Métodos para prevenir la depresión durante la Navidad según un psiquiatra

La pérdida del espíritu fraternal y religioso de la Navidad ha provocado en algunas personas un rechazo que puede desembocar en lo que conocemos como depresión navideña

Foto: Alumbrado de Navidad en Málaga. (Europa Press/Álex Zea)

La Navidad: ¿momento de felicidad o de melancolía? Tradicionalmente, las festividades navideñas se relacionan con emociones positivas, tales como el amor, la esperanza y la alegría. Esta etapa del año está especialmente dirigida a los niños, quienes experimentan la «magia» de los Reyes Magos y Papá Noel. Es habitual que las personas se reúnan con familiares y amigos que no ven con frecuencia. Además, se suele hacer un balance del año y planificar nuevos retos, todo en un ambiente festivo, celebrando con seres queridos a través de comidas y el intercambio de regalos.

No obstante, en las últimas décadas, el tradicional espíritu religioso y solidario de la Navidad se ha debilitado frente a una creciente sociedad consumista, que ha transformado este período en el momento de mayores ventas del año. Paralelamente, el deterioro de las relaciones personales y la creciente soledad en la sociedad, combinados con la intensa exposición a redes sociales donde la felicidad se exhibe y consume, están generando un rechazo creciente hacia la Navidad.

Por ello, es común que para algunas personas estas fechas resulten especialmente complicadas, llevándolas a experimentar un estado depresivo, conocido como depresión navideña o blues navideño. Aunque no constituye un trastorno psiquiátrico formal, se manifiesta con síntomas como tristeza, insomnio, ansiedad y mal humor. En realidad, se considera más un síndrome, dado que la mayoría de los manuales de diagnóstico psiquiátrico no la contemplan.

Las causas de su aparición son variadas y en cada individuo se produce una combinación específica de varios factores. Por ello, es útil identificar algunos de los factores de riesgo.

a) Causas biológicas. Déficit de luz: La depresión blanca se asocia a la Navidad en el hemisferio norte debido a la reducción de horas de luz solar durante esta época. La escasez de luz dificulta la producción de neurotransmisores cerebrales como la serotonina, lo que incrementa el riesgo de depresión. De hecho, algunos expertos la clasifican como un trastorno afectivo estacional.

b) Causas sociales. Expectativas de felicidad: la Navidad es un momento en el que, socialmente, se espera alegría y disfrute. Quienes, por distintas razones psicológicas que se describirán después, no logran sincronizar con esta dinámica, pueden sentirse internamente «desconectados» y suelen experimentar rechazo externo.

c) Causas psicológicas. Estrés por las celebraciones y reuniones familiares: las personas que buscan vivir unas «Navidades perfectas» enfrentan dificultades para equilibrar trabajo, familia y vacaciones escolares, además de la presión social para organizar encuentros y comprar regalos valorados por los destinatarios. La tarea de comprar, cocinar, limpiar y coordinar todo resulta agotadora. Con frecuencia, son las mujeres quienes asumen la mayor parte de estas responsabilidades, lo que añade carga mental y estrés adicional.

Sobreexposición a relaciones personales poco habituales: estas fechas implican encuentros con familiares con quienes normalmente no se convive, y las relaciones pueden ser complejas, por ejemplo con suegros, cuñados, primos o tíos. Incluso con familiares cercanos, como padres o hermanos, pueden surgir sentimientos encontrados. Este escenario puede provocar un agotamiento emocional intenso que genere irritación y culpa.

La soledad: quienes cuentan con una red social y familiar limitada o insatisfactoria pueden volverse más conscientes de su aislamiento durante este período, cuando parece que los demás están rodeados de seres queridos, lo que ocasiona malestar.

Pérdida de seres queridos: la Navidad, siendo un tiempo de reencuentro con familiares y amigos, hace más evidente el fallecimiento de personas queridas (además de aniversarios y cumpleaños), incluso pasado un tiempo. La dificultad de otros para comprender estas emociones, al esperar que el duelo ya esté superado, junto a las presiones internas y externas para «pasarlo bien» y ser felices, puede añadir un malestar emocional adicional.

Balance vital: al cierre de cualquier etapa, como un año natural, suele realizarse una evaluación. Muchas personas reflexionan sobre sus vidas al finalizar el año, valorando sus logros y fracasos, y si se alinean con su sentido de la vida. Algunos perciben que no superan esta evaluación y consideran que su vida es un fracaso, lo que constituye un terreno propicio para la depresión.

Enfermedades psicológicas: quienes padecen algún trastorno psicológico pueden presentar síntomas derivados de su condición, dificultando su capacidad para conectar con esta expectativa social de bienestar.

Recomendaciones para prevenir este tipo de depresión

1.- Autocuidado preventivo, tanto físico como psicológico:

En caso de estar bajo tratamiento farmacológico, es fundamental mantenerlo durante las festividades, acompañándolo de hábitos saludables y rutinas que contribuyan al bienestar (por ejemplo: ejercicio, meditación, descanso).

-Adoptar una alimentación equilibrada fuera de las celebraciones y evitar el consumo de alcohol y sustancias. Hay que recordar que el alcohol puede facilitar y agravar la depresión.

-Hacer del autocuidado una prioridad: cada persona es distinta, por lo que es necesario identificar qué ayuda a mejorar el bienestar y buscar tiempo para ello. El sueño adecuado y limitar la interacción con personas potencialmente perjudiciales es crucial.

-En caso de aparición o agravamiento de síntomas depresivos en estas fechas, se debe solicitar ayuda siempre que sea necesario, ya sea a seres cercanos o a un profesional de la salud, como el terapeuta de referencia o el médico de cabecera.

2.- Ajustar las expectativas

-Reducir las expectativas y exigencias en estas fechas para evitar presión innecesaria. Priorizar el bienestar y la calma por encima de deseos materiales concretos, como mejorar las relaciones familiares, regalos, decoración navideña o cenas especiales.

-Reflexionar sobre lo verdaderamente esencial y lo prioritario para cada uno, identificando lo más importante y dejando de lado lo prescindible. Es fundamental conectarse con el propósito de vida, especialmente ya que las Navidades suelen ser un momento de balance donde se evalúa el rumbo de la vida: sentir coherencia con el propósito vital supone un refuerzo fundamental.

3.- Manejo del estrés físico, psicológico y económico

-Planificar con anticipación las celebraciones en la medida de lo posible y dosificar el esfuerzo.

-Distribuir las tareas entre todos los asistentes, adaptándolas a las capacidades individuales. Evitar asumir toda la responsabilidad y gestionar la culpa o las expectativas externas.

-Revisar el presupuesto para gastos, tanto en comida como en regalos, ajustándose a nuestras posibilidades y necesidades reales. No endeudarse para cumplir expectativas poco realistas, propias o ajenas.

4.- Manejo de las relaciones interpersonales

-Expresar con claridad sentimientos y necesidades a las personas del entorno. Si no es posible mostrarse auténtico, conviene evaluar el valor que aportan esas relaciones.

Si se anticipan conflictos familiares, pensar previamente en cómo gestionar estas situaciones. Es importante recordar que las celebraciones no tienen por qué repetirse igual cada año y, en casos extremos, es válido alejarse de situaciones que generan malestar y no asistir a ciertos eventos.

5.- Manejo de los sentimientos de soledad

-En caso de sentir soledad en estas fechas, comunicarlo con familiares, amigos o conocidos para solicitar apoyo y compañía de manera clara.

-Algunas organizaciones sociales ofrecen encuentros durante las festividades; informarse sobre estas opciones en el ayuntamiento o centro social puede ser una alternativa satisfactoria.

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