La autora gallega indaga en ‘La edad infinita’ el proceso transformador que conlleva la migración mediante la historia de una niña que se muda de Galicia a Venezuela
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La escritora gallega Miriam Reyes, recientemente galardonada con el Premio Nacional de Poesía 2025, ha dado el salto a la narrativa con su primera novela, La edad infinita. La obra aborda la migración y el desarraigo a partir de la historia de una niña de ocho años que se traslada desde Galicia a Venezuela en 1983.
Reyes, nacida en Ourense (1974), ha desarrollado hasta ahora su carrera literaria principalmente en la poesía. Con obras como Espejo Negro (2001) y Con (2025), ha construido una trayectoria poética sólida, motivo por el cual muchos vinculan su escritura al verso. No obstante, en La edad infinita, la autora se aleja del terreno poético y presenta una obra híbrida que combina narrativa, diario, crónica histórica y relato.
Durante la presentación de su novela, celebrada este jueves en la librería Numax de Santiago, Reyes explicó que el título alude a la “edad del gran quiebre”, un periodo decisivo en la vida, aquel en el que “uno se queda para siempre”. En su caso, esa edad fue la infancia, con ocho años, cuando emigró con su familia desde Galicia a Venezuela. La autora destacó que este “gran quiebre” puede tener múltiples motivos, aunque para ella está vinculado a la experiencia migratoria que marcó su niñez.
Una reflexión colectiva acerca de la migración
Aunque varios han catalogado la novela como autoficción o novela de aprendizaje, Reyes ha preferido eludir las etiquetas. “No le he dado demasiadas vueltas. Mi mente no opera de esa manera ni en la literatura ni en la vida”, afirmó. Para ella, La edad infinita no encaja en ninguna de esas categorías, y su enfoque es más amplio. “No es prosa poética”, precisó.

La historia gira en torno a una niña que, al igual que la autora, emigró de pequeña a Venezuela. Mediante la mirada de la protagonista, el relato explora el proceso de adaptación a un país nuevo, el choque cultural, el duelo por la tierra natal y la compleja relación con el entorno receptor.
Reyes señaló que la novela no pretende ser una reflexión sobre su vivencia personal, sino sobre el “proceso transformador” que implica la migración. En este sentido, La edad infinita no se limita a un relato individual sino que aspira a trascender esa experiencia personal para ofrecer una reflexión colectiva sobre lo que implica ser migrante y cómo se construye la identidad en un contexto de desarraigo.
En relación con las diferencias generacionales, Reyes destaca la distancia entre la experiencia de los padres migrantes, que arribaban con la meta de ganar dinero y regresar a su país, y la de la niña protagonista, cuyo propósito era adaptarse a un nuevo lugar. La autora reconoce que, en su propia experiencia, comprendió que la migración conlleva una constante negociación entre el anhelo de pertenencia y la aceptación del desarraigo.
Reyes también aludió a la situación venezolana, que en los años 80 constituía un país de acogida para migrantes, pero que con el tiempo se sumergió en una profunda crisis económica y social. La edad infinita refleja esta transformación, mostrando cómo el proceso de integración de la niña coincide con el declive de un país que, en su momento, fue símbolo de prosperidad.
La escritora recordó que la novela comenzó a gestarse hace años, partiendo de unos textos que escribió en su infancia. En este sentido, subrayó que La edad infinita mantiene una conexión con su poemario anterior Sardiña (2018), en el que también exploró la experiencia migratoria desde un enfoque familiar. “Con Sardiña regresé a mi lengua, volví a estar con mi abuelo”, explicó Reyes, quien agregó que la literatura ha sido su único vehículo para retornar a su Galicia natal.
