Alberto Núñez Feijóo ha refrescado su imagen y endurecido su retórica en 2024, presentándose como un candidato más auténtico y confiable, distanciándose de Vox y asegurando que no gobernará con ministros de ese partido.
El PP ha modificado su táctica para atraer a votantes socialistas descontentos, procurando no activar al electorado opositor y enfocándose en ampliar su base en regiones que tradicionalmente apoyan al PSOE.
Feijóo ha lanzado ataques directos contra el Gobierno de Sánchez, poniendo en duda su integridad moral y empleando los casos de corrupción y la financiación irregular como principales argumentos de oposición.
El equipo de Feijóo declara estar listo para asumir el Gobierno en cualquier instante, con un plan orientado a la estabilidad y a la renovación generacional frente al desgaste visible del Ejecutivo actual.
El año que termina comenzó con Alberto Núñez Feijóo concediendo una entrevista a EL ESPAÑOL. En su análisis de 2024, el presidente del PP reconocía desde su despacho que «cualquier portada de 2024 habría tumbado a un gobierno normal». Y que si él fuera Sánchez, «abriría el camino a las elecciones en 2025».
Pero no es Pedro Sánchez. Y aunque Feijóo desconocía lo que ocurriría en los siguientes 365 días –desde la condena de un fiscal al procesamiento del hermano, pasando por la cárcel para Santos Cerdán y la prisión de José Luis Ábalos–, tenía claro que su rival socialista no atendería su advertencia.
Quizás por eso, los estrategas del PP remodelaron no solo la imagen del líder, sino fundamentalmente, su discurso.
El típico señor poco atractivo de «las cuatro mayorías absolutas» logradas mediante «gestión», con su traje habitual y el botón que marcaba la curvatura de su abdomen sesentón, el de cabello avellanado y gafas para presbicia, suavizó su aspecto.
Se quitó la americana con más frecuencia y prefirió la parka en invierno o la camisa arremangada durante el verano. Sin embargo, al mismo tiempo, endureció su mensaje: ahora, a Sánchez no basta con ganarle, hay que «derogarlo». Y sobre Santiago Abascal dejó claro que «jamás formará parte de un Gobierno del PP».
¿De verdad? ¿Incluso si ello implica repetir elecciones? «Incluso».
¿Y la acusación de Sánchez de que son iguales? «No es que lo neguemos, es que él miente en cada palabra, la gente ya lo sabe, y la alternativa, Feijóo, representa todo lo contrario«. Es decir, «la verdad».
El «votante dormido»
Sin embargo, según las encuestas y lo ocurrido este domingo en Extremadura, la idea de que el PP gobernará tras las generales se ha basado más en sembrar ese mensaje, sin insistir demasiado –»repetir una idea denota falta de confianza en su efecto»– que en un aumento efectivo de voto.
De hecho, Feijóo concluye el año con una ventaja de más de 7 puntos (y 43 escaños) respecto al PSOE. Pero en paralelo, Vox incrementó su apoyo, pasando del 14,1% (42 diputados) al 17,4% (59 escaños).
En realidad, por sí solo, el aspirante gallego mantiene el año cerrado igual que comenzó, con un 33,5%. No obstante, los estrategas de Génova ya advertían al inicio de 2025: «No queremos activar al votante socialista dormido con un discurso más duro, porque aspiramos a que cuando salga de la abstención se incline por el PP«.
Y, en su opinión, eso ya comenzó a suceder el 21-D.
La certeza de que Feijóo llegará a Moncloa es algo que el partido intenta plasmar con esta sucesión de elecciones autonómicas.
María Guardiola ha conseguido aumentar la base electoral del PP más de cuatro puntos. Pero, sobre todo, ha logrado «hundir al PSOE más sanchista» y, aunque Vox ha duplicado sus resultados, su capacidad para influir se ha reducido.
El PP ya supera a toda la izquierda junta en una región que era tradicionalmente socialista. Y eso es lo que importa, «porque el objetivo principal es Moncloa«.
Este era el plan –asegura el entorno de la presidenta extremeña– gestado en una reunión en Murcia durante la última cumbre de presidentes del PP. Luego seguirán en febrero Aragón; en marzo, Castilla y León; y hacia el verano, Andalucía.
En todas esas plazas, Génova espera replicar los mismos resultados. Y en cuanto a las generales, la diferencia se amplía porque Sánchez sigue perdiendo apoyo: dos puntos (del 28,3% al 26,2%) y 14 escaños menos (de 116 a 102) de enero a diciembre.
Es «personaje inevitable»
Así, que un Gobierno del PP se considere «inevitable» es una idea que ya ha ganado terreno tanto entre aliados como dentro del propio Gobierno: el presidente actual admitió en verano que su labor consiste en «resistir» para «no cometer el error de dejar España en manos de la derecha y la ultraderecha«.
Feijóo volvió en septiembre de 2024, prolongando más de lo habitual el uso de gafas de sol. Luego reveló que tuvo que someterse a una operación por un «desprendimiento de retina». Y finalmente, se supo en voz baja que hubo una decisión consciente de «quitarle las gafas», así como de dejar crecer las canas y el cabello sin cortes frecuentes.
Las canas y los rizos le otorgan un aspecto «más natural», comenta una persona de su equipo. Y dado que el candidato tiene 64 años, decidieron convertir esa necesidad en virtud –«a diferencia de Sánchez con la amnistía»– y presentarlo como un hombre mayor digno de confianza.
En definitiva, sin gafas y con canas, el PP finalmente encontró el perfil con el que vender a Feijóo.
Al mismo tiempo, este año ha concluido colocando las piezas a su gusto en los despachos y arriesgando con una promesa clara: en su Gobierno «no habrá ministros de Vox».
Esta afirmación la hizo durante su discurso principal en el congreso nacional del PP, en julio pasado. Un encuentro donde redefinió la estrategia partidaria para alcanzar «los 10 millones de votos» y así «derogar el ‘sanchismo’ sin ataduras».
Dos raíles paralelos
En la reunión de Madrid renovó la orientación ideológica del partido y su Comité de Dirección. Como resultado, diseñó un calendario de trabajo, temas y mensajes «flexible», según fuentes cercanas al líder.
Esto implica dos vías simultáneas. Una para vigilar la «descomposición» del Gobierno de Pedro Sánchez, «asfixiado por la corrupción económica, política y moral; y por el desprecio a la mujer relacionado con los prostíbulos, las pulseras antimaltrato y los casos ocultos de acoso».
Y otra para construir la alternativa.
En la tarea de minar la credibilidad moral del adversario, Feijóo traspasó las últimas normas de cortesía parlamentaria. Fue «una decisión deliberada» en la séptima planta de Génova. El propósito era desmontar el relato feminista del Gobierno.
El dirigente del PP llevó al Hemiciclo una realidad incómoda que EL ESPAÑOL había revelado en exclusiva: los negocios de Sabiniano Gómez, suegro del presidente. No hubo eufemismos en su intervención. Feijóo cuestionó directamente a Sánchez si había estado involucrado o se había beneficiado «a título lucrativo del abominable negocio de la prostitución».
La alusión a las saunas gays y los «prostíbulos» gestionados por el padre de Begoña Gómez causó consternación en la bancada azul. Pero en el PP sabían que era munición fuerte e imprescindible.
«No se puede presentarse como defensor de la mujer y tener ese tipo de asuntos en casa«, comentan fuentes de la dirección popular.
Fue el golpe final para intentar «desmontar la supuesta superioridad moral de la izquierda», según apunta otra dirigente del PP en materia de igualdad. Feijóo aspiraba a mostrar la hipocresía de un Ejecutivo acorralado por el caso Koldo y las complicidades familiares.
Socios nerviosos
Sin embargo, la vía de desgaste del sanchismo no se limitó a lo moral. La estrategia política y jurídica ha sido igual de severa, especialmente en este fin de año.
Los populares incrementaron la presión sobre los socios del Gobierno, PNV y Junts, utilizando la acusación de «financiación irregular» como una palanca. Feijóo apuesta a que la corrupción económica es el punto vulnerable que puede inquietar a nacionalistas vascos y catalanes.
«España tiene prisa, no el PP», comenta un miembro del círculo cercano al gallego. «Cada día que pasa mejora las expectativas del partido, aunque ojalá pudiéramos gobernar ya con menos ventaja en vez de esperar hasta 2027 para arrasar».
La reciente confirmación de la Audiencia Nacional para investigar en secreto documentos sobre pagos en metálico al PSOE ha sido un obsequio adelantado de Navidad para la oposición. Feijóo no tardó en pedir respuestas.
Su pregunta a Sánchez en las últimas sesiones de control fue un ultimátum: «¿Puede afirmar que el PSOE nunca se financió ilegalmente?». El silencio o las evasivas del presidente, repitiendo que ni «el fango» ni «las derechas» logran calmar a sus aliados.
En Génova recuerdan que ya formularon la misma pregunta en verano, cuando Cerdán acababa de entrar en prisión.
Están convencidos de que quedan por descubrir muchas más irregularidades. La directriz es clara: cada nuevo dato judicial debe transformarse en una pregunta o exigencia de comparecencia del Gobierno, pero dirigido al juicio de conciencia de sus socios.
«Si continúan respaldando esta situación, se hundirán junto a Sánchez», concluye el entorno de Feijóo. La estrategia consiste en hacer insostenible el coste político de sostener a Sánchez para partidos como el PNV, que dependen de su hegemonía territorial.
La alternativa
Mientras el equipo de comunicación y jurídico se ocupa del desgaste, el segundo frente, el de la alternativa, está a pleno rendimiento desde julio. «Nunca he trabajado tanto», declara un jefe de gabinete. «Mi jefe recibe análisis y propuestas; la séptima planta, documentos y reportes».
El Congreso Nacional no fue solo una puesta en escena visual.
Feijóo emergió de allí con un equipo «preparado para gobernar inmediatamente» y una ponencia política elaborada como un plan para el programa electoral. La hipótesis es que el final de la legislatura puede adelantarse «en cualquier momento».
Por esta razón, la configuración del nuevo Comité de Dirección y de los responsables sectoriales responde a un modelo de «gobierno en la sombra». Sin experimentos ni cuotas territoriales impuestas.
Génova permanece al margen de los ataques del PSOE sobre la supuesta «tutela de Aznar y Ayuso», sin preocuparse por disputas fomentadas «desde fuera» ante la crisis no resuelta en Valencia.
Feijóo ha formado su guardia pretoriana con la seguridad de quien se sabe indiscutible dentro del partido.
Es un mensaje de estabilidad frente al caos. «Mientras ellos cambian ministros para encubrir escándalos, nosotros tenemos ministros listos y esperando», bromean en la sede popular.
Aquí reaparece la imagen. El «señor mayor sin gafas». Feijóo convierte sus 64 años en una ventaja política, frente a la «eterna juventud» fingida de un Sánchez «agotado».
Él intenta conectar con la Generación Z a través de «memes y TikToks culturales». Mientras tanto, Feijóo ofrece su canosa imagen, erigiéndose en el «candidato refugio» según Génova, en un entorno de incertidumbre económica y política.
«Si alguna vez hago lo que hace Sánchez, que me echen del partido», llegó a declarar. La frase, contundente, resume la esencia de su liderazgo.
Feijóo ya no busca ser simpático, sino transmitir confianza, reflejando ese «rearme moral» que promete insistentemente, aunque muchos le sugieran menos «manuales de decencia» y más «ataques contra la indecencia».

