Bruno Caloone optó por destinar su premio a iniciativas solidarias y compartirlo con numerosos proyectos destacados por su generosidad

En 1995, Bruno Caloone, residente de la comuna de Hazebrouck, en el norte de Francia, alcanzó notoriedad al convertirse en el mayor ganador de la lotería Loto de Francia, la principal del país. Los medios pronto lo apodaron “el hombre con más suerte del país”. A día de hoy, casi treinta años después de aquel sorteo histórico, sigue viviendo en su ciudad natal, habitando una vivienda social tras haber perdido casi toda su fortuna, tal como reveló el medio local La Voix du Nord. Sin embargo, él desmiente los rumores que apuntan a una ruina total y mantiene la serenidad: “Estoy cómodo donde estoy, vivir en una vivienda social no es un estigma”, ha asegurado.
El 3 de diciembre de 1995, Caloone fue protagonista en la televisión nacional al ganar 70 millones de francos (equivalente hoy a 16 millones de euros). Ese mismo día, este empleado bancario, casado y con dos hijos, se convirtió rápidamente en una figura conocida de la fortuna, llegando incluso a ser entrevistado en el noticiero principal de TF1 (concebido como el equivalente francés a TVE). La situación del país era tensa: mientras Francia vivía intensas huelgas contra el plan de ajuste del Gobierno de Alain Juppé, la noticia sobre el premio millonario generó un gran impacto en la opinión pública. La cantidad, que equivalía a “14.000 veces el salario mínimo”, atrajo a numerosos curiosos al bar Le Narval, donde se validó el billete ganador, consolidando a Caloone como una figura popular en la localidad.
A diferencia de otros millonarios inesperados, él decidió destinar su premio a causas solidarias y distribuir el dinero de manera generosa. Realizó diversas donaciones a organizaciones, repartió fondos entre conocidos y puso en marcha proyectos impulsados por la generosidad y el deseo de crear. Motivado por su afición a las carreras de caballos, llegó a mantener una cuadra con 14 ejemplares; organizaba viajes en autobús a los hipódromos para quienes deseaban conocer ese entorno y, durante esos trayectos, se realizaban rifas con televisores como premios. En apenas un año, logró movilizar a 400 personas desde Flandes hasta Chantilly para vivir esta experiencia.
Este es el dinero que se queda Hacienda de los décimos de la Lotería del Niño.
Sus proyectos empresariales
Su faceta empresarial se fortaleció en 1997 cuando asumió la dirección de Labis, una empresa mayorista de carne porcina que atravesaba una crisis, asegurando en ese momento los puestos de trabajo de 49 empleados. A pesar de invertir varios millones de francos para mantener la actividad, las condiciones del mercado y la retirada del respaldo bancario causaron la liquidación de Labis en 2004. La pérdida final ascendió a 30 millones de francos (5 millones de euros) en términos personales. Sobre este episodio, Caloone expresó en La Voix du Nord: “No fue resultado de una mala gestión… El equipo me valoraba mucho, aún hay extrabajadores que me saludan con un ‘hola, jefe’, y eso me satisface”.
Su espíritu emprendedor lo llevó también a intentar proyectos en el extranjero: tras la guerra en Bosnia, financió una panadería francesa en Sarajevo y promovió viajes a Croacia en avión. Aunque estas iniciativas no prosperaron, las considera fuentes de orgullo.
Durante ese periodo, Bruno Caloone atravesó distintas etapas personales y profesionales: tras el cierre de Labis, dirigió un estanco, enfrentó un divorcio, vendió su propiedad y colaboró con una asociación de reinserción social antes de retirarse. La mayoría de su patrimonio desapareció, pero él no lo considera un fracaso: “Para mí, esto no ha sido un fracaso”.

