El ritmo circadiano es el mecanismo interno que regula las funciones corporales a lo largo de un ciclo cercano a las 24 horas. Este “reloj biológico” controla de manera fundamental el metabolismo
Seguir en
En algún momento todos han experimentado el típico atracón a medianoche y el deseo irresistible de devorar esa pizza que aguarda en la nevera. Sin embargo, comer a las dos o tres de la madrugada no solo implica una mala elección calórica, sino también un impacto negativo a nivel metabólico.
El divulgador en salud Doctor La Rosa señala que durante la noche el cuerpo procesa los alimentos de forma menos eficiente. Este hábito conlleva un incremento de glucosa, inflamación y acumulación de grasa en el organismo.
En el vídeo se menciona un estudio publicado en 2021 que revela que ingerir alimentos apenas una hora después de que comience a aumentar la melatonina (la hormona que regula el sueño) puede elevar la glucosa en sangre hasta en un 34%, incluso si la comida es idéntica.
No es el plato, sino el momento
Durante la noche, el cuerpo se encuentra en una fase biológica destinada al descanso y a la reparación celular. Por ello, un plato saludable puede generar efectos perjudiciales si se consume a las tres de la madrugada, ya que en ese momento se dispara la glucemia (picos de azúcar). Así, la capacidad del organismo para procesar nutrientes disminuye, especialmente en lo que respecta al metabolismo de la glucosa.

Comer en horarios nocturnos reduce la respuesta del cuerpo a la insulina, lo que provoca inflamación y aumento de grasa incluso con comidas habituales o consideradas saludables. “Por eso, el mensaje respecto al horario es evidente. Debe evitarse comer cerca del pico de melatonina, que ocurre unas horas antes de dormir” indica el experto.
El ritmo circadiano y el metabolismo
El ritmo circadiano es el sistema interno que coordina las funciones corporales en un ciclo aproximado de 24 horas. Este “reloj biológico” modula procesos esenciales como el sueño, la temperatura corporal, la liberación hormonal y, crucialmente, el metabolismo.
Durante el día, la respuesta del organismo a los alimentos varía. Por la mañana, la sensibilidad a la insulina es mayor y el cuerpo maneja mejor la glucosa; de noche, estos procesos se desaceleran. Cuando se ingiere comida en horarios nocturnos o irregulares, el reloj biológico se descompensa, causando picos de glucosa, mayor acumulación de grasa y una regulación energética deficiente.

Este desbalance metabólico se intensifica cuando la alimentación no se sincroniza con los ciclos naturales de luz y oscuridad, lo cual altera la producción hormonal, incluida la melatonina. Por ello, los especialistas resaltan que respetar los ritmos circadianos mejora no solo el descanso sino también la salud metabólica.
Este “reloj” actúa más allá del sistema digestivo, coordinando múltiples sistemas del cuerpo. Su alteración continua puede afectar el equilibrio hormonal, el control del apetito y la eficiencia energética. Ignorar el ritmo natural del organismo incrementa el riesgo de desórdenes metabólicos a largo plazo.
