Mujer de 61 años recibirá pensión de por vida de 1.400 euros tras 24 años dedicada al hogar sin empleo

La Audiencia Provincial resaltó el desequilibrio originado por la distribución de roles en el matrimonio y la dificultad real de que la exesposa accediera actualmente a un empleo

Varias personas descansan en un

Durante veinticuatro años, doña Candela dedicó su vida al cuidado familiar. A los 61 años, su experiencia laboral reflejaba un prolongado periodo sin oportunidades: su mundo se limitaba al hogar, y su salario era la calma para los suyos. Ahora, una sentencia reconoce el coste real de ese sacrificio y recibirá una pensión vitalicia de 1.400 euros mensuales financiada por su exmarido. Esta resolución surge tras un proceso de divorcio en el que confrontaron dos perspectivas sobre el valor del trabajo invisible y las consecuencias del tiempo desaprovechado.

Quien fuera esposo por más de treinta años, don Rafael, prosiguió con su carrera profesional mientras, en el ámbito doméstico, la esposa renunciaba a su desarrollo profesional para ocuparse de la casa y de su único hijo, nacido en 1993. La separación, ocurrida cuando doña Candela ya superaba los sesenta años, la dejó sin ingresos, sin derecho a una jubilación propia y sin recursos reales para construir su independencia económica. La Audiencia Provincial determinó que existía un claro desequilibrio entre las partes y que la demandante debía recibir una suma que le asegurara, de forma permanente, una vida digna frente al esfuerzo efectuado.

Según los términos establecidos por la Audiencia Provincial, la pensión compensatoria reconocida refleja la repercusión irreversible que tuvo abandonar el empleo en 1996. Los informes del caso destacan que doña Candela carece de formación especializada o experiencia laboral reciente que le permita reincorporarse al mercado a su edad. Desde entonces, su actividad se limitó a las tareas domésticas y al cuidado de su hijo, que en aquel momento tenía tres años. El tiempo pasó y, mientras el esposo mantenía y aumentaba sus ingresos mediante la pensión pública y rentas complementarias, ella veía cómo sus oportunidades de cotización se esfumaban.

El divorcio tardó casi cuarenta años en concretarse. El matrimonio entre doña Candela y don Rafael comenzó en 1984 y, tras la separación, sus condiciones económicas quedaron completamente dispares. La sentencia detalla cómo, frente a la estabilidad financiera del exmarido, la demandante quedó sin patrimonio, sin ingresos regulares y habiendo canalizado todo su potencial laboral en una labor no remunerada. La solicitud de la pensión no constituyó solo un acto de justicia material sino un intento por restaurar el equilibrio perdido tras veinticuatro años de dedicación exclusiva.

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La primera sentencia le asignaba una pensión menor

La resolución judicial no fue inmediata. El Juzgado de Primera Instancia aceptó parte de los reclamos de doña Candela, pero determinó una cuantía inferior y por un periodo limitado. Insatisfecha, la demandante apeló ante la Audiencia Provincial, argumentando su edad, la real imposibilidad de conseguir empleo y la notable diferencia en los recursos económicos disponibles de ambos.

La Audiencia Provincial, tras evaluar los antecedentes y analizar los informes médicos y económicos, incrementó la pensión a 1.400 euros mensuales y la hizo de carácter vitalicio. Además, el fallo establece que la obligación de pago continuará mientras la beneficiaria permanezca viva y no contraiga una nueva unión de pareja.

Esta decisión no solo corrige la desigualdad causada por la dedicación al hogar, sino que también establece un precedente para los casos en que la ruptura matrimonial cuestiona el valor económico del trabajo invisible. Ambas partes mantienen la opción de recurrir al Tribunal Supremo, aunque la sentencia de la Audiencia Provincial ya sentó un criterio sobre la obligación de compensar el trabajo no remunerado dentro del matrimonio.

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