El defensa central tuvo que salir muy joven de su tierra para ganarse la vida cumpliendo el sueño de ser futbolista profesional.
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Pol García Tena, defensa catalán formado lejos de su hogar, afirma que su trayectoria le ha abierto puertas al mundo, pero también le ha confirmado una verdad: España es el territorio que sigue guiando su manera de vivir y de entender el fútbol.
Cuando reflexiona sobre lo que más extraña, la charla se sale rápidamente del campo y se centra en la comida, la calle y la familia.
Nacido en Terrassa en 1995, García emigró siendo muy joven, encadenando etapas en Italia y otros países europeos mientras consolidaba su carrera como defensa profesional.
Esta experiencia le permitió descubrir vestuarios y culturas diversas, al mismo tiempo que comprendía la influencia de su formación futbolística y personal adquirida en España.
«Solo valoras lo que tienes cuando te falta. Sales con la idea de progresar como jugador y terminas apreciando detalles simples de casa: el día a día, la forma de comunicarse en el vestuario o incluso el ruido de un bar un domingo por la mañana», reconoce el defensa.
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La mesa como refugio
Al ser cuestionado sobre lo que más añora, la respuesta inicial es la comida. «Lo primero que viene a mi mente es la comida», comenta con una sonrisa García.
«Un buen pan con tomate, un arroz dominical, las tapas con amigos… fuera puedes encontrar restaurantes españoles pero no es comparable a sentarte en la mesa de tu madre o de tu abuela».
El defensa admite que la gastronomía representa, en realidad, un pretexto para hablar de sentido de pertenencia. «No se trata solo del plato, sino de quién tienes enfrente. En España la comida es la excusa perfecta para reunirse y charlar de todo y de nada. Cuando estás fuera, muchas veces comes rápido, solo, entre entrenamientos, y eso se nota».
La familia representa otro gran motivo de nostalgia. «Me pierdo cumpleaños, comidas familiares, la típica llamada de ‘oye, que hoy nos reunimos todos’ y tú estás a miles de kilómetros», explica.
«Intento regresar cuando el calendario lo permite, pero un futbolista depende del calendario competitivo, no del suyo propio».
Comentando sobre el idioma, García subraya algo que experimentan muchos compatriotas al salir fuera. «Entiendo y hablo otros idiomas, pero desahogarte en tu lengua, bromear en catalán o en castellano, eso no tiene sustituto«, afirma.
La calle, el barrio y el fútbol
Más allá de lo personal, el jugador valora el ambiente callejero en España. «Echo de menos ver a la gente en las terrazas, el barrio vivo casi a cualquier hora, el hecho de bajar a comprar el pan y tardar media hora porque te encuentras con conocidos», resume.
También se vive el fútbol de forma diferente. «El fútbol en España se respira desde la infancia, forma parte de cada conversación», señala el central. «Cuando juego fuera, siento el cariño del público, pero el ruido y la pasión del fútbol español son inigualables. Sueño con volver a experimentarlo cerca de casa».
Al preguntarle por el futuro, García no oculta su deseo de reencontrarse profesionalmente con España. «Estoy agradecido por todo lo que me ha brindado jugar fuera, pero claro que quisiera regresar a España en algún momento», reconoce.
«No sé cuándo ni dónde, el fútbol cambia rápido, pero la idea de jugar cerca de mi gente y que mis padres puedan acudir al campo sin volar siempre está presente».
Mientras tanto, se aferra a pequeñas costumbres para mantener vivo el vínculo. «Pongo música de casa en el coche, busco partidos de LaLiga en televisión y, cuando puedo, escapo aunque sean dos días», concluye.
«Sales al extranjero para crecer, pero España siempre acaba siendo el lugar al que vuelves para recordar quién eres».

