El español con más preseas olímpicas en la historia no confía en dietas extremas y aplica «el sentido común» a su alimentación.
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Saúl Craviotto se ha establecido como una figura emblemática del deporte español, admirado por su constancia, modestia y capacidad para superar retos. Además de ser el deportista español con más medallas olímpicas en la historia, este catalán compagina su carrera deportiva con su trabajo como policía nacional, conferencista, modelo y aficionado a la cocina.
En una charla con AS, el palista compartió sus opiniones personales sobre la vida, las dietas milagrosas y su vínculo con el deporte: «Soy alguien común, padre de familia, con tres hijas, y llevo una vida muy normal. Eso es justamente lo que no quiero perder», afirma.
Fuera de las aguas, el deportista encuentra en la cocina un momento para relajarse: «Cocinar me ayuda a desconectar. Disfruto el instante de abrir una botella, tomar una copa de vino; preparar una tortilla de patatas acompañado de música y tranquilidad. Dejo lo competitivo fuera del hogar, aquí busco justo lo opuesto», confiesa.
El desayuno es un ritual infaltable para él: «Siempre elijo lo mismo: una tostada con aguacate, jamón y dos huevos fritos; jugo natural de naranja; frutas como piña, melón, sandía y naranja; un yogur con algo de avena y café», explica.
En su rutina, la alimentación constituye uno de los tres fundamentos que equipara al descanso y al entrenamiento, siendo el «combustible» necesario para rendir al máximo. Craviotto detalla que ajusta los macronutrientes según la sesión: incrementa carbohidratos cuando predomina el ejercicio aeróbico y aumenta proteínas en las jornadas de fuerza, siempre bajo una pauta flexible y sin obsesiones.
Saúl Craviotto celebra su resultado en los Juegos Olímpicos de Río. EFE.
En términos nutricionales, Craviotto muestra escepticismo frente a las dietas milagro y apuesta por el sentido común: «No soy partidario de las dietas extremas, ni de alimentarme exclusivamente con carne ni de eliminar ciertos alimentos», admite el piragüista.
«Seguramente algunas cuentan con fundamentos científicos, como el ayuno intermitente, que actualmente están muy populares, pero son modas. Yo opto por el sentido común: consumir alimentos saludables, variados y sin excesos. Los excesos perjudican, y con la dieta mediterránea contamos con una gran ventaja», añade.
Alejado del estereotipo del deportista que pesa cada bocado, Craviotto asegura que «como bien, sin privarme de nada», manteniendo un balance entre salud y placer.
En una entrevista para el diario As detalla un desayuno habitual antes de entrenar: tostada con aguacate, jamón y dos huevos fritos, jugo natural de naranja, varias frutas, yogur con avena y café.
Este desayuno representa una estructura completa con carbohidratos, proteínas y grasas saludables, que le aporta energía para afrontar entrenamientos de unas cuatro horas diarias.
Sus comidas comunes incluyen verduras, carbohidratos y proteínas, diseñadas «para rendir al máximo antes de entrenar y recuperarse después de la sesión».
El momento de ‘pecar’
En casa predominan platos caseros y mediterráneos, desde albóndigas o fabada hasta fideuá, demostrando que un atleta de alto rendimiento puede comer bien sin sacrificar resultados.
La parte más permisiva de su dieta se concentra en un día específico: el sábado. «Aunque como deportista profesional sigo una dieta estricta y cuidada, reconoce que se la salta una vez a la semana: ‘Los sábados son para pizza, gominolas, palomitas o un helado de medio litro; no conviene obsesionarse'», afirma en una entrevista con la agencia EFE.

