe para la economía mexicana, pero mantener una relación tan estrecha que pueda parecer sumisión también podría generar consecuencias.
Sheinbaum enfrentará pronto un dilema, advierte Beck: «O ajusta la política de seguridad alineándose más con Estados Unidos, lo que podría fracturar su coalición, o mantiene la unidad de Morena y se arriesga a una intervención más directa y agresiva de Estados Unidos».
Con la captura de Maduro, Trump demostró, casi como un experimento, que su interés en controlar el hemisferio es serio.
En ese sentido, México no sería solo un caso de prueba: sería el objetivo principal.

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