En el PSOE consideran que se acerca un «fin de ciclo» y anticipan un periodo complicado y prolongado, mientras Sánchez mantiene una apariencia de normalidad en Moncloa

Sánchez, el miércoles, antes de recibir al presidente de Palestina, Abbas, en el Palacio de la Moncloa.

En el PSOE aumenta la preocupación por un posible «fin de ciclo» con la previsión de un periodo extenso y complicado, marcado por escándalos y la pérdida de respaldo interno.

Pedro Sánchez intenta proyectar una imagen de normalidad y sostiene que la legislatura continuará hasta 2027, a pesar de los constantes obstáculos y las tensiones con sus aliados.

Las recientes detenciones de figuras clave como Ábalos, Koldo García, Leire Díez y Vicente Fernández profundizan la crisis y refuerzan la percepción de una corrupción estructural.

El Ejecutivo enfrenta serias dificultades para aprobar iniciativas y controlar la agenda política, mientras surgen nuevas denuncias y renuncias vinculadas a escándalos de acoso sexual y corrupción.

«Será una muerte a pellizcos». Así describe de manera gráfica un diputado veterano del PSOE el escenario que se avecina para el partido y el Gobierno, junto con el estado de ánimo con que lo enfrentan.

Se preparan para un proceso largo porque el mensaje que desde Moncloa se transmite sigue siendo que Pedro Sánchez está decidido a continuar hasta 2027, como si nada ocurriera.

El presidente, según fuentes internas, considera que no hay razones para adelantar el fin de la legislatura y señala que todos los escándalos están vinculados principalmente al trío formado por José Luis Ábalos, Santos Cerdán y Koldo García.

Intentan, con gran esfuerzo, distanciarse de Leire Díez y Vicente Fernández, aunque esta tarea se vuelve cada vez más complicada.

«No he mantenido ningún contacto con esta persona desde que dejó la SEPI», declaró María Jesús Montero el jueves, refiriéndose a quien fue su colaborador cercano en la presidencia de ese organismo.

Sánchez sigue convencido, añaden, de que los socios parlamentarios no se rebelarán contra él, ya que ninguno desea ser responsable de que el PP y Vox lleguen al poder.

Así, la legislatura continúa acumulando golpes que debilitan al Gobierno, generan malestar entre los aliados, saturan la agenda política e impiden la aprobación de iniciativas que justifiquen mantener la coalición.

Las crónicas están saturadas de expresiones como «Sánchez, cercado», «el PSOE en estado de shock» o «el Gobierno paralizado» por la resistencia de Sánchez, pero poco a poco va creciendo el pesimismo y aumentando el desgaste.

En este momento ya se habla abiertamente de «fin de ciclo«, aunque ese cierre no sea inminente, sino que habrá que atravesar un difícil camino primero, sin control sobre lo que sucede. Se vive al día, expectantes ante la posible explosión de nuevas crisis.

Dentro del Gobierno y el PSOE crecen los pesimistas que observan con recelo las intenciones de Sánchez.

En apenas unos días Ábalos y Koldo García han sido presos y procesados; el fiscal general del Estado ha recibido una condena; se ha confirmado el encubrimiento durante meses del asesor de Sánchez, Paco Salazar, acusado de abusos sexuales; y han sido detenidos la llamada fontanera del PSOE, Leire Díez, junto con Vicente Fernández, ex presidente de la empresa matriz de todas las sociedades participadas por el Estado.

Ni un respiro

Al cierre del jueves se difundió un informe de la UCO sobre una trama relacionada con hidrocarburos, que está bajo investigación en otro proceso judicial, con presuntos sobornos.

Se afirma que existen «bastantes» indicios acerca de su posible infiltración en “niveles directivos” de tres ministerios distintos: el de Transportes, Movilidad y Agenda Urbana, el de Industria, Comercio y Turismo, y el de Transición Ecológica y Reto Demográfico.

El día concluyó con la renuncia del secretario de Estudios y programas de la Ejecutiva del PSOE y senador, Javier Izquierdo, presumiblemente vinculada a una nueva acusación por acoso sexual.

Así transcurre una jornada en la vida del Gobierno y del PSOE de Pedro Sánchez: sin un respiro.

Todo esto ha ocurrido mientras el presidente de Gobierno muestra una extrema fragilidad política al realizar un acto de contrición ante Carles Puigdemont para conseguir nuevamente su apoyo y pierde votaciones sobre la senda de déficit, lo que anticipa la ausencia de Presupuestos Generales del Estado durante toda la legislatura.

Los líderes y cuadros intermedios del partido en las comunidades temen el impacto que pueden generar las dificultades que quiere atravesar Sánchez y comprueban que lo peor llega justo cuando se evidencia la inacción en la dirección del partido y el vacío en la sede central del PSOE.

La prueba, explican, está en la campaña para las elecciones en Extremadura, donde el PSOE, es decir, Sánchez, no consigue posicionar ni un solo mensaje.

Más detenciones

Las dos últimas detenciones han generado desaliento entre los socialistas. Primero, porque impactan en un motor clave del Estado, la SEPI, matriz de todas las empresas públicas que gestionan miles de contratos y adjudicaciones anuales.

Segundo, porque afectan a la número dos del Gobierno y del partido, quien será candidata en un territorio tan complejo y decisivo como Andalucía. Montero, además, ya está siendo cuestionada internamente por su manejo de las denuncias contra Salazar.

Y tercero, porque conectan distintas tramas superpuestas que delinean un panorama de corrupción estructural. Aparece un esquema en el que encajan las piezas de Ábalos, Koldo, Cerdán, Leire Díez, Vicente Fernández y Antxon, sin que por ahora se vislumbre el cierre del caso.

Para Sánchez es cada vez más difícil cambiar la dinámica mediante giros políticos como la memoria democrática, el cambio horario o las medidas sociales.

Su estrategia actual es bajar el perfil y aguardar a que se reabra el Congreso en febrero.

Aseguran que mantienen el calendario previsto, que contempla presentar los Presupuestos en el Congreso en febrero. De momento, el lunes el presidente ofrecerá una rueda de prensa para hacer balance del semestre, aunque no controla lo que está ocurriendo.

Sigue apostando por criticar al PP por la gestión de los servicios públicos en las comunidades y por los buenos indicadores macroeconómicos.

Pero incluso en ese ámbito enfrenta obstáculos, ya que su socio parlamentario Gabriel Rufián (ERC) ha comenzado a cuestionarlo desde el ángulo de la microeconomía y las dificultades que sufren las clases bajas para llenar la despensa y llegar a fin de mes.

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