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- Autor, Natasha Turney
- Título del autor, BBC News
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Solitaria y aislada, Sara relata que se sintió vulnerable cuando el hombre con quien fue forzada a casarse en Pakistán comenzó a ser abusivo. Tenía 21 años en ese momento.
"Encendía un mechero frente a mi rostro para intimidarme y me decía: ‘Te voy a quemar’", relata.
Afirma que su conducta controladora se intensificó al ser trasladada a Reino Unido, donde en 2022 se mudó con los padres de él.
Contrario a la vida matrimonial feliz que la familia le había prometido, su esposo la atacaba y sus suegros la forzaron a trabajar en condiciones de esclavitud.
Se denomina matrimonio forzado aquel en el que una o ambas personas no otorgan su consentimiento y se utilizan coacción o abusos para obligarlas a casarse.
Un reporte de la Organización Internacional del Trabajo en 2021, último año con datos disponibles, reveló que alrededor de 22 millones de personas en todo el mundo estaban involucradas en matrimonios forzados.
En América Latina y el Caribe, según cifras de 2023 de Unicef, una de cada cinco mujeres contrae matrimonio o unión antes de cumplir 18 años, fenomeno más frecuente en relaciones informales sin registro legal que en matrimonios formalizados.
No obstante, las organizaciones señalan que la incidencia real del matrimonio forzado probablemente supera ampliamente las cifras oficiales.
En Reino Unido, esta práctica fue criminalizada en 2014 bajo la Ley de Conducta Antisocial, Delincuencia y Vigilancia Policial, contemplando penas de prisión de hasta siete años.
El año anterior, según datos de la Fiscalía de Inglaterra y Gales, se iniciaron 30 procesos judiciales por este delito, derivando en 16 condenas.
Sin embargo, organizaciones como Karma Nirvana, que brinda apoyo a mujeres afectadas por matrimonios forzados en el país, destacan que la cantidad de casos procesados no refleja la magnitud real del problema ni la cifra verdadera de víctimas.
Esta organización sin fines de lucro, fundada en Derby, Inglaterra, indicó haber recibido 624 llamadas a su línea de ayuda durante el año pasado, casi tres veces más que las 229 reportadas por la Unidad de Matrimonios Forzados del Ministerio del Interior británico.
"Te van a violar"
Para proteger su anonimato, el nombre de Sara fue cambiado y no se revela la ubicación exacta en Reino Unido donde fue trasladada.
Era su primera estancia en el país, del cual conocía poco y cuyo idioma desconocía.
Recuerda que familiares y amigos le aseguraban que viviría una "vida mejor", y por algunas semanas, su matrimonio pareció estable.
"Después, lentamente, comenzaron las prohibiciones: ‘No salgas, no hagas esto, no hagas aquello, no trabajes, quédate en casa’", relata Sara.
Añade que le advirtieron que si intentaba salir de la casa conyugal, sería violada o asesinada por los británicos.
"Me decían que en Reino Unido no podía salir, y que si lo hacía sola me violarían. ‘No salgas sola, ni de día ni de noche’, me repetían", comenta.

Sin remedio, Sara se vio obligada a vivir una existencia marcada por la servidumbre, a pesar de oponerse a ello.
Relata que su suegra la forzaba a ocuparse de las tareas del hogar y le impedía salir. La calificaba como "criada" y "sirvienta", añade.
Su situación se agravó cuando su esposo empezó a ejercer violencia física contra ella.
"A veces me arrojaba objetos, me empujaba y en ocasiones me pateaba", describe.
"Me sujetó del cuello"
La situación empeoró aún más cuando se percató de que su esposo y su familia habían desconectado el wifi de su teléfono móvil.
Sin acceso a comunicarse con sus amigos y familiares en su país natal, temerosa y sola, reunió fuerzas para cuestionar a su marido sobre la falta de conexión a internet.
Las repercusiones fueron graves.
Ella afirma que él, enojado, le lanzó el mando del televisor y las llaves, golpeándola en el rostro.
"Me agarró del cuello, me empujó contra la pared y me dio entre tres y cuatro golpes en la cabeza", relata.
Sintió una fuerte sensación de asfixia y creyó que iba a morir.
También recuerda que su suegra, testigo de la agresión, le insistía en que debía guardar silencio.
"Esa noche, mi esposo durmió cerca de la puerta para impedir que me fuera", rememora.

Sara recuerda el temor que sufrió tras el ataque, el cual, según relata, la dejó con el rostro inflamado.
"No sé cómo lo logré, pero a las seis de la mañana, luego de llorar toda la noche y darle vueltas a lo ocurrido, llamé a la policía", explica.
Cinco minutos después, escuchó a los oficiales llamar a la puerta.
Recuerda que uno de ellos subió las escaleras y entró en su habitación, donde la encontró acurrucada en un rincón.
"Al verla, yo temblaba mucho, tenía frío, el corazón me latía aceleradamente y la presión sanguínea me bajó", rememora.
La policía la trasladó fuera de la vivienda y la llevó a un refugio en Leeds, una ciudad del norte de Inglaterra, en diciembre de 2022.
El esposo de Sara fue detenido, pero ella declara que no quiso tomar acciones legales por temor a poner en riesgo a su familia en Pakistán. Él no fue imputado por ningún delito.

Finalmente, en julio del año pasado, Sara logró divorciarse de su marido abusivo.
Explica que no deseaba regresar a Pakistán porque, según afirma, las mujeres divorciadas enfrentan estigma y teme ser presionada a contraer un nuevo matrimonio.
"Lo que pasa con los familiares es que, de alguna manera, te vuelven a casar", explica.
Actualmente posee residencia permanente en Reino Unido, está aprendiendo inglés y reconstruyendo su vida en Derbyshire, en el centro de Inglaterra.
Sara hace un llamado a quienes participan en matrimonios forzados para detener esta práctica.
"Al imponer un matrimonio forzado, están arruinando la vida de otra persona", sostiene.
"No solo se destruye la vida de una mujer, también la de los hombres. Primero habría que reflexionar sobre esto, observarlo y entenderlo".

Sara representa a una de las muchas víctimas de matrimonios forzados en Reino Unido. Actualmente no existen datos confiables sobre el número exacto de afectados.
Para mejorar esta situación, el Ministerio del Interior anunció que implementará un estudio de prevalencia destinado a evaluar la extensión del matrimonio forzado, dentro de un conjunto de medidas para enfrentar los abusos por motivos de honor.
El ministerio ha colaborado con profesores de la Universidad de Nottingham y la Universidad de Birmingham para desarrollar una herramienta de análisis de datos que facilite este estudio.
"Recomendamos al gobierno la necesidad de tener datos actualizados", afirma la profesora Helen McCabe, especializada en teoría política en la Universidad de Nottingham.
McCabe señala que este será el primer estudio de prevalencia de este tipo en Inglaterra y Gales, y podrá aportar información sobre el número de personas afectadas, si el matrimonio forzado está aumentando y cómo adaptar las políticas para disminuirlo.
"Sin conocer cuántas personas están involucradas o no contar con datos de referencia, no es posible determinar si las fuerzas policiales, la Fiscalía o cualquier otra entidad deben modificar sus prácticas", concluye la profesora McCabe.
El Ministerio del Interior planea ampliar el estudio piloto realizado por las universidades para probar y perfeccionar la herramienta que mide el matrimonio forzado y la mutilación genital femenina.
Está previsto que el estudio finalice en marzo, con el objetivo de ayudar al gobierno a comprender la dimensión del problema e identificar los recursos necesarios.
En un comunicado, Jess Phillips, ministra de Protección y Violencia contra las Mujeres y las Niñas, expresó: "Este gobierno está implementando cambios legales y otras medidas para enfrentar esta forma dañina de abuso y para establecer una directriz clara para quienes trabajan en primera línea: deben tratar estos delitos con la seriedad que merecen".
"Mi mensaje a quienes cometen estos delitos es directo: los llevaremos ante la justicia".

