En las montañas más altas del oriente gallego se oculta un entorno natural que ha resistido durante siglos el paso del tiempo. Un bosque ancestral, de acceso complicado y silencio total
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En las montañas más altas del oriente gallego se preserva un bosque ancestral que parece inmune al paso del tiempo y a los cambios del paisaje. Se trata de un enclave inaccesible, rodeado por fuertes pendientes, nieblas constantes y un silencio casi total, donde la naturaleza conserva un equilibrio delicado y excepcional. Cientos de árboles milenarios permanecen erguidos como testigos de un pasado lejano, protegidos en parte por su aislamiento y la dureza del terreno, aspectos fundamentales para su conservación frente a la acción humana y los incendios forestales.
Este espacio es el Teixadal de Casaio, ubicado en el concello de Carballeda de Valdeorras, en la provincia de Ourense, dentro del macizo de Pena Trevinca. Reconocido como el bosque más antiguo de Galicia, cuenta con más de 400 tejos que superan los 500 años de antigüedad, algunos presentes desde la época de la conquista romana. Esta formación forestal, considerada una de las masas de tejo más relevantes de Galicia y España, se sitúa en una ladera protegida a más de 1.300 metros sobre el nivel del mar, lo que ha facilitado su conservación a lo largo del tiempo.
Un ecosistema milenario de gran fragilidad
La singularidad del Teixadal de Casaio no radica solo en la longevidad de sus árboles, sino también en su origen. Se trata de un bosque originado de manera espontánea en el Terciario, sin intervención humana, considerado el último remanente de los grandes bosques que cubrieron Europa hace cientos de miles de años. Aunque el tejo es la especie predominante, coexiste con acebos, serbales, fresnos, avellanos y robles, formando un ecosistema de altísimo valor ecológico, a menudo descrito como una verdadera catedral vegetal por su atmósfera y solemnidad natural.
Precisamente debido a su fragilidad, la visita a este entorno requiere un comportamiento especialmente cuidadoso. La erosión del suelo causada por la actividad humana representa su principal amenaza, por lo tanto es fundamental respetar los senderos, abstenerse de tocar los árboles y no alterar el entorno. El silencio también es parte de su esencia: el ruido ahuyenta a la fauna y descompensa el equilibrio de un espacio concebido como refugio natural. Su reciente resistencia frente a incendios en las laderas cercanas, gracias a la acción de vecinos y brigadistas, realza su valor como patrimonio natural gallego y subraya la necesidad de conservarlo con la máxima responsabilidad.
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