—Frank Cortés—
Managua
Miles de pobladores de los barrios orientales de la ciudad capital lanzaron el día de ayer un S.O.S. a ENACAL ante la ausencia del agua potable.
La grita generalizada que encontramos en la población es que, aunque el vital líquido ya no corra por las cañerías hasta sus hogares desde las cinco de la mañana y regrese hasta las doce de la noche o una de la madrugada, los recibos siempre les llegan puntuales y hasta alterados.
«En una guerra los que más sufren son los niños y los ancianos. Como ejemplo tenemos el caso del pueblo palestino y, ante la escasez del agua, nuestros niños y ancianos son los que más están sufriendo por la falta de agua», indicó don Francisco Martínez, habitante del barrio «Edmundo Matamoros».
Martínez también señaló que «el agua desaparece todos los días desde las cinco de la mañana y regresa hasta la una de la madrugada del día siguiente, lo que hace que me desvele todos los días del mes para poder recoger un poquito de agua para cocinar y bañarnos».
El afectado también agregó que en su casa habitan tres personas, quienes pasan todo el día en la calle ya que tienen que trabajar y estudiar y regresan hasta entrada la noche, razón por la que dice que su consumo es poco, pero los recibos de ENACAL le llegan súper alterados; a veces le llegan de C$400.00 y otras veces de C$700.00 córdobas.
Jean Paul Molina, habitante del barrio Venezuela, denunció que «nos están cobrando una tarifa salvaje por un servicio de pésima calidad y eso que significa que los nicaragüenses tenemos que empezar abrir bien los ojos y reclamar nuestros derechos, porque no puede ser que las facturas nos vengan a tiempo y el agua no», sentenció.
Molina también dijo «no es posible que nosotros los usuarios sigamos permitiendo estas arbitrariedades, ya que debemos exigir a los señores de ENACAL que así como son cumplidos para mandarnos los recibos alterados sin tener el vital líquido, también sean eficientes para mantener un buen servicio a la población».
«Fíjese -nos dice Jean Paul- que la empresa ENACAL ni siguiera se molesta en anunciar que a sus clientes que suspenderá el servicio de agua en los diferentes barrios, de una hora equis hasta la hora tal durante los siguiente días».
«Eso significa que nosotros como población tendríamos que buscar una forma de recoger agua para lo que resta del día, pero no que cuando uno abre la llave de pase del baño para bañarse y no caer una gota de agua se entera que no hay agua».
Por su parte doña Verónica Isolina López, residente en Villa Flor Sur, cuando nos vio frente a la puerta de su casa de habitación se mostró muy molesta, pensó que éramos de ENACAL y que le llevábamos su recibo de agua, pero al identificarnos que éramos de END dijo: «Ahorita acabo de llamar a mi hermano para que me traiga un barril de agua porque no tengo». Pero eso sí, aunque el servicio sea discontinuado, ENACAL me manda puntual los recibos y de remate alterados», manifestó.
Los pobladores de la Colonia Primero de Mayo deambulaban ayer con carretones y carretillas en busca del preciado líquido, pero sus esfuerzos en la mayoría de los casos resultaron vanos.
EL SACRIFICIO PARA CALMAR LA SED
A Elena Montiel la encontramos en la calle principal de la Colonia Primero de Mayo halando una carretilla sobre la cual llevaba un barril de doce latas. Consultamos a la jovencita sobre el particular y dijo: «Lo acabo de comprar para tener en qué recoger un poco de agua, ya que todos los días se va de forma religiosa. Ahora no tuve tiempo ni siguiera para llenar una tina para lavar los traste y cocinar», indicó.
«No entiendo cuál es el papel de INAA, esa es una institución que como ente regulador ha demostrado ser súper ineficiente ya que nunca ha mostrado el más mínimo interés de preocupación por nosotros los usuarios», expresó Elena.
Quien también dijo: «No entiendo el porqué la falta de agua, creo que los funcionarios de ENACAL han venido actuando de forma irresponsable ante la población porque en mi caso, como el de toda la población, fíjese, yo prefiero dejar de comer por pagar mi recibo de agua ha tiempo».
En el barrio Milagro de Dios la grita de sus habitantes es generalizada. En nuestro recorrido por ese populoso barrio encontramos a niños y jóvenes halando carretones en donde llevaban varios baldes plásticos; ellos caminaron varios kilómetros en busca de agua para los quehaceres de la casa hasta que llegaron a parar donde la señora María Luisa Tórrez, quien amablemente les regaló lo que tanto querían.
