Desde Moncloa descartan modificaciones en el Gobierno tras las críticas realizadas por Yolanda Díaz, calificando sus declaraciones durante la crisis como un error.
Pedro Sánchez no tiene prevista su comparecencia ante el Congreso ni planea llevar a cabo una remodelación del gabinete, a pesar de la presión que generan los escándalos de corrupción y acoso sexual.
En el Ejecutivo consideran que hacer cambios equivaldría a admitir una situación excepcional que niegan, aunque se anticipa la sustitución de Pilar Alegría debido a su candidatura en Aragón.
Yolanda Díaz busca distanciarse del PSOE en los temas más conflictivos, incrementando la presión sobre Sánchez en medio de la campaña electoral en Extremadura.
Los socialistas del Ejecutivo ven como un error las declaraciones de Yolanda Díaz, vicepresidenta segunda, que solicitó cambiar «el Gobierno de arriba a abajo».
Opinan que la líder de Sumar falló al enfocar sus críticas en el Gobierno justo cuando se esfuerzan por dirigirlo hacia el partido.
Fuentes oficiales de Moncloa aseguran que no habrá ninguna remodelación y se muestran «muy tranquilos».
Su postura se basa en que lo más urgente ahora es mantener la calma. «En el centro del huracán no hay huracán. No existe un país con un clima irrespirable y eso es más un deseo de la derecha que una realidad», explican dichas fuentes.
Por ello consideran que la vicepresidenta segunda ha contribuido a generar una percepción falsa de crisis. «No caeremos en la trampa de la derecha que busca validar una catarsis inexistente», enfatizan.
Es decir, el resto del Gobierno y el PSOE muestran más alarma y nervios que el mismo líder socialista. En particular, hay pánico entre cargos medios de comunidades autónomas.
Pedro Sánchez mantiene la intención de continuar dos años más y, según fuentes, ya dio explicaciones previas al verano; por eso, el presidente no planea comparecer en el Congreso, menos aún la próxima semana, en plena campaña electoral extremeña, como solicitó Alberto Núñez Feijóo.
Dado que la campaña de las elecciones en Extremadura está en curso, los grupos no pueden forzar un Pleno y tampoco tendrán esa posibilidad hasta febrero, ya que no hay periodo de sesiones vigente.
El presidente aspira a finalizar en agosto de 2026 el proceso de solicitud definitiva de los fondos europeos y a su recepción durante el otoño.
«El tiempo aclarará los hechos», sostienen respecto a los casos de corrupción. Y añaden que Sánchez no abandonará su puesto por la corrupción.
Miembros del Gobierno opinan que Yolanda Díaz intenta distanciarse del PSOE justo en los temas más difíciles. Primero en vivienda y ahora en corrupción, buscando evitar desgaste y salir indemne del Ejecutivo.
Según explican, logra aumentar la presión sobre Pedro Sánchez justo cuando está más acosado por escándalos de corrupción y denuncias de acoso sexual.
La versión oficial desde Moncloa indica que el presidente no tiene previsto cambios en el Ejecutivo ahora, porque los consideran inoportunos y una admisión de culpa.
Sería además incoherente con sus actuaciones anteriores, dado que aunque se esperaba una renovación en septiembre para afrontar el curso con nuevo impulso político, Sánchez la descartó por cuestiones de oportunidad.
La razón es que el cambio de ministros no resolvería los evidentes errores en la gestión del caso Salazar ni la falta de control en las actividades de los secretarios de Organización del PSOE, José Luis Ábalos y Santos Cerdán.
Ausencia de margen de maniobra
Esto sugeriría una anormalidad que Sánchez no reconoce, pese a los hechos diarios.
Dentro del Gobierno coinciden en que el líder socialista debe realizar gestos políticos para salir de su inmovilismo, como hizo en verano para superar el impacto del encarcelamiento de Santos Cerdán.
El inconveniente, reconocen, es que Sánchez ha perdido márgenes de maniobra. Por ejemplo, ya no puede recurrir al anuncio habitual de medidas anticorrupción, como hizo en el Congreso en julio. Esa carta ya fue jugada.
Tampoco puede innovar en la agenda política con temas distractores, como ha hecho anteriormente, aunque existan voces como la de Gabriel Rufián (ERC) que en el pleno del Congreso del miércoles alertaron sobre dificultades en la microeconomía.
Fuentes de Moncloa aseguran que Sánchez «presentará el lunes un balance que justifique la continuidad del Gobierno de coalición». Es decir, repasará los avances sociales alcanzados.
Le resulta complejo volver a la narrativa de injusticia y persecución judicial, frente a la evidencia de indicios en las tramas vinculadas a Ábalos y Cerdán. Aunque en el Gobierno persiste la percepción de persecución judicial en casos como el de Álvaro García, fiscal general, y sus familiares.
No son tiempos favorables para hablar de lawfare y se complica insistir en la asunción de responsabilidades y las disculpas públicas.
El relevo de Pilar Alegría
En los argumentarios internos sí mantienen la postura de actuar con «contundencia» ante casos de corrupción o acoso sexual.
Sánchez deberá modificar el Gobierno en los próximos días para sustituir a Pilar Alegría, quien será candidata en las elecciones de Aragón del 8 de febrero. El cambio deberá realizarse antes de presentar las listas, pero será el único.
Los ministros barajan nombres para la Portavocía, entre ellos Félix Bolaños, que sería la opción más conservadora gracias a su eficacia asegurada, aunque supone un inconveniente porque Sánchez siempre ha preferido mujeres para el cargo, aún más ahora.
También se habla de recuperar a Isabel Rodríguez para esa función o a quien ocupe el lugar de Alegría en el Ministerio. Sin embargo, son solo conjeturas: la decisión final está en la cabeza de Sánchez.
Después el presidente tendrá que reemplazar a María Jesús Montero en Andalucía, lo cual será más complicado, pues afecta a la estructura del Gobierno.
En el Gobierno y el PSOE crece la crítica diaria hacia la decisión de Sánchez de mantener ministros candidatos, ya que Alegría y Montero arrastran desventajas en Aragón y Andalucía, respectivamente, por su presencia en el Ejecutivo.
Respecto al acoso sexual, existe malestar en sectores del PSOE y el Gobierno por las explicaciones de Rebeca Torró sobre el caso Salazar, calificadas de poco contundentes, por no aclarar el retraso en actuar y, sobre todo, por negar el encuentro con el asesor de Sánchez, pese a su reunión con Pilar Alegría.

